Agua por la vida

Junio 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

La caña de azúcar fue una de las primeras plantas que mandó traer Sebastián de Belalcázar desde las Antillas para su cultivo en el Valle del Cauca. Las semillas llegaron por la vía Istmo de Panamá - Buenaventura, posiblemente en estolones con sus yemas, para su siembra en el predio La Estancia que tenía el Conquistador en Yumbo. Si los tallos de la gramínea al momento de sacarlos de la hojarasca en que venían liados y enfardados durante su trasporte hubieran tenido voz, habrían exclamado: ¡Agua por favor! De inmediato, fueron puestos en remojo para su conservación y siguiente siembra en las fértiles tierras de Yumbo. Por medio de surcos se les proporcionó agua a discreción puesto que aquel territorio poseía abundantes vertientes que aseguraban el abastecimiento hídrico permanente por muchos años. No sospecharon que ese encanto sólo les alcanzaría hasta la llegada de los barcos a vapor que armaron y botaron para la navegación del río Cauca, lo mismo que hasta el arribo de el ferrocarril un poco después. Los fogones de ambas máquinas completaron la quema, como leña, de los preciosos bosques que allí existieron.El resto del cuento es bien conocido. El agua para los cultivos no solo de la caña en  el Valle, sino de todos los que se intentaron establecer en Colombia, adquirieron cada vez mayor demanda y sus fuentes de producción como son las cuencas de sus ríos y vertientes, o sea las aguas superficiales renovables, se  agotan a diario gracias a cuatro siglos de deforestación. De igual modo sucede con las aguas fósiles profundas no renovables debido a la implacable perforación de pozos profundos.  Ya se escuchan voces muy autorizadas que claman por cambios e innovaciones científicas y técnicas para solucionar y mitigar la inminente desertificación del país, si no se toman medidas  y directrices para aplicar los correctores  correspondientes a ese proceso. Y eso ya se viene haciendo.En el valle geográfico del río Cauca, territorio líder de la agricultura en Colombia, desde hace cinco años está en camino un proceso ejemplar para la protección y conservación de las cuencas de los ríos que drenan sus aguas al río padre. Pero infortunadamente,  por este vicio de no dar a conocer lo que hacemos, la gente del común no está enterada de este emprendimiento. Por tanto amerita ser inculcado a los colombianos por su importancia e impacto preciso en este momento climático que vivimos.‘Fondo, Agua por la Vida y la Sostenibilidad’ es el nombre dado a este proceso, que lo resume todo. A él se han vinculado recursos de las empresas azucareras, las autoridades ambientales, el Fondo para la Acción Ambiental, la empresa privada, los municipios, cultivadores y proveedores de caña y otros cultivos, así como los campesinos y las comunidades indígenas. Su área de influencia son 20 cuencas desde el norte del Cauca, hasta el sur de Risaralda que cobijan a 750 mil hectáreas de bosques y alta gama de biodiversidad en 27 municipios de los departamentos de Valle del Cauca, Risaralda, Cauca y Quindío.Hace cinco años, Asocaña, uno de los actuales miembros del ‘Fondo, Agua por la Vida’, hizo eco a The Nature Conservancy, organización ambiental de carácter mundial empeñada en la conservación y protección del agua en el valle geográfico del río Cauca y propició esa alianza estratégica para trabajar conjuntamente en la conservación del recurso hídrico de esta región del país. En tan pocos años los resultados ambientales conseguidos con 65 proyectos financiados, dejan ver los resultados ambientales y sociales más promisorios para la región. Un solo dato lo confirma: 18.000 familias se benefician por ahora con el trabajo del Fondo en las 20 cuencas donde está interviniendo. 

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