Cartago

Abril 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Ciudad emblemática del Valle del Cauca. Desde su fundación Cartago ha sido considerada ‘La Ciudad de los Confines’, por encontrarse al extremo norte de la planicie del Valle geográfico del río Cauca. Villa de muchos blasones: Casa de la Moneda de la corona española en la Conquista y la primera y más importante Feria Comercial Ganadera del país, entre otros, cuando llegaron de Cali las líneas del Ferrocarril del Pacífico y la carretera central en 1925, empresas de total aliento vallecaucano, que liberaron y proyectaron al Eje Cafetero hacia los mercados de ultramar. A Cartago, ciudad de frontera, le correspondió como Feria Comercial Ganadera, ser punto de llegada del ganado producido en el Valle con destino a alimentar la población del Eje Cafetero en pleno desarrollo y la de Antioquia. El Valle tenía un hato ganadero de más de un millón quinientas mil cabezas. En la medida que la agricultura extendió sus cultivos, la ganadería perdió preponderancia y el hato ganadero redujo su inventario. Es cuando empata la carretera de la Costa Atlántica con Medellín y este se convierte en la más importante Feria Comercial de Ganado del occidente colombiano, por la simple razón de que obligaron el trasporte de las reses costeñas con destino al Valle, desde Puerto Valdivia sobre el río Cauca, pasando por el Alto de Ventanas y Yarumal, soportando un infame viaje de dos días o más hasta Medellín. Allí una vez desembarcadas en los corrales de la feria, comenzaron el negocio del siglo: aplicarle al precio de los semovientes el correspondiente ‘valor agregado’ por parte de los comerciantes de la feria y una vez vueltos a embarcar, despacharlos rumbo al Eje Cafetero y al Valle del Cauca. Ese especial negocio lleva la bobada de 60 años y continuará otro tanto, si no se construyen los 125 km. de la Autopista Puerto Valdivia - Santa Fe de Antioquia, tramo que debieron construir hace sesenta años. Autopista casi plana que le habría evitado ese ‘valor agregado’ a los millones de reses con destino al suroccidente colombiano durante todo ese tiempo, precio con el cual se hubiera pagado de sobra la obra, que según argumentan los paisas de ahora, demanda túneles, puentes y viaductos costosísimos. ¡Por supuesto! No piensan así de los mismos elementos, esos sí costosísimos, cuando se habla de las proyectadas Autopistas de la Montaña en ciernes. Con cara gano yo, y con sello pierde usted.Al empatar la vía, entre Puerto Valdivia y Santa Fe de Antioquia por la vega del río Cauca, con La Pintada y Cartago, ocurriría un hecho este sí trascendental como es la integración del suroccidente colombiano con la costa caribe. O mejor dicho, Buenaventura con las ciudades de la Costa Atlántica. O mejor todavía: el Atlántico con el Pacífico. Una verdadera Autopista de la Prosperidad. ¿Y Medellín? Pues seguro hará honor como ciudad innovadora. Su gente aprenderá a utilizar la excelente vía que la conecta con Santa Fe de Antioquia, si buscan viajar a la Costa Atlántica, o ampliará la vía por Bolombolo para permitir tomar la Troncal de Occidente y transitar río arriba hasta 400 metros sobre el nivel del mar para acceder a la ciudad señera, Cartago, la Ciudad de los Confines, si quieren llegar al Valle del Cauca.La pregunta del millón: ¿aceptará el suroccidente colombiano, conformado por Manizales, Pereira, Armenia, - los primeros beneficiarios - y por supuesto el Valle del Cauca, Cauca y Nariño, otra vez la jáquima (200 km. por las Autopistas de la Montaña) que pretenden imponerle a la región en pleno siglo XXI, por caprichos netamente provincianos? Son 125 kilómetros planos los que faltan para cumplir el propósito soñado por el país.

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