Cabalgata

Enero 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Si bien la cabalgata caleña como la conocemos actualmente, comenzó hace 56 años con motivo de la iniciación de la Feria de Cali, la costumbre de montar caballos es innata en el vallecaucano desde hace más de cuatro siglos con la llegada de los conquistadores de a caballo por estas tierras antes de su arribo a Bogotá o a Antioquia. Aquí en el valle geográfico del río Cauca fue el lugar donde encontró la especie equina el sitio ideal para establecerse y reproducirse, por la razón de disponer del medio ambiente ideal y los mejores forrajes y pasturas.Debe recordarse que en este valle se formaron los más grandes yegüerizos que surtieron de caballos a los patriotas en la Independencia y en años posteriores proveyeron los muletos para las arrierías de tolimenses, antioqueños y por supuesto de los mismos vallecaucanos. Entonces en esto de caballos y de cabalgatas no somos noveles. Por el hecho de haberse modernizado el territorio vallecaucano y haber casi desaparecido las caballerías y la ganadería por la presión agrícola, no quiere decir que se nos haya acabado el fuero campero. Eso lo llevamos en nuestro paquete genético. Por eso molesta y se hace fastidioso, ver que se pretenda hacer del poncho y los zamarros, algo propio de otras regiones del país, cuando estas prendas fueron dibujadas por reconocidos pintores y grabadores antes de aparecer la máquina fotográfica. Precisamente ilustrando “La enlazada vallecaucana” aparece el maestro grabador Theóphile Hildebrand en 1850, lo mismo que el ilustrador y pintor francés Adolphe Neuville y muchos otros, quienes plasmaron en sus imágenes al hombre vallecaucano, vestido de poncho y zamarros doscientos años antes de que asomara el primer paisa por estos lares. Menos mal que este par de prendas están por desaparecer debido a lo estrambótico y difíciles para montar –anteriormente se usaban para protegerse del barro y de las sogas de enlazar en los rodeos y vaquerías - pero ahora en los últimos cincuenta años, las federaciones equinas los convirtieron en inoperantes envoltorios de cuero que no le permite a los jinetes apearse y caminar libremente. Cuando lo hacen, caminan como personas afectadas con orquitis (inflamación de los testículos). Potrosos, se dice en el argot equino. Imaginen por qué.Con la cabalgata caleña ha sucedido lo de la cacería del tigre, que una vez muerto el felino, los cazadores se asustaron con el cuero. Después de tanto batallar por montar un espectáculo digno de la ciudad, donde se ha avanzado mucho en su organización y donde todavía faltan por supuesto muchas cosas por corregir, ahora por la infortunada muerte de una dama al caerse de su cabalgadura, están forzando al señor alcalde para que tome la ligera determinación de acabar la cabalgata. Si así fuera, hace rato debían haberse clausurado casi todos los estadios de futbol del mundo, donde ocurren muertes violentas a propósito y sobre seguro.Cabalgatas existen en todas partes del mundo. Son bellas y organizadas, donde se rinde especial homenaje al caballo y se educa y culturiza al público. Convendría a los organizadores de la próxima cabalgata de Cali, enviarlos a Pasadena, California, para que allá reciban un curso acelerado de lo que es la organización del “Desfile de Las Rosas”, que se realiza los 1º de enero de cada año, también con accidentes, donde los caballos tienen especial protagonismo junto con otros espectáculos durante la cabalgata. El desfile en Pasadena es visto por más de un millón de asistentes quienes para no perderse el hermoso espectáculo, duermen en los parques y separadores de la autopista de más de cinco kilómetros para recibir el año nuevo con sus familias.

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