En Blanco el 9

En Blanco el 9

Febrero 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Esta es mi última columna antes del 9 de marzo, fecha en que se celebran los comicios para elegir nuevo Congreso. Pero como falta tanto tiempo me va a tocar especular un poco pues es mucho lo que puede pasar en 12 días. Por lo pronto me ratificaré en que votaré en Blanco pues la mediocridad de las campañas y de la mayoría de los candidatos da grima. Es suficiente con que digamos que hay 806 candidatos al Senado y 1605 a la Cámara para elegir 102 y 166 respectivamente, cifras que confirman que debe haber algo, especial para que esos cargos sean tan apetecidos. Me hubiera gustado votar por Álvaro Uribe para el Senado porque es un fino gallito de pelea que, con seguridad, protagonizaría debates muy por lo alto que servirían para mejorar la imagen de un Senado tan desprestigiado. Pero no votaré por él. Lo haré en Blanco porque su lista se complementará con una cantidad de personas que no me parecen idóneas y ni siquiera conozco de oídas.Pero lo más triste es que entre los que saldrán electos hay, en un extremo, una cantidad grande de delfines y una enorme cantidad de parientes de gamonales políticos, cuyo único mérito para aspirar a esas posiciones es pensar que han recibido el don sagrado del Espíritu Santo de creer haber nacido preparados y cultos para regir los destinos de la patria por el simple hecho de ser hijos o parientes directos de quienes ya mangonearon este país por tantos años. En el otro extremo de las candidaturas hay algunos que no tienen pierde porque están curtidos de politiquería. Es por ejemplo el caso de Horacio Serpa y Roberto Gerlein, un par de muchachos con mucho futuro e ideas modernas para que este país progrese.La política colombiana está muy mal y su Parlamento peor. Se cuentan en más de los dedos de las manos los padres de la patria que están en entredicho o condenados. Y de seguir así el futuro será negro para las futuras generaciones, pero no para las que llegarán dentro de 20 años sino ya, las de esos jóvenes que se frustrarán entre los 18 y 28 y que tendrán que revelarse o resignarse a vivir en un país corrupto y eventualmente inviable.Pero, ¿por qué llegamos a degradarnos y rebajarnos tanto? Es una pregunta para expertos que, aunque yo no lo soy, trataré de responder. La influencia del narcotráfico que en cuatro lustros acabó con la moral; la guerrilla, que convirtió hace 50 años a Colombia en un campo de batalla en el que nadie sabe qué camino tomar; y la mal entendida política que convirtió a todos en enemigos de todos y que llegó al colmo de que dos mandatarios prestigiosos, aunque con distintos estilos, lo que no tiene nada de malo, Uribe y Santos, resolvieran por orgullo partir el país en dos.¿Quién es más culpable? ¿El narcotráfico que todo lo basaba en la riqueza; la guerrilla, que utópicamente pensaba en llegar al poder; o los políticos que siendo los más preparados, los más capaces, y los más inteligentes echaron todo por la borda con tal de darlo gusto a sus ambiciones egoístas?Ante la hecatombe descrita, ¿qué hay que hacer? Votar en Blanco.

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