Cartago

Cartago

Junio 26, 2017 - 11:40 p.m. Por: Alberto Silva


Cartago, llamada hace siglos la Ciudad de los confines, ha sido de gran trascendencia en la colonización del occidente colombiano y su gestión no es reconocida como se lo merece. Más bien es desdeñada con resentimiento por quienes ahora la usufructúan, debido al desconocimiento sobre sus realizaciones en favor del desarrollo del país durante los 477 años desde su fundación.

Fue fundada por Jorge Robledo cuatro años después de Cali en el sitio donde actualmente se encuentra Pereira. Allí desplegó su coloniaje por 150 años en que nacieron, vivieron y murieron cuatro generaciones de cartagüeños vallecaucanos, quienes descuajaron selvas, hicieron siembras, cultivos, ganadería y minería, actividades de todo pueblo en colonización, hasta cuando el acoso de los indios pijaos los obligó a trasladar su población al sitio que hoy ocupa a orillas del río La Vieja. No estuvieron de balde en ese siglo y medio, como lo han hecho creer sus insensatos malquerientes. Más bien fueron insignes creadores de progreso.

Una vez instalada la nueva Cartago, continuó con la colonización de los territorios que hoy conocemos como Caldas, Quindío y Risaralda regiones integrantes del Eje colonial del río Cauca. Lo hizo en los siguientes 298 años (tres siglos) al unísono con pobladores de Anserma, Marmato, La Vega de Supía, Toro y Roldanillo, fundadas todas en el siglo XVI, practicantes del mismo ejercicio colonizador. Pereira esperó siglo y medio más para ser fundada por los nuevos cartagüeños en el mismo sitio que habían abandonado los de Cartago la antigua. Igual tiempo de espera tuvo Manizales para ser fundada por los antioqueños.

El mejor acto probatorio del diligente trabajo con que los cartagüeños y poblaciones hermanas acometieron la colonización de este gran sector del Eje colonial del río Cauca, fue la traída del café al sitio que después se dio por llamar modernamente: Eje cafetero. A la llegada de las primeras semillas de café le inventaron el cuento de que habían sido traídas desde los santanderes, versión rebatida con la verdad: las semillas ya estaban en Cartago desde 1736, cien años antes de la fundación de Manizales. Habían sido enviadas a Popayán por el padre jesuita Joseph Gumilla desde la Misión doctrinera de Santa Teresa de Tabaje que tenía la Compañía de Jesús en la desembocadura del río Meta al Orinoco. Desde Popayán las enviaron al convento porcelano-alfarero que poseía esa congregación en Llanogrande (Palmira), donde comenzó a sembrarse por el piedemonte cordillerano hasta Cartago. Allí esperaron a los manizaleños.

El palmarés de Cartago es abundante. Por su posición geoestratégica, fue casa de fundición de oro de la Corona, lugar donde llegaba el oro del Chocó, de Marmato y de La Vega de Supía que luego iba a parar a España por el camino del Quindío o de Salento, abierto y trabajado por los cartagüeños.

Cuando los antioqueños fundan a Manizales en 1849, ya la ganadería del norte del valle geográfico del río Cauca con Cartago a la cabeza, llevaba 300 años de existencia bien sufridos y trabajados. Su hato ganadero formado con razas propias criollas, Hartón del Valle y Blanco Orejinegro, aportó por 100 años las reses para el Eje cafetero. Así, Cartago ejercía como la principal Feria Comercial Ganadera del país, galardón que ostentó hasta que siglos después con la llegada de las carreteras, los políticos antioqueños sin reatos de conciencia se opusieron al paso de la carretera que se construiría completamente plana por el cañón del río Cauca desde la Costa Atlántica, por Santafé de Antioquia hasta Cartago.

Volveremos atrás para acceder al segundo siglo del Eje colonial. Ahora con Buga al centro, Santafé de Antioquia al norte y Caloto al sur, todas de especial participación en la colonización del occidente colombiano.

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