Buenaventura

Diciembre 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Cuentan que en la Junta Directiva de una institución caleña en la que se escogía el candidato a un empleo que requerían, se excluyó del abanico de candidatos a un morocho del Pacífico, porque según el parecer de algunos miembros de esa junta, los nativos del Litoral, así estuviesen capacitados, eran lerdos en el trabajo.Este es el triste corolario de las consejas levantadas en contra de la población del Pacífico durante toda su historia y que repetimos casi todos como bobos. Uno de los miembros de aquella junta, irritado con sus compañeros de reunión, preguntó si había alguno de ellos que fuera capaz de ir a trabajar con una carga alta de parásitos como ascaris en su tracto digestivo, junto con hematozoarios en su torrente sanguíneo, o tal vez parasitados con cisticercos en su cerebro. Nadie respondió. Sabían que así, muchos de ellos no tendrían fuerzas ni para arrastrar su propia sombra.Ahora que está en boga Buenaventura, entre los propósitos primarios para su desarrollo se encuentran necesariamente los de la salud, que incluye la nutrición y la educación de la población. Y dentro de esta última inculcar en los bonaverenses y demás gentes del Litoral su propia historia, de la que han sido protagonistas ellos en primera línea, no vaya a ser que ahora se la apropien otros que nada han tenido que ver con el asunto.Desde cuando Pascual de Andagoya fundó a Buenaventura el 14 de julio de 1540, se inició un proceso de conexión con el interior del país que ha sido todo un viacrucis. Primero siguiendo hacia arriba el camino por la vertiente del río Dagua hasta el sitio donde desemboca a él, el río Pepita. Por este último, también río arriba, hasta el filo de la cuchilla donde se encuentra la actual Iglesia colonial de El Salado, para luego salir a La Porquera -actual población de El Carmen- y luego alcanzar la cumbre de la cordillera y caer a Cali. Al terminar de leer estos dos últimos párrafos, usted amigo lector, gastó 30 segundos. Los viajeros de aquel tiempo gastaban 15 días en el recorrido.Todo el trayecto pasaba por breñas y grandes selvas todavía visibles. La malaria, los insectos y las víboras de la zona tropical: eran ‘ad libitum’. Aún así, por él pasaron los hombres quienes en cualquier sentido de un lado para otro desarrollaron el país. Antes de que se inaugurara el Ferrocarril del Pacífico, transitaron el camino grandes arrierías vallecaucanas con pesadísimas cargas, que para transportarlas habían de utilizar poleas diferenciales apoyadas en los árboles del camino para arrastrarlas sobre tendidos de rodillos hechos con esos mismos árboles. Con estos sistemas trajeron vapores desarmados para navegar el río Cauca, igualmente motores, calderas, ruedas hidráulicas e ingenios azucareros en gestas que solo podrían ser recreadas ahora por Steven Spielberg. Cuando se inaugura el ferrocarril en 1915 se pasa de 15 días a 6 horas el tiempo del recorrido entre el mar y la planicie vallecaucana.El plan de carreteras al puerto comenzó en 1926 en diferentes etapas y trazados. La doble calzada actual, en construcción, no es otra cosa que el resultado de un proceso donde la población del Litoral Pacífico ha estado siempre comprometida. Buenaventura es actualmente el punto de mira del país. En su producción social tienen que ver mucho sus científicos, artistas, atletas, futbolistas, compositores, cantantes, hombres públicos, empresarios y escritores connotados.El plan de inversiones de 450 millones de dólares que prepara la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura para acondicionar el puerto a la apertura de las nuevas esclusas del canal de Panamá, es apenas el preludio de lo que le viene a Buenaventura, al Valle y a Colombia.

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