Reelección

Diciembre 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

La reelección en sí no es buena y Colombia fue consciente de esa realidad durante muchos años. Y no es buena porque dada la mentalidad de nuestros políticos y la ignorancia de un alto porcentaje de nuestros ciudadanos, el gobernante de turno dedica muy buena parte de su primer período a congraciarse con todo el mundo para ser reelegido. Hace muchas cosas que no quería hacer y deja de hacer otras muchas que si quería. Como el poder encanta, siempre piensa en las próximas elecciones y pueden más su egoísmo y el deseo de seguir mandando que el de ejecutar políticas y obras que beneficien a la nación, como es su deber. Pero ese mal no es sólo de Colombia. Ha sido así desde que el mundo es mundo. Por eso se inventaron las monarquías y el absolutismo primó hasta hace relativamente poco. Como el ser humano es imperfecto y los políticos son seres humanos, el poder los enceguece y se van transformando hasta llegar a convencerse de que son superiores, irreemplazables, los únicos capaces de hacer las cosas bien. Uno de los casos más famosos de la historia es el de Napoleón, enemigo acérrimo de la monarquía, quien con el paso del tiempo se volvió tan dictatorial, absolutista y soberbio que él mismo se impuso la corona de emperador porque consideró que no había nadie digno de cumplir con ese protocolo.Todos los dictadores latinoamericanos pretendieron perpetuarse. Recordemos, entre otros, a Rojas Pinilla, Perón, Odría, Pérez Jiménez y Pinochet que llegaron al poder mediante golpes de Estado. Y el fenómeno se está repitiendo ahora con un estilo más refinado porque primero ganan por elección popular y después sacan las uñas. En América Latina la reelección se ha puesto de moda en los últimos años. Nadie tiene inconveniente, si es necesario, en cambiar la constitución de su país para hacerse reelegir, en algunos casos en forma vitalicia. Lo estamos viviendo en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Nicaragua, para nombrar solo algunos de nuestros países ‘hermanos’.Y en Colombia cometimos el mismo imperdonable error cuando por la popularidad del presidente Uribe modificamos nuestra Constitución. Y desde entonces estamos pagando las consecuencias. Su segundo período fue muy inferior al primero porque dedicó parte de sus últimos dos años a hacer lo que más criticó en su primera campaña; politiquear. Y lo mismo está ocurriendo con Santos cuya metamorfosis se hizo cada vez más notoria a medida que se acercaba el final de su primer período, dedicándose a tejer la telaraña de su reelección, dándole gusto a todo el mundo, en vez de dedicarse a gobernar, por lo que no pudo evitar fracasos tan grandes como los ocurridos con las reformas a la educación, a la salud y a la justicia.Nuestros políticos tienen la obligación de subsanar esta situación acabando con la reelección cuanto antes. De otra manera, si Santos no gana las elecciones del próximo mayo, dentro de cuatro años estaremos en las mismas que hoy, con el Presidente de turno, sea quien sea, haciendo campaña para ser reelegido, aunque no tenga ningún mérito.COLETILLA: Me alegra que ‘Nieves’ piense, como yo, que votar en blanco no es racista. Tampoco es botar el voto ni ser mal ciudadano pues está permitido por la Constitución. “El voto en blanco es una herramienta de resistencia democrática y una expresión política y ciudadana de inconformidad y rechazo a las candidaturas que no representan el interés general”.

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