Asesinos al volante

Septiembre 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto José Holguín

En estos días se supo en algunos medios que un conductor borracho atropelló a una pareja que con su hijo de cinco años caminaba por una de nuestras calles. Ella tenía ocho meses de embarazo. ¿Resultado? El padre y el niño tuvieron lesiones leves y la señora sufrió heridas graves que hicieron necesaria su hospitalización, aparte de que fue necesario hacerle una cesárea de urgencia. Dos horas después el bebé murió. Como si fuera poco, el conductor intentó fugarse y el dictamen de Tránsito Municipal dió como resultado alcoholemia nivel tres. Sin embargo el asesino quedó libre porque, según el fiscal encargado, “la víctima no había nacido por lo que no hubo homicidio sino un caso de lesiones personales”.Dios mío, ¿cómo puede ser ésto posible? La respuesta es muy sencilla. Las leyes y la justicia colombianas son culpables de no haber hecho otra cosa que alcahuetear a los asesinos al volante, esos que manejan en estado de embriaguez. En otras partes del mundo algo así habría sido un escándalo de primera plana. Aquí casi no se publica porque ya no es noticia.Casos como éste se presentan en Colombia casi a diario y los causantes muchas veces no son muchachones rebeldes o inexpertos sino personas supuestamente civilizadas, y muy comúnmente funcionarios públicos que se envalentonan al ser detenidos y amenazan con el famoso “usted no sabe quién soy yo”.Es aterrador lo que informa la Dirección de Tránsito y Transporte. En los primeros ocho meses de este año se han hecho 41.727 comparendos a conductores borrachos. Esto equivale a 5.220 al mes y 174 al día. Pero lo que cuenta José Roberto Riaño, ex director de la policía, no se puede calificar de aterrador sino de increíble; en un operativo llevado a cabo la noche del viernes 2 de agosto pasado en algunas de las principales ciudades del país, con participación de 2.500 agentes, fueron sorprendidos 1.608 conductores borrachos.¿Qué más necesitamos para sacudirnos de esta plaga de asesinos? ¿Cuándo se convencerán nuestros legisladores de que una persona que se pone en frente del volante de un vehículo estando borracha es un asesino en potencia? Y un asesino en potencia es un peligro social. Tan grande como el sicario o como cualquiera de los muchos que están en prisión por haber cometido horribles crímenes.Se acaba de radicar en el Congreso un proyecto de ley que puede convertir esta irresponsabilidad en un crimen grave que amerite sanciones ejemplares, de verdad fuertes. Aunque dé tristeza, pero con razón, no hay ambiente para sancionar con cárcel a estos sinvergüenzas porque las que existen no darían a vasto. Pero en cambio se habla de imponer altas multas y se contempla la posibilidad de suspender de por vida la licencia de conducir y decomisar de manera definitiva el vehículo manejado por el asesino que dejó de ser potencial para volverse un asesino a secas. Ojalá que algo así sea aprobado como ley.Esta oportunidad no se puede perder. Es inconcebible que se siga manejando esta epidemia con paños tibios. Nuestra obligación como sociedad civilizada es cortar de raíz con este flagelo sancionado sin contemplaciones a estos asesinos al volante. Criminales que no tienen perdón de Dios y tampoco deberían tenerlo de quienes legislan o hacen justicia.COLETILLA: Se lució la revista Semana con el reportaje que le hizo a “Popeye.” Es el más cruel y duro que he leído en mi vida.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad