Comenzar por el principio

Comenzar por el principio

Diciembre 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Muy buenas las intenciones del ‘Pacto Vallecaucano’ presentado en días pasados para reactivar los valores de la región con el propósito de exaltarlos. Al leer el decálogo de intenciones, resaltan tres sobre las demás: “Hablar respetuosamente y de manera constructiva de la región”, “Reconocer, valorar y hacer respetar que somos vallecaucanos” y “Respetar lo público como patrimonio de todos”. Muy fácil y barato sería cumplir esos tres mandamientos. Sin embargo es esencial conocer la región primero, en su historia patria, cultural, política, económica, gastronómica, antropológica y toda la gama de ella, cosa que estamos lejos de saber. Hagamos el siguiente ejercicio: preguntémosle a cualquiera, el área del Valle del Cauca y nos daremos cuenta del grado de incultura en que nos encontramos. Aquí es donde se complica todo por una razón: desde hace 38 años se le ha negado a la juventud el conocimiento del protagonismo de sus ancestros y las características geográficas y geológicas de la región, con la supresión de la cátedra de historia en las escuelas y colegios por el mismísimo Ministerio de Educación.¿Que podrán enseñar sobre historia los docentes nacidos en estas cuatro últimas décadas? Pues lo que buenamente logren captar en periódicos, televisión y radio. También lo que puedan bajar por internet donde encuentran información abundante del mundo entero, pero muy poco de lo propio. Cosa distinta ocurre en países desarrollados en que el conocimiento de su historia lo entregan a la juventud de manera enfática en las escuelas, hasta el punto de que sus videojuegos los manejan con temas de sus propias regiones.¿Cómo vamos a hablar respetuosamente de la región si es poco lo que sabemos de ella? Dice el sabio adagio que: “Lo que no se conoce, no existe”. Por eso mismo, ¿cómo vamos a reconocer y valorar algo que no conocemos? Es de imaginar que en el programa a desarrollar con el ‘Pacto Vallecaucano’, está considerada en primera instancia la manera como las Secretarías de Educación departamental y municipales, se acercarán a los docentes para que estos conozcan de primera mano todo lo correspondiente al Departamento y sus ciudades, para así verter luego sus conocimientos al estudiantado de manera clara y precisa.Como ejemplo de lo que podemos hacer para ponderar y valorar lo nuestro, va esta táctica utilizada por Israel, donde destacan la proeza de haber convertido en el desierto una parte de los 26 mil kilómetros cuadrados de su área, en los asombrosos cultivos con los que pregonan su tesón y su tecnología. Podríamos decir lo mismo del Valle del Cauca donde en el espacio de 426 mil hectáreas del área plana de sus 22 mil kilómetros cuadrados de superficie, convertimos la selva lacustre y las ciénagas en cultivos que son admiración de propios y extraños. Con una gran diferencia: allá lograron eso con dólares y aquí lo hicimos con pesos.Lo mismo ocurre con algunos otros aspectos de la vida de la comarca que no aprovechamos para su promoción. La red de autopistas que causan admiración debe ponderarse no sólo en el sentido estético sino también por el de la dinámica para levantar esas autopistas sobre lo que fueron pantanos y lagunas. Se le debe explicar a la juventud que para construir esas vías, se extrajeron en todo su trayecto dos metros de capa vegetal húmeda, se rellenó ese espacio con material de roca traído de la cordillera para imprimarlo y vaciar encima de él triturado y demás materiales de pavimento, para lograr alturas en algunos puntos hasta de 10 metros sobre el nivel de la planicie.

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