Inquietudes

Inquietudes

Enero 05, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Son tantas las inquietudes que se le podrían presentar al presidente Santos, que se necesitarían varias cuartillas para enumerarlas. Por eso me limitaré a dos que por falta de espacio trataré superficialmente. Me refiero a las Cooperativas Laborales de Trabajo Asociado y al campesino colombiano. En futuras columnas me referiré a otras igualmente importantes como los absurdos márgenes de intermediación financiera y el desempleo, que es la principal causa de la pobreza de millones de colombianos.Probablemente con la mejor intención de beneficiar a los trabajadores al hacer uso de su derecho de asociación, la Ley 79 de 1988 definió la naturaleza de las Cooperativas Laborales de Trabajo Asociado. Pero éstas se fueron degenerando poco a poco y en muchos casos se convirtieron en entidades que al efectuar la ‘tercerización’ laboral, quitaron al trabajador su estabilidad y algunos de sus derechos y prestaciones sociales. Baste un ejemplo para explicar lo que quiero decir: Fulano trabaja en una empresa seria, pero no con contrato directo de ésta sino mediante la intermediación de una cooperativa laboral. Su contrato es a término fijo y periódicamente es sacado a vacaciones de un mes, tiempo que se requiere para romper el vínculo laboral. A los 30 días puede volver a ocupar en la misma empresa el mismo empleo que antes. Pero le ha pasado algo terrible. Ha perdido su antigüedad laboral y arranca nuevamente de cero como si nunca hubiera trabajado ahí. Esta es una soberana injusticia y no creo que haya nadie con argumentos serios para decir lo contrario. Hace poco el vicepresidente Angelino Garzón pidió revisar el funcionamiento de estas cooperativas y dijo con razón que “sólo sirven para facilitar empleos precarios y son el mejor símbolo de la sobreexplotación de los trabajadores y la violación de los derechos laborales”.En cierta forma se relaciona con el tema anterior el del campesino colombiano que debiendo ser nuestro mayor patrimonio, ha venido desapareciendo con el correr del tiempo. Yo recuerdo que Colombia era un país con mayoría de población rural porque su vocación natural es agrícola. Pero a pesar de que esa vocación natural sigue siendo la misma, la mayoría de la población ya no vive en el campo, no porque no quiera sino por causas ajenas a su voluntad como la violencia política, la guerrilla, el paramilitarismo y el abandono a que ha sido condenada por el Estado desde hace años. El campesino sano y trabajador que vivía dignamente con su familia en su parcela fue desalojado de ella por temor o a la fuerza y se vio obligado a emigrar a las ciudades sin preparación adecuada, en la mayoría de los casos a engrosar el número de desempleados. Es imperativo que el Gobierno corrija esa injusticia. Entre lo que se podría hacer para estimular al campesino a regresar al campo, aparte de garantizarle su seguridad, sería darle un adecuado estímulo a la producción con insumos y herramientas adecuadas, precios de sustentación a sus productos, facilidad de transporte y eliminación de algunos intermediarios, además de un plan de subsidios de vivienda social rural que sea verdaderamente atractivo.Empleo digno con contratos directos y apoyo al campesino son, con seguridad, sinónimos de paz.

VER COMENTARIOS
Columnistas