Autopista del Pacífico

Diciembre 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

Cada vez que se aborda el tema de la autopista que unirá a los municipios de Palmira en el Valle y Colombia en el Huila, en su rumbo a los Llanos Orientales, inconscientemente se la asocia a un salvavidas para ser utilizado en caso de emergencia cuando por eventos naturales: sismos, inviernos, o por hechos violentos se interrumpa el libre funcionamiento de la vía Bogotá-Buenaventura por el túnel de la línea, caso en el cual si por desgracia llegase a ocurrir, el país quedaría parapléjico en el acto.Esa razón y la de acortar la distancia con la capital del país, lamentablemente no fueron motivos suficientes para haber emprendido un siglo atrás esa magna obra, propuesta por Palmira desde esos tiempos. Ni siquiera con dos presidentes, papá e hijo, Pastrana Borrero y Pastrana Arango, de ascendencia huilense fueron tampoco suficientes para otear las inmensas posibilidades de esa vía en el desarrollo de Colombia. Sólo y casi que a la brava por la fuerza del progreso comercial de las naciones asiáticas, el Estado se ha visto abocado a ejercer ahora toda clase de acciones con miras de preparar al Pacífico colombiano para la llegada del impresionante desarrollo que se le avecina.Es increíble que departamentos como el Huila y Valle del Cauca, hayan estado tan cerca y tan lejanos por tanto tiempo y que debido a fuerzas económicas y comerciales externas, deban unir ahora sus vidas mediante la autopista que convertirá en costeños a los huilenses, quienes quedarán más cercanos del Pacífico de lo que pueden estar del Océano Atlántico los pobladores de Valledupar, los cuales deben rodear todo el piedemonte de la Sierra Nevada de Santa Marta para llegar a él y considerarse costeños. El Huila y los Llanos Orientales están a un paso del Pacífico. Así lo considera el vicepresidente Germán Vargas Lleras quien se ha apersonado de ese proyecto con ganas, dándole la mayor trascendencia para que el país aproveche la potencialidad cafetera del primero con su disponibilidad de utilizar allí, la variedad de pisos térmicos y tierras para gran diversidad de cultivos hortofrutícolas de exportación y la gran perspectiva ganadera de los segundos hasta ahora apenas arañada con las modernas técnicas agropecuarias. ¿Queríamos en el suroccidente más frontera agrícola? Pues ahí la tenemos.No podemos negar que la agricultura colombiana en general se ha manejado de manera colonial, rudimentaria, con excepción del café, la caña de azúcar y uno que otro cultivo y se ha creído en el mito de que sólo las tierras planas son las indicadas para el establecimiento de cultivos de exportación. Méjico, Perú y Costa Rica hasta hace apenas cuarenta años se encontraban en esa misma creencia y hoy son los más importantes exportadores hortofrutícolas muy lejos de Colombia, desarrollo logrado en pocos años en inferioridad de condiciones agronómicas respecto de las nuestras, pero con estructuras viales y técnicas muy superiores. No podemos negar entonces que la orfandad de vías, unida al complejo de pobreza técnica que extrañamente y por tanto tiempo nos ha acompañado, es situación decididamente impactante de manera negativa en el progreso agrícola y pecuario de la nación.La Autopista del Pacífico permitirá a los habitantes de los departamentos del Valle, Huila, Meta y Caquetá, conocer en ambos sentidos en vivo y en directo otros territorios hermanos con sus culturas, posibilidades agrícolas, ganaderas, turísticas y económicas nunca antes soñadas debido al ostracismo que el mismo país les había impuesto por causa del atávico centralismo en que todavía se encuentra inmerso el Estado. La noticia del emprendimiento de esta obra nacional es indudablemente una de las mejores con que el país se ha auto regalado en el año que termina.

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