¿Son buenos los TLC?

Junio 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Los TLC son tratados de libre comercio que hacen unos países con otros y necesariamente no tienen que firmarse con los Estados Unidos. De hecho Colombia está negociando varios y entre ellos uno con la Unión Europea y otro con Corea del Sur y ya los tiene con otros. Su esencia consiste en la eliminación gradual de los gravámenes arancelarios. Pero como tenemos cierto complejo cuando se trata de los ‘gringos ventajosos’, si se habla del TLC con Estados Unidos empezamos a ver fantasmas y gato encerrado donde no lo hay. Es algo tan curioso como el caso de muchos colombianos que dicen detestar a los gringos pero no dudan en bautizar a sus hijos con nombres como John, Edward, Phil, James, Alexander, Frank Anthony, Jefferson o Hamilton entre muchos otros, y sueñan con llevarlos a Disneylandia, en vez de ponerles Juan, Eduardo, Felipe, Jaime, Alejandro, Francisco, Antonio, o como sea.Aclarado lo anterior analicemos en la forma más sencilla por qué son buenos los TLC cuando se trabaja bien y se hacen las cosas como debe ser. Y para no enredarnos y evitar polémicas, no hablemos hoy de inflación, devaluación, creación de empleo, necesidad de una buena infraestructura, beneficios para el consumidor final, ni tantos otros temas que influyen en una u otra forma para que los países se beneficien de estos tratados. A eso me referiré en otra ocasión. Limitemos este espacio a lo más elemental con dos ejemplos casi infantiles, que pueden ser entendidos por todo el mundo y que son la pura y legítima verdad.Supongamos que el lector es propietario de una pequeña fábrica de camisas con capacidad para producir 50 mil unidades al año. Cada camisa le sale a $15 mil y vende 20 mil unidades en el país a $30 mil. Adicionalmente exporta 10 mil camisas que no puede vender a más de $23 mil cada una porque su comprador del exterior tiene que pagar un arancel del 30% que le recarga $6.900 por camisa. En total nuestro lector factura $830 millones y tiene una utilidad de $380. Un buen día Colombia firma un TLC con el país al que nuestro amigo lector exporta y se acaba el arancel. El extranjero le propone seguirle pagando a $23 mil cada camisa pero comprándole 30 mil unidades en vez de 10 mil. Nuestro lector acepta porque el volumen compensa con creces no aumentar el precio. En conclusión queda vendiendo 50 mil camisas en $1.290 millones con una utilidad de $540 millones en vez de los $380 que se ganaba antes. ¿Fue bueno el TLC para nuestro lector exportador y dueño de la fábrica? Claro que sí. Ahora supongamos el caso contrario. Nuestro lector importa anualmente 20 mil radios que le valen $10 mil cada uno, pero como tienen un arancel del 50% el costo le aumenta $5 mil por unidad. Los vende a $25 mil y su utilidad total es de $200 millones. Después de largas negociaciones Colombia firma un TLC con el país donde nuestro lector compra los radios y se acaba el arancel. Puede ocurrir una de dos cosas: si nuestro comerciante es facilista sigue vendiendo los 20 mil radios a $25 mil y ahora se gana $300 millones porque se ahorró el arancel. Pero si es alguien de iniciativa rebaja el precio de venta, por ejemplo a $20 mil por radio, lo que le permite vender al año 40 mil unidades en vez de 20 mil. Su utilidad pasa a ser de $400 millones en vez de los $200 que ganaba al principio. ¿Fue bueno el TLC para nuestro lector importador? Claro que sí.

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