¿Cuál tercera?

¿Cuál tercera?

Agosto 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Todavía se cree parroquialmente que Cali es la tercera ciudad de Colombia. Si es por su fundación, acertaron: de las ciudades colombianas actuales, es la tercera fundada, después de Santa Marta y Cartagena. Ahora, si es por los cinturones de miseria exhibidos por las más importantes ciudades colombianas, Cali en justicia, no merece ni de fundas ser considerada en el espantable primero, segundo ni tercer lugar. Su cantidad de habitantes es debida al albergue y trabajo que da como generosa nodriza a miles de colombianos sin exigirles su cédula de origen. Pero si son otros los motivos, vaya, vaya, ocupa el primer lugar en muchos órdenes de la vida nacional y si relatarlos quisiéramos, no habría papel suficiente para hacerlo. ¿Que es la Sucursal del Cielo? Eso está bien dicho. Hasta ahora nadie ha bajado de allá para negarlo.Desde su fundación hace 470 años, Cali se convirtió en la capital del Eje colonial conformado por Quito-Pasto-Popayán- Cali-Cartago y Santafé de Antioquia, poblaciones casi todas dependientes del río Cauca. Por su condición geoestratégica, tal fue su destino. Y ejerció esa natural y especial capitanía hasta ahora, convirtiendo a Guayaquil primero y después a Buenaventura en especiales bocatomas de entrada del flujo migratorio de España que debía padecer su obligada cuarentena de siglos, en este Eje colonial durante la Conquista y la Colonia.Y desde su fundación Cali comenzó la colonización de media Colombia. ¿Desde Cali? Sí, desde Cali. Aquí se inició la diáspora colonizadora del suroccidente colombiano y fue primera. No segunda ni tercera. El Eje colonial comenzó a funcionar de sur a norte y no al revés; se surtió durante 285 años, casi tres siglos, con apellidos y familias que entraban por Buenaventura y con las criollas que se multiplicaban en las rústicas poblaciones de las riberas del río Cauca. Su cauce fue la autopista de comunicación y a su amparo comenzó a expandirse el desmonte de las inmensas selvas húmedas y secas tropicales, desde San Juan de Pasto hasta Santafé de Antioquia. Medellín no soñaba con aparecer en pantalla; le faltaba siglo y medio para nacer.La razón para que la historia de estos tres primeros siglos no fuera bien conocida, estuvo dada porque la población del Nuevo Reino de Granada padecía de un síndrome mortal: el analfabetismo, estimado en el 90% al comienzo de la Independencia y no había quien la escribiera, menos aún si los poderes políticos de Bogotá, Popayán y Cartagena cuando llegaron a mayorcitas, no estaban interesados en hacerlo. Entonces el suroccidente colombiano entró en un limbo entre boscosos valles, cordilleras y montañas. Surge ahora la pregunta del millón: si no quedó registrada su historia ¿cómo se conoce ahora? Este aserto histórico del suroccidente del país está demostrado modernamente por la antropología, arqueología, ingeniería, agronomía y otras ciencias biológicas afines de la actualidad que operan como técnicas forenses inigualables de su verdadera historia.Como los lectores de esta columna no rebasan los cien años de edad, debemos admitir que en el lapso de sus vidas, se ha grabado bastante información de los dos últimos siglos, gracias al lápiz, la tinta, la imprenta, la energía eléctrica, el telégrafo, el teléfono, la radio, televisión, el celular y demás artilugios que los primeros ancestros no tuvieron disponibles. Con estos elementos a mano, algunos vivos los aprovecharon para opacar el protagonismo comarcano de los otros tres primeros siglos.Quedan importantes lagunas que las generaciones actuales y futuras han de develar. Deberán así aplicar inexorablemente el lema de que: “Cuando se conoce la verdad, se debe reescribir la historia”. Por esto mismo, como los poderes centrales seguramente no lo van hacer, ahí les va este aperitivo. Buen provecho.

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