Santo Tomás

Abril 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Como en 4 días se inicia la Semana Santa, pensé que escribir sobre los nombres de los santos sería un tema apropiado. Pero es imposible hacerlo, porque son millares. Resolví entonces limitarme a uno solo y elegí Tomás, pero encontré que así también se llamaban muchos. Finalmente escogí 12 de los Tomases que figuran en el Santoral. Los hay desde ilustres hasta casi desconocidos. Para hacer la redacción más llevadera e ir eliminando escollos, empecé por los menos importantes, cuyos nombres no dirán nada a casi ninguno de los lectores. Son ellos Santo Tomás de Cori Placide, Santo Tomás de Villanueva, Santo Tomás Dinh viet Du, Santo Tomás Garnet, Santo Tomás Hioji, Santo Tomás Kuong, Santo Tomás Leñador y Santo Tomás Son Tja-Syen. Los 8 se dedicaron a hacer el bien y seguramente lo lograron. Y aunque no dejaron huella de nada, están en los altares, posiblemente por su bondad. En un nivel intermedio está Santo Tomás, el apóstol, personaje poco carismático que es el símbolo de la duda. Ni siquiera compartiendo casi a diario la vida con Jesús, fue capaz de tener fe. En un conocido episodio que narra San Juan en su evangelio, éste afirma lo que Tomás dijo sobre la resurrección de Cristo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi mano en la herida de su costado, no creeré”. Triste recuerdo para la historia. Se le abona que años después cumplió una destacada misión evangelizadora en Persia y la India, donde murió martirizado, por lo que está también en los altares. En la categoría de los famosos, se destacan 3 igualmente importantes. Por eso los ordeno alfabéticamente por sus apellidos pues no me parece justo que alguno de ellos esté por encima de los otros dos. Son Santo Tomás de Aquino, Santo Tomás Becket y Santo Tomás Moro. Santo Tomás de Aquino, nació en 1225 en una familia perteneciente a la nobleza napolitana, sobresalió por su inteligencia desde muy joven. En Colonia, Alemania, fue alumno de San Alberto Magno. Fundó la Escuela Tomista de teología y filosofía y escribió la famosa Suma Teológica, obra que según teólogos expertos “es la más profunda que se haya escrito en la Iglesia Católica”. Murió a los 49 años. Tomás Becket y Tomás Moro comparten algo curioso. Teniendo igual nombre, los dos ocuparon el cargo de Canciller de Inglaterra y ambos fueron martirizados por defender a la Iglesia Católica por orden de dos reyes llamados Enrique. Becket por celos políticos de Enrique II en 1170 y Moro 365 años después por la soberbia de Enrique VIII. El primero nació en Londres en 1118 y a los 36 años fue nombrado canciller por quien sería su verdugo. Cayó en desgracia al no aceptar la arbitrariedades del monarca y por haberlo superado en popularidad ante su pueblo. Fue asesinado frente al altar mayor de la Catedral de Canterbury de la que era arzobispo. Moro nació en Cheapside en 1478, estudió en Oxford y a los 22 años ya era un brillante profesor de abogacía. Siendo canciller respaldó al Papa quien se había opuesto a que el rey se divorciara para casarse con Ana Bolena. En represalia el monarca creó la Iglesia Anglicana, se separó de la jerarquía de Roma y apresó a Moro, a quien mandó decapitar el 6 de Julio de 1535. COLETILLA: Mi solidaridad para Guillermo León Tejada y su familia. A Dios gracias les queda el consuelo de que el milagro que lograron hace 20 años, sigue reflejado en Carolina.

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