¿La Sucursal del Cielo?

Noviembre 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Soy tan caleño como el que más y por eso me duele escribir esta nota, con la que pretendo que no nos sigamos engañado con el cuento de que Cali es la Sucursal del Cielo, mentira que inventamos hace años y que divulgamos a diestra y siniestra. Millares de personas la creyeron, muchas de ellas desplazadas o sin oportunidad de una vida digna en sus regiones, y con razón buscaron un mejor futuro emigrando hacia este supuesto paraíso. Aunque había problemas, el verdadero mal de Cali se gestó cuando los grandes capos de la droga tomaron en cierta forma el control de la ciudad, fomentaron negocios ilícitos, corrompieron la política y con el poder de sus chequeras empezaron a hacer lo que les venía en gana. Cuando por fin desaparecieron ya el daño estaba hecho porque habían sembrado una semilla tan destructiva que ha sido imposible de erradicar. Esto coincidió con la expedición del Acto Legislativo #1 de 1986, que infortunadamente permitió la elección popular de alcaldes a partir de 1988. Y ahí si fue Troya. Se empezaron a elegir pésimos gobernantes, impuestos por el dinero de politiqueros de pacotilla, expertos en explotar la necesidad de los más débiles comprándoles sus votos por una bicoca representada en tejas, un bulto de cemento o una botella de aguardiente.Lo expresado por nuestro arzobispo Darío de Jesús Monsalve sería suficiente para que nos despojaran del dichoso título. Él afirma que en algunos barrios es necesario pagar vacuna para que los hampones permitan a sus legítimos dueños llegar a sus casas. Pero eso no es todo. En la Sucursal del Cielo hay riesgo de ser atracado por ir a la tienda de la esquina, por llevar a los niños a jugar a un parque o por usar un celular en la calle; y hay hasta peligro de muerte al hacer el pare en un semáforo o sacar unos pesos de un cajero. Pero hay más horrores que hacen parte de este rosario de maravillas: la falta de autoridad, los cientos de niñas embarazadas por imberbes que luego las abandonan con sus bebés, el analfabetismo, el desempleo, la delincuencia, el desorden, el desastre de Emcali que en su momento fue un ejemplo de eficiencia en Colombia, el huequerío, los absurdos policías acostados, la plaga de las motos y la posición asumida por los dueños de esas chatarras mal llamada buses que por décadas han explotado a sus choferes con la guerra del centavo y ahora se oponen a que el MÍO tenga futuro. Y no olvidemos que aunque Cali tiene la fortuna de que la circunden seis ríos, su manejo ha sido tan deplorable que en el verano están tan secos que se pueden atravesar a pie y en el invierno se desbordan locamente causando estragos. Me dirán que si no estoy contento en Cali puedo irme a vivir a otra parte. Pero como sólo he dicho verdades y no me gusta tapar el sol con las manos, aquí estoy y aquí me quedo, parodiando lo que cínicamente dijo un expresidente cuyo nombre se me escapa.Por fortuna, con Rodrigo Guerrero se vislumbra la esperanza de que el panorama mejore porque está manejando la situación con austeridad, prudencia y honestidad, aunque se observa el fenómeno de que entre más se baja en la escala socio económica, es menor el reconocimiento a su labor. Esto hace indispensable que cuanto antes haga cosas que llenen de fe y optimismo a la gente para asegurar la continuidad cuando termine su mandato, pues de lo contrario volveremos a caminar para atrás como el cangrejo.

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