A las patadas

Octubre 11, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alberto Silva

El presidente boliviano Evo Morales se destapó. Peló el cobre y de que manera. Todo el mundo lo pudo ver durante un partido amistoso de fútbol, cuando agredió a patada limpia a un jugador rival como respuesta a una jugada brusca que éste le había hecho. Si esto lo hace en público, ¿que podrá hacer al interior de su área de trabajo donde nadie lo observa? Hay que convenir que la urbanidad y los buenos modales están bastante ausentes en Latinoamérica. Y quienes debían dar ejemplo no lo hacen. De ahí que no es raro escuchar a un presidente imprecar como un palafrenero, por teléfono, a otra persona ante la audiencia nacional, o ver a otro mandatario vestir una carnavalesca ‘chompa’ con los colores de su bandera en un acto internacional de alto rango protocolario. Así es difícil ganarse el respeto de subordinados o del pueblo por más programas y planes de excelencia que se tengan para gobernar una nación. Ahí está el ejemplo del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, rompiéndose las vestiduras en el arranque de machismo conque quiso descrestar a sus conciudadanos y que casi le cuesta la vida.En nuestro caso particular de Colombia, donde brilla por su ausencia la cátedra de urbanidad y cívica, en escuelas y colegios, se refleja esa falta de política docente en las corporaciones y juntas directivas de los sectores públicos y privados. Es común observar a presidentes de la República, gobernadores y alcaldes para abajo, llegar a destiempo a reuniones convenidas con antelación por sus respectivas oficinas de protocolo, sin siquiera sonrojarse. Por otro lado es frecuente ver alcaldes entrar tarde a reuniones donde les esperan los asistentes quienes permanecen sentados ante su llegada en franco irrespeto a la dignidad que tienen en frente. En otras palabras el sagrado precepto de edad, dignidad y gobierno se lo pasan por la faja sin inmutarse. Y así les debe ocurrir en sus casas, donde los hijos les formulan la misma receta.Hasta en el reino animal se observa cómo se aplican los buenos preceptos de manera categórica, para conservar la unidad de los individuos que conforman sus sociedades o colonias: las abejas, hormigas y los grandes animales de selvas y sabanas son unos pocos ejemplos.Vale la pena recordar lo ocurrido al general Benjamín Herrera durante la toma del puerto de Tumaco por las tropas revolucionarias liberales durante la campaña del Pacífico en la Guerra de los Mil Días. Al entrar a un recinto para instalar a su Estado Mayor, los oficiales se levantaron con el mayor respeto y le saludaron. Cuando pasaba en frente del general Díaz Morkum, condiscípulo suyo, de su entera confianza, este permaneció sentado y con el sombrero puesto. El general Herrera de un manotón le tumbó el sombrero y lo apostrofó: “No sea usted insolente, está en presencia de sus jefes”. Más adelante, Lucas Caballero testigo de este suceso, le insinuó a Herrera que se le había ido la mano con el general Morkum. Como respuesta recibió la siguiente y demoledora frase: “o me obedece o me mata”. Benjamín Herrera murió de muerte natural muchos años después. Un óleo con la ilustración de aquel momento debiera estar colgado en los salones del Congreso, y en los de las asambleas y concejos de todas las regiones del país, como recordatorio de lo que verdaderamente encarnan las investiduras en las instituciones y la jerarquía de sus dignidades. Sólo hasta cuando se enseñen a respetar estas últimas en los hogares y las escuelas, habrá lugar para imponer los principios de autoridad.

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