Monarquías

Mayo 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

“La monarquía es una forma de gobierno en que el poder corresponde con carácter vitalicio a un príncipe designado hereditariamente”. Qué horror. Pero la cosa se pone peor cuando la monarquía es absolutista, porque entonces el poder es ilimitado, total e incondicional. Por fortuna, con el paso de los siglos la monarquía ha venido cambiando y el absolutismo tuvo que ir cediendo el paso a algo más participativo hasta llegar a nuestra época en que por lo menos los reyes de las pocas monarquías tradicionales que aún quedan en el mundo occidental, son figuras casi decorativas que cumplen funciones sociales y de alto protocolo porque el verdadero poder depende de presidentes o primeros ministros elegidos popularmente.La evolución política del mundo empieza con un absoluto totalitarismo, pasa por etapas de mayor o menor despotismo, no permite la participación popular y define dos grupos de personas: los nobles que se benefician de un rey que cree gobernar por mandato Divino y la plebe que paga impuestos al mismo rey y le rinde pleitesía. Pero ni los unos ni los otros son dueños ni siquiera de sus propias vidas que pueden ser cortadas de un tajo por un capricho del monarca. Hasta que los ciudadanos saturados de vivir injusticias empiezan a pensar que algo anda mal. Y es entonces cuando surgen las palabras libertad e igualdad, que por primera vez se pronuncian abiertamente en la Asamblea Constituyente Francesa de 1789.También se oye hablar de derechos humanos y ya nada vuelve a ser igual. Tarde o temprano vienen los cambios y los reyes van despareciendo. Se salvan algunas monarquías que aún subsisten, como las de Bélgica, Dinamarca, España, Holanda, Inglaterra, Noruega y Suecia que se ajustaron a tiempo a lo que la gente demandaba y hoy son ejemplos de democracia porque en ellas imperan la libertad y la igualdad.Pero llega el ‘pero’. Mientras la humanidad se sacude de la tiranía y logra que se impongan la libertad, la igualdad y la justicia donde había despotismo, absolutismo y tiranía, a mediados del Siglo XX surge una nueva monarquía y con ella nace una nueva dinastía, la de los Castro. Su primer rey, Fidel I, gobierna Cuba con mano de hierro de 1959 a 2008, año en que por motivos de salud se ve obligado a abdicar, pero para que la dinastía continúe lo hace en favor de su hermano, quien es coronado como Raúl I. Es una monarquía en que el absolutismo se ejerce a diario, donde nadie tiene derecho a nada y las palabras libertad e igualdad no existen. Y como su ejemplo cunde, surge otra dinastía con raíces diferentes, porque mientras la de Cuba es consecuencia de un golpe de Estado, ésta es el resultado de algo nunca antes visto. Un militar retirado es elegido presidente democráticamente pero se engolosina tanto con el poder que para no dejarlo crea su propia dinastía y se convierte en monarca absoluto. Es Hugo I quien con ínfulas de predestinado, descendiente directo de Bolívar y protegido de Dios, pretende imponer el embeleco de su socialismo Siglo XXI en Latinoamérica. Gracias al poder que le da la enorme producción de petróleo de su patria nacen unas pequeñas monarquías satélites en las que Rafael I, Evo I y Daniel I pretenden entronizarse a perpetuidad como monarcas. ¿Logrará Hugo I consolidarlas o la vida se encargará de evitarlo?Apoyemos la tiranía si queremos, o la democracia si preferimos. Pero definámosnos y no mezclemos agua con aceite.

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