Me pusieron una multa

Noviembre 23, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

No me las doy de santo pero he sido respetuoso de la ley y consecuentemente de las disposiciones de tránsito. No sólo por disciplina y formación, sino porque le tengo terror a quienes las controlan. Por eso trato de cumplir las normas y por miedo no se me ocurriría sobornar a un agente que me detuviera por cometer una infracción, cosa que aparentemente ocurre con cierta frecuencia por culpa tanto de ciertos conductores avivatos como de algunos de quienes deberían hacer respetar y ejercer la autoridad.A consecuencia de lo anterior me es difícil entender la actitud de quienes no respetan las reglas de tránsito y me aterra ver la cantidad de violaciones y multas sin pagar que hay en Cali. Hace pocos días, por ejemplo, salió una noticia en este diario en la que decía que “171.734 vehículos de la ciudad están comprometidos en faltas de tránsito”, agregando que “los caleños deben 91 mil millones de pesos en multas”. Cifras aterradoras. Y hace cerca de un año la prensa publicó cosas tan increíbles como que en ese momento en Cali había varios ciudadanos que adeudaban por multas más de $20 millones cada uno, siendo el aparente campeón un tal Luis Evelio Toro que debía $29.532.515 por 93 comparendos no pagados y seguía manejando hondo y lorondo como si nada. Lo más probable es que ahora deba más y aún no haya cancelado un peso, porque las complacientes autoridades municipales no lo han obligado a hacerlo, a pesar de que tienen todas las armas legales para lograrlo.¿Pero a qué viene todo ésto? A que con frecuencia he criticado a los conductores de automóviles particulares, taxis, buses, motos, camiones y toda clase de vehículos que hacen lo que les da la gana porque la debilidad de las autoridades de tránsito se los permite. Pero desafortunadamente y cuando menos lo pensé, llegó el día en que se me acabó el derecho a criticar porque me convertí en pecador. Con la excusa de que tenía afán de llegar a una cita tomé la decisión equivocada de hacer un viraje a la izquierda en una intersección congestionada, a sabiendas de que había dos enormes flechas que lo prohibían. Una cuadra más adelante me pararon. En forma amable una agente de tránsito me pidió el pase y los papeles del vehículo, los cuales estaban en regla, lo que me hizo creer que no habría nada más en qué pensar, a pesar de que desde el momento en que me detuvieron ya suponía por qué lo habían hecho. Con la misma amabilidad de antes me informó cuál había sido la falta y me dijo que me tenía que dar un costoso comparendo. Quiero resaltar que la agente de tránsito actuó con autoridad y cortesía al mismo tiempo, y que en ningún momento insinuó siquiera la posibilidad de un soborno. Eso me gustó, le di la razón, firmé el comparendo, nos despedimos y seguí mi camino. El valor neto de la multa fue de $285.000 después del descuento por pronto pago.De todo lo anterior me quedaron varias enseñanzas, pero me limito a mencionar dos: que es un infantil error cometer una infracción tan tonta, tanto por civismo como por costosa; y que si los agentes de tránsito fueran tan responsables y serios como la que me detuvo a mí y se cobraran las multas en forma oportuna y sin contemplaciones, el caos vehicular que vivimos en Cali disminuiría muchísimo, pues se recaudaría una gran cantidad de dinero que debería ser invertida en ayudar a la reparación de nuestra pésima malla vial.

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