Eutanasia

Noviembre 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Este es un tema álgido, muy álgido que hay que tratar con una gran prudencia, sin dejar a un lado el aspecto religioso que en nuestro medio es tan importante, pero haciendo énfasis en el aspecto humano. Al mismo tiempo es necesario respetar la opinión de quienes son enemigos declarados de la eutanasia como los jerarcas de la Iglesia Católica, para que se respete de igual manera la de quienes, aún siendo católicos, creen que no es justo prolongar la existencia de una persona que está muerta en vida.Cuando un tema se pone de moda son muchas las páginas informativas y las columnas de opinión que se le dedican. Es el caso, por ejemplo, de las conversaciones de paz a las que no me he referido ni me referiré en el inmediato futuro por respeto a quienes están tratando de lograr que termine exitosamente lo que es casi un imposible. Es también el caso de la eutanasia.Con un inexplicable retraso de 15 años para cumplir una sentencia de la Corte Constitucional, en el Congreso se está discutiendo un proyecto de ley sobre su reglamentación, tema sobre el que se ha escrito tanto que, sin pretender juzgar lo que ellos dicen y editando sus palabras sin cambiar el sentido de lo que expresan, voy a referirme a cuatro de los muchos columnistas que han dado sus opiniones en artículos serios, con conceptos distintos pero igualmente responsables y respetables. Mauricio Cabrera afirma que “se debe respetar tanto a quienes consideran que ninguna persona tiene derecho a disponer de su vida, como a quienes tienen otras creencias, sin que se conviertan en delincuentes quienes busquen una muerte digna o el médico que les colabore”.Algo muy distinto expresa el Hermano Raymond Schambach por el que tengo una profunda admiración y respeto por la gran labor humanitaria que ha realizado, quien se pregunta: “ ¿Cómo pensar en aplicarle un sedante mortífero o ahogar con una almohada a un ser querido por el hecho de estar desahuciado?”; y luego advierte: “no estén jugando, señores parlamentarios, en crear políticas ateas basadas en la falsedad”.León Valencia opina que “la Iglesia debería abrir sus puertas para que quienes prefieran confiarle a los médicos esta ayuda lo puedan hacer”; y reafirma que “la Corte Constitucional ha ordenado que se levante la restricción para que los médicos puedan atender la petición de personas que están sufriendo intensamente y que ya no tienen esperanzas de superar su enfermedad”.Melba Escobar dice una verdad de a puño: “Dejar sufrir a una persona hasta que muera por el curso natural de su enfermedad, poco tiene de piadoso”; y agrega que “es curioso que con los perros nunca dudamos cuando ha llegado el momento de ‘dormirlos’, pero con los humanos nos negamos a dejarlos ir, sin importar cuánta pueda ser su agonía”. Hay una quinta opinión, la de Nieves, quien no se queda atrás y con su candor y simpatía afirma: “¿Eutanasia? Claro que sí”.Para terminar es oportuno recordar que el término eutanasia se deriva del griego ‘eu thanatos’ que significa ‘buena muerte’; que según textos autorizados “tiene por finalidad evitar sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de la vida de un enfermo desahuciado; y que consiste en provocar la muerte de otro por su bien, lo cual conduce necesariamente a elegir las circunstancias y supuestos que dan sentido a esta actuación humanitaria, piadosa y compasiva”.Los lectores tienen la palabra.

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