Tapahuecos

Marzo 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Cuando oí hablar de él y de lo que hace, me llamó la atención y por eso resolví buscarlo, porque es un caso distinto, fuera de lo común. Lo encontré cerca de mi casa, muy temprano, trabajando a pleno sol y en plena calle. Y hablamos un largo rato. Es una persona extraordinaria, digna de ser imitada y aplaudida.En algunas de las cuadras del barrio en que vivo no cabe un hueco más. Y están así desde hace años, sin que el Municipio haya tenido la menor intención de repararlas, ni le importe que algunas de ellas sean intransitables, aunque en esta comuna se paga el impuesto predial más alto de la ciudad. Pero como aquí no hacemos paros, ni lanzamos piedras, ni quemamos llantas, ni bloqueamos vías es como si no existiéramos. Nosotros sin calles y el Municipio sin problemas.Pero estoy desviándome del tema. Mi idea no es echarle vainas al Municipio por no hacer lo que le toca, sino hablar de El Tapahuecos. Un hombre que hace bien su trabajo, tapar huecos en las calles.Wilson Carabalí, nacido hace 60 años en La Balsa, Cauca, caserío perteneciente al municipio de Buenos Aires, es un afrodescendiente adulto pero espontáneo, ‘casado’ varias veces y padre de 10 hijos. “El más viejo debe tener como 30 años y la menor 6”. Y agrega: “He tenido bendiciones de Dios con mis hijos; a los 6 mayores no les pude dar la educación que hubiera querido, pero son serios y han salido adelante en la vida. Y los 4 menores están estudiando.Las herramientas de trabajo de El Tapahuecos son una pequeña y vieja moto que mantiene “en perfectas condiciones” y unas “ranitas de tizón”. Se levanta temprano a recoger escombros de asfalto que le han regalado o encuentra tirados en las inmediaciones de Santander de Quilichao y Jamundí, para traerlos hasta Cali en la motico o pagando un módico flete en alguna chiva intermunicipal en que ya lo conocen. Y una vez aquí empieza su labor de tapar huecos. Escoge los escombros de asfalto según las características de cada cráter y con cuidado los va echando, compactándolos con las ‘ranitas de tizón’. Y para pulir usa un ‘químico’ preparado por él sobre el terreno, que es una mezcla de alquitrán con aceite quemado. Finalmente espera unos minutos a que los automóviles pisen su obra para dar el acabado final, según el hundimiento que hayan dejado las huellas de las llantas. Asegura que la calidad de su trabajo es buena pues lo hecho hace cerca de un año sigue en perfecto estado.Intrigado le pregunto quién le paga y con la mayor naturalidad me contesta: “El pueblo, personas que pasan en sus carros y quedan felices al ver que los huecos han desaparecido. Algunos me dan unos pesos, otros un pequeño mercado o ropa. Y hay quienes me dan el almuerzo cuando sus casas son vecinas al sitio en que estoy trabajando. Pero la mejor paga es el agradecimiento de la gente”. A la siguiente pregunta me contesta: “Con lo que recibo puedo vivir con los míos decentemente y darles lo más que puedo”. Ya para terminar y viéndome tan asombrado me dice: “Creo que estoy haciendo una buena labor, ¿no le parece? Me gusta ayudar porque la gente se encanta. Como norma descanso un día a la semana. ¿Cuál? Cualquiera, cuando me queda la oportunidad”.Wilson Carabalí es un ejemplo para que la ciudadanía colabore más a solucionar los problemas de su comuna, su barrio, o su calle. Es un ejemplo para el Municipio, es un ejemplo para mí, es un ejemplo para todos.

VER COMENTARIOS
Columnistas