Acábela, señor Alcalde

Junio 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

En casi todas las naciones se rinde culto a la especie equina. El hombre siempre le ha reconocido su papel fundamental en el desarrollo del mundo civilizado. Por eso mismo le rinde homenaje al caballo en los monumentos levantados para exaltar a un Napoleón, a Bolívar o a cualquier hombre ilustre, representándolos siempre sobre briosos corceles. No alcanzaría el espacio de esta columna para inventariar los oficios desempeñados por los équidos desde cuando fueron domesticados por la especie humana, hace aproximadamente 30 mil años.Llegó a tanto su importancia que los imperios valían más por el inventario de sus caballos que por los esclavos que poseían. Luego de su uso y sacrificio en todas las guerras, incluida la Segunda Guerra Mundial, el caballo pasó a ser la estrella en las exposiciones agropecuarias, hipódromos, canchas de polo, rejoneod y todos aquellos actos donde se exalta su belleza, sus destrezas y los colores y pintas de su pelaje. Por último cuando la especie humana, especialmente la de Colombia, le dio por apelmazarse en las colmenas de las ciudades, se quiso homenajear al caballo con las cabalgatas.Infortunadamente no se cayó en la cuenta, que en 50 años los campesinos que ocuparon las ciudades perdieron todo contacto con el campo y se tornaron citadinos. Ahora no distinguen un estribo de una gualdrapa y por lo tanto ya no saben que montar a caballo es una ciencia. No todo el que quiera montar a caballo puede hacerlo si desconoce la técnica y la práctica para ser un buen jinete.Por eso el horror de las cabalgatas señor Alcalde. No se puede dar licencia para que una persona monte a caballo si no sabe hacerlo. Todos los que en algún momento hemos visitado al odontólogo conocemos lo que es tener un instrumento metálico dentro de la boca. Pues lo mismo le sucede al caballo cuando le colocan el freno metálico, para que luego tire de él de manera brutal un ‘jinete chambón’ durante todo un día como es la regla en las cabalgatas. Son innumerables los hechos parecidos a este que ocurren durante las cabalgatas. Imaginen el daño producido por un artefacto de esa naturaleza en la boca de un noble caballo.Por eso señor Alcalde van estas sugerencias con todo respeto. Para realizar la cabalgata, todos los jinetes participantes deben saber montar. Todos los caballos deben estar sanos. Los jinetes, ni por chiste, deben cargar perrero; con el primer riendázo de freno, la policía debe bajarlos del caballo y amarrarlos. Las damas deben calzar sin tacones altos, eso déjenlo para ir de rumba o cuando desfilen en pasarela a riesgo de ser víctimas de trampas mortales al enredarse en los estribos. Las damas deben lucir atuendos camperos como lo hacen en todas partes del mundo donde organizan cabalgatas: Méjico, Texas, Pasadena California, España, Argentina, Chile, Perú y muchas más. Aquellas señoras dotadas de buenos ‘Air bag’, no deben montar y menos a la intemperie a seno abierto, como si fueran vacas rumbo a la sala de ordeño en los establos. Si la Fuerza Pública no puede además controlar y hacer cumplir simples normas, como las de evitar la agresión a los caballos y jinetes con agua y maicena por parte de los espectadores, para realizar una cabalgata en orden, atractiva y digna de Cali y su feria, entonces señor Alcalde acábela por algunos años no por uno solo. Espere mientras esta generación salga de pantalla por selección natural y el espacio lo ocupe otra más educada, culta y madura que verdaderamente le haga honor al caballo y a la ciudad. Cumpliría así con su acostumbrado precepto de hacer las cosas bien.

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