Mi nuevo mejor amigo

Mi nuevo mejor amigo

Abril 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

El presidente Santos ha logrado rápidamente importantes éxitos diplomáticos con nuestros vecinos y en forma especial con Venezuela. Pero se le fue la mano al calificar como su nuevo mejor amigo al chafarote que rige los destinos de la República Bolivariana. Aún tengo fresca en mi mente la figura de Chávez, cuando como un energúmeno gritaba desaforadamente hace menos de un año en su programa semanal de televisión, que no le importaba quién ganara las elecciones presidenciales en Colombia, con tal de que no fuera Santos, de quien se expresó muy despectivamente y a quien calificó de imperialista, peón de Uribe al servicio de la oligarquía, paramilitar y otra cantidad de sandeces muy de su estilo. Fue una frase desafortunada de nuestro mandatario, pues con amigos así …Por otra parte, la Corte Suprema de Justicia autorizó la extradición de Walid Makled, acusado en Venezuela de narcotráfico, homicidio y lavado de dinero y en Estados Unidos de narcotráfico, dejando a Santos en libertad de decidir a cuál de los dos países lo extraditaba. Para Colombia era mejor enviarlo a EE.UU., donde ante sus tribunales Makled podría confirmar que son varios los jefes guerrilleros de las Farc refugiados en Venezuela. Pero para Santos no era prudente hacerlo porque Makled también podía ratificar las afirmaciones que hizo al acusar a varios allegados de Chávez de haberlos sobornado para que le facilitaran el tráfico de drogas, lo que pondría a Chávez en una posición muy comprometida. En cambio desaparecería el riesgo para Chávez si lo extraditaba a Venezuela pues es de suponer que allí el juicio sería amañado ya que los tribunales de ese país son manipulados por Chávez y sólo saldría a la luz lo que él quisiera.Como Santos es un hábil político aprovechó la oportunidad que se le presentó para matar dos pájaros de un tiro y decidió lo que como buen político tenía que decidir. Con el argumento poco convincente de que Venezuela lo había solicitado primero, se inclinó por la extradición a ese país. Logró así congraciarse con Chávez, afianzó las bases de las relaciones comerciales que son tan importantes para los dos países y le dio gusto a su nuevo mejor amigo, quien debe estar bailando en una pata pues se le quitó el susto de lo que Makled podría decir. Al mismo tiempo puso a pensar a Obama, a quien sutilmente dio a entender en su reciente visita a Washington, que tanto los colombianos como él están cansado de la indiferencia del Congreso norteamericano que, no obstante saber que nuestro país es su mejor aliado en Latinoamérica, sigue dilatando la aprobación del TLC que fue firmado por los delegados de las dos naciones a fines del 2006.Pero lo más triste de todo ésto es que al mismo tiempo que nadie puede garantizar que ahora si se desempantane el tema del Tratado en el Congreso norteamericano, tampoco nadie puede pronosticar el comportamiento futuro de Chávez que es una persona tan impredecible que su luna de miel con Santos puede esfumarse en cualquier instante si el pichón de dictador sale de repente con alguna de sus ideas locas, o si sin más ni más arremete contra Colombia por cualquier cosa que le disguste. Chávez no es sincero, pero sí calculador; no es honesto, pero sí ventajoso y cambia de opinión más fácilmente que una veleta. Tenga cuidado, señor Presidente, y no confíe demasiado en su nuevo mejor amigo.

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