De mal en peor

Junio 05, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

La situación interna de Venezuela va de mal en peor, lo mismo que las relaciones de ese país con Colombia. Y todo porque es muy difícil entenderse bien si no existe un verdadero deseo de hacerlo. Cuando el presidente Santos, en una jugada política que entonces pareció inteligente, resolvió olvidarse de todos los insultos que Hugo Chávez había proferido contra él, contra el presidente Uribe y contra Colombia y declararlo su ‘nuevo mejor amigo’, creyó equivocadamente que el presidente venezolano también pensaba con sinceridad en afianzar sus relaciones personales, lo cual no era así. Esa nueva amistad se cimentó sobre unas bases tan débiles y falsas que no podía perdurar.Pero como Chávez murió, no hubo tiempo de que se dañaran. Tenía que entrar a reemplazarlo una persona tan mediocre como Nicolás Maduro para que se pelara el cobre de la realidad. A la primera oportunidad Maduro se lanzó contra Colombia, porque esta nación soberana cometió el pecado de que su Presidente recibiera en audiencia privada a Henrique Capriles, líder de la oposición al gobierno venezolano y valeroso político que desde el pasado abril viene denunciando el fraude de las elecciones en que ‘se eligió’ a Maduro, así como la triste situación económica, social y política que vive su país.Ya Maduro no sabe qué hacer para que su pueblo lo vea como la reencarnación de Chávez, de quien ahora se califica como ‘su hijo’ y no contento con sandeces tan grandes como la del comandante que se le apareció en forma de pajarito, o su reciente afirmación de que “a Bogotá llegó con un veneno un grupo de expertos de Miami que ahora está preparándose para venir a Venezuela a inoculármelo a mí”, ha iniciado la etapa de los insultos, con una voz altisonante que le queda pésima porque no es espontáneo ni tiene carisma. Mientras Chávez era un maestro en embrujar a las masas y profería las peores diatribas con una gracia especial que lo volvía folklórico, Maduro es simplón y actúa como un politiquero de mal gusto. Pero además es una especie de vocero de los varios mandatarios que tiene Venezuela y, como tal, parece no tener autoridad suficiente y estar obligado a darles gusto a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, y al canciller Elías Jaua, quienes aparentemente detentan el poder detrás del trono.Dentro de Colombia, el presidente Santos ha tenido apoyo general. Lo han rodeado los políticos, los gremios, la iglesia, los medios y la opinión pública. Porque como han dicho varios analistas “la reacción de Maduro es exagerada e irresponsable, infantil y malcriada. Colombia no tiene nada que explicar porque lo que ha hecho su gobierno es normal; el Presidente Santos puede reunirse con quien quiera sin que su agenda tenga que pasar por la oficina del Presidente de Venezuela”.Yo también estoy de acuerdo con el presidente Santos, quien en mi opinión no actuó impulsivamente sino que, con seguridad, midió con cuidado las posibles consecuencias de aceptar la visita de Capriles. Pero, así mismo, creo que se equivocó al decir que “tiene que haber un malentendido”, porque esas palabras suenan a debilidad en un momento en que debía demostrar firmeza. Está muy bien que Colombia trate de mantener buenas relaciones con sus vecinos, pero no a cualquier costo. Por el contrario, Santos perdió la oportunidad de hacerle ver a Maduro que, como dijo Benito Juárez, “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

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