Santos, a pesar de todo

Enero 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Como me parece que el ramillete de candidatos presidenciales que se ha lanzado al ruedo deja mucho qué desear, sigo pensando que es el momento de sentar la protesta de votar en blanco, protesta válida en el tarjetón porque está avalada por la Constitución. Dicen algunos que esta actitud puede favorecer a los peores candidatos, pero eso es preferible que abstenerse de votar y mucho mejor que no hacerlo a conciencia, o vendiendo el voto a favor de alguien que no tenga ningún mérito para ocupar el cargo más importante del país.Lo anterior no quiere decir que yo sea tan iluso para creer que el voto en blanco se va a imponer. Puede que así sea algún día, en un futuro más o menos lejano, pero por ahora no, porque ni hay la disciplina ciudadana para entender su valor, ni las camarillas políticas lo permitirían.Al escribir estas líneas, el presidente Santos se perfila como el gran favorito. Cosa lógica por tres razones: El Uribismo se equivocó al lanzar a Óscar Iván Zuluaga que no ha despegado ni va a despegar por su falta de carisma y porque la ciudadanía lo ve como una especie de títere de su jefe; los partidos de izquierda, como siempre, lejos de unirse y hacer una coalición que podría tener cierto peso, se separan más cada día y así no van para ninguna parte; y el presidente Santos cuenta a su favor con una fuerte coalición política y tiene todas las herramientas del poder para salir adelante.¿Entonces qué nos queda? El enfrentamiento entre el Jefe del Estado, que quiere su reelección, y la aún poco popular tendencia de votar en blanco, que no es un capricho sino “una herramienta de resistencia democrática y una expresión política de inconformidad y rechazo a las candidaturas que no representan el interés general”.Como no creo en la perpetuidad de quienes se creen insustituibles, voy a votar en blanco como un acto de protesta, aunque para mí Juan Manuel Santos ha sido un buen presidente. Pero, tal como su antecesor, se enfrentó a un enemigo poderoso que se llama reelección, por lo que ha actuado, especialmente en el último año y medio, como un mandatario sin personalidad, tratando de congraciarse con todos para obtener su principal objetivo que no era otro que ocupar el solio de Bolívar por otros cuatro años. Y así seguirá ocurriendo mañana si no se elimina la reelección, porque el poder ciega y la ambición humana es superior a los deseos de servir a la patria. Maldita reelección. Con Santos, quien fue un gran ministro de Defensa, perdimos la oportunidad de tener un excelente presidente, si no hubiera tenido la oportunidad de aspirar a un segundo mandato.Que esto nos sirva de lección en el futuro para que acabemos con la reelección. Ampliemos, si quieren, el período a 5 o 6 años, pero, quitémosle a los presidentes la tentación de querer perpetuarse.Coletilla: Buen apunte el de Germán Patiño quien, al referirse al absurdo de multar exageradamente a quien se toma un aperitivo, escribió en una de sus últimas columnas: “Pobre Churchill. Siempre con un whisky encima condujo a Europa a la victoria. Pero si viniera hoy a Colombia lo arrestarían por conducir un carro media cuadra. Ojo con el avance de los fanatismos. Una cerveza o una copa de vino no le hacen mal a nadie normal. Pero les caen muy bien a los inquisidores viales, que deben estar frotándose las manos ante semejante cosecha de multas”.

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