El pesebre

El pesebre

Diciembre 21, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

Siempre me gustaron los pesebres y recuerdo con nostalgia aquella época en que uno mismo ayudaba a conseguir el musgo y en unión de sus seres más queridos ponía el encerado y con paciencia iba colocando las distintas figuritas que lo conformaban. La consabida cascada de papel plateado que terminaba en un pedazo de espejo que simulaba un lago; algunos patos nadando en él, rodeados desde la orilla por diferentes aves de corral y la diminuta cabaña del pescador, sentado en una piedra junto a un par de vacas y algunos asnos. Más arriba un caserío y cerca de él muchos pastores que cuidaban una buena cantidad de ovejas de algodón y de plástico, acompañados por sus fieles perros. A lo lejos Melchor, Gaspar y Baltasar, los 3 reyes que con sus camellos iniciaban el viaje para visitar al recién nacido y en un sitio especial el pueblito de Belén y una estrella de brillante papel de colores que coronaba el portal, la esencia del pesebre, en el que las figuras de María, José, la mula y el buey rodeaban el lecho de paja en el que el 24 se colocaría la figura del Niño Dios.La idea del pesebre se remonta a 1223 cuando Francisco de Asís, en un momento de inspiración, resolvió revivir lo ocurrido en Belén 13 siglos atrás y convenció a un noble potentado de la ciudad de Greccio que festejaran el nacimiento de Jesús en un bello terreno de su propiedad que estaba rodeado de pequeñas cataratas y transparentes riachuelos, lleno de árboles y cuevas. Montó el primer pesebre con animales vivos y los pobladores de la región se convirtieron en protagonistas humanos de los distintos personajes, logrando revivir fielmente la fría noche de diciembre en que San José y la Virgen, cansados de su viaje desde Nazareth, consiguieron con dificultad que el dueño de un establo dedicado a proteger del fuerte invierno a algunos semovientes, les permitiera dormir allí.Francisco había nacido en Asís, Italia, en 1182, hijo de un rico mercader. Hasta cumplir los 20 años fue un muchacho pendenciero y mundano. Entonces, tras superar una grave enfermedad, decidió cambiar de vida, renunció a los cuantiosos bienes heredados de su padre y se dedicó al apostolado y a servir a los humildes, llegando a vivir como un ermitaño. Hizo de los animales sus hermanos y con autorización del Papa Inocencio III fundó la Orden Religiosa de los Franciscanos. Falleció en 1226 y dos años después fue canonizado.La costumbre del pesebre se fue arraigando cada día más y aún hoy se conserva. Por todas partes se ven pesebres. En numerosos hogares, en las iglesias, en muchos parques y hasta en las vitrinas de los almacenes de los más importantes centros comerciales. Los hay en las grandes ciudades y en las poblaciones más sencillas.Como me gustan tanto los pesebres, hace muchos años vengo coleccionándolos. Son cerca de 300, la mayoría pequeños. El primero lo compré por curiosidad, me han regalado otros y el último lo adquirí la semana pasada llevado por la costumbre. Su valor comercial es pequeño, pero para mí tienen un gran valor sentimental y la virtud de irradiar una enorme sensación de paz.Coletilla: Como regalo de Navidad a los lectores de esta columna transcribo enseguida la muy conocida Bendición de San Francisco de Asís: “*El Señor nos bendiga y nos guarde. *Nos muestre Su rostro y tenga misericordia de nosotros. *Vuelva el Señor Su rostro hacia nosotros y nos conceda la paz. *El Señor nos bendiga”.

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