“Voté por Cristina Kirchner, pero no cenaría con ella”: Daniel Divinsky

Marzo 17, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
“Voté por Cristina Kirchner, pero no cenaría con ella”: Daniel Divinsky

Daniel Divinsky, fundador de Ediciones de La Flor, de Argentina.

El fundador de Ediciones de La Flor es considerado un editor mítico. El humor es su especialidad y ha publicado a Fontanarrosa y a Quino. Mafalda es su personaje estrella. Habla de la dictadura argentina y su regreso tras el exilio.

En Argentina, país de editoriales y de lectores, Daniel Divinsky, fundador y propietario, desde hace 42 años, de Ediciones de La Flor, es considerado un editor mítico.Divinsky ha publicado durante varias décadas a una pléyade de grandes escritores de su país y del mundo y, dentro del género de humor, principalmente a Quino y a Roberto Fontanarrosa, dos grandes de la historieta argentina, que trascendió fronteras y se hizo universal, a través de personajes como Mafalda, Boogie ‘El Aceitoso’, e Inodoro Pereyra. Justamente esta semana, su gran pupila, ícono internacional, adorada por multitudes en todos los rincones del mundo: Mafalda, cumple 50 años. En esta entrevista, Divinsky cuenta un poco de su vida y de una trayectoria que lo ha llevado a ser uno de los editores consagrados en la historia contemporánea del libro.¿Qué tipo de novelas adapta al formato de historieta?Por ejemplo, Farenheit 451, de Bradburry, y seguimos con El Extranjero, de Camus, con guión e ilustraciones hechas en Argentina.¿No fue complicado negociar con sus herederos?En realidad sí, sus hijos son mellizos y Catherine es quien tiene el poder de decisión. Firmó el contrato y cobró el anticipo, pero la publicación estaba subordinada a su aprobación. Fue una apuesta fuerte porque si no le gustaba perdíamos la inversión. Hoy Gallimard la ofrece para publicar en otros idiomas y la publicará en francés en 2013, para el centenario del nacimiento de Camus. Hicimos también Los Dueños de la Tierra, una novela muy importante de un autor argentino –David Piña- y recientemente La Invención de Morell, una novela clásica de Adolfo Bioy Casares.Este año publicaremos las Crónicas Marcianas de Bradbury y tenemos una opción por El Proceso de Kakfa, y por Crimen y Castigo, en adaptaciones muy buenas que se hicieron en Inglaterra. También hemos propuesto a Anagrama una adaptación de El País de las Últimas Cosas, de Paul Auster. Este género se hace mucho en los Estados Unidos y ya está surgiendo en América Latina.¿Por qué cree que se ha despertado ese apetito por la novela gráfica?Nuestra apuesta se basa principalmente en la cultura de la imagen, a la cual están ya acostumbrados los jóvenes. Se supone que es una forma más atractiva de leer, en la que se resume el texto porque la imagen lo complementa. ¿Eso no desvirtúa la creación literaria?De ninguna manera porque se conserva lo esencial del original. No se lo mutila. Entiendo que en Argentina, el país con mayor número de lectores en América Latina, ha habido, por parte del gobierno, importantes estímulos a la industria editorial...Ha habido dos cosas, en primer lugar una enorme devaluación, que representó una gran ventaja porque los libros importados españoles o mejicanos se hicieron muy costosos y tuvieron que ser sustituidos, en igualdad de condiciones, por libros editados en Argentina. Por otro lado, promovió exportaciones porque los libros argentinos, se hicieron mucho más baratos y crecieron las exportaciones y, en tercer lugar, desde la elección del gobierno de Kirchner se tomaron medidas que aumentaron el presupuesto de compra de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, un organismo que tiene más de 130 años de existencia, bastante autónomo en su elección de compra para las bibliotecas que no son estatales. En el sistema hay 1950 bibliotecas. ¿Cómo es en la actualidad el movimiento literario en Argentina?Hubo una gran interrupción provocada por la dictadura militar, pero después de la restauración de la democracia, a finales de 1983, los autores de 40, 45, 50 años fueron los escritores “jóvenes”, ya que habían estado silenciados durante ese período. Después han aparecido nuevos nombres de gente de menos de 39 años -como lo propuso el Encuentro en Bogotá- que son brillantes y están entregando una producción de excelente nivel, muchos de ellos traducidos en Europa, especialmente en Alemania y Francia.Hablo de Santis, Guillermo Martínez y Pola Oloixarac y de otros menos jóvenes, como Martín Caparrós, un escritor brillante que ganó el Premio Anagrama de Novela.¿Cómo empezó con su editorial?Yo quería estudiar letras pero mi padre, que era médico, me planteó que él no tenía herencia y que me sería muy difícil ganarme la vida como profesor. Decidí estudiar Derecho con la circunstancia de que en el Centro de Estudiantes se publicaba una colección de libritos de jurisprudencia que tenían los secretos de los profesores para absolver lo que preguntaban en los exámenes. Conseguimos asociar el Centro con una editorial que editó estos cuadernos, y tuvimos un éxito enorme. Al mismo tiempo se nos permitía insertar de cuando en cuando algún libro de contenido ideológico.¿Había algún cariz político allí?El Centro de Estudiantes era independiente y no estaba ligado a ningún partido político, pero éramos todos reformistas. Yo quedé de director de la colección y empecé a visitar imprentas para aprender cómo trabajaban los libros en la década del 60, linotipo, plomo en caliente. Después un amigo que nos vendía libros con descuentos enormes a los compañeros de un cine club, puso la Editorial Jorge Álvarez, que marcó un camino en la edición de Latinoamérica porque publicó una cantidad de autores que no eran conocidos y los difundió muy bien por todo el subcontinente. Después vino el golpe militar de 1966, cuando yo hacía un posgrado de sociología. Intervinieron la universidad, echaron a los profesores y vino todo lo que suele derivarse de ese tipo de situaciones , y yo encontré la salida con la idea de poner una librería. No me alcanzó, pero sí pude poner una editorial. ¿Por qué tuvieron usted y su esposa que exiliarse?En 1977 la dictadura de Videla prohibió un cuento infantil de un libro alemán que habíamos publicado y que se llama Cinco Dedos. Es una versión de la fábula según la cual “la unión hace la fuerza”. Eran cinco dedos de la mano que estaban peleados entre sí y había otra mano que los perseguía y los maltrataba. En algún momento descubren que cinco dedos de una mano forman un buen puño. Se empiezan a defender y terminan victoriosos. El libro fue prohibido por un decreto muy sonoro que decía que era “una forma de incitar a los niños a la subversión”. Un disparate absoluto, de los que eran usuales en Argentina en esa época y que luego derivaban en muertos. El argumento, del cual nos enteramos después, era que la mano que triunfaba formaba el puño de los socialistas. ¡Nada que ver!Se sabe que las dictaduras son paranoicas.Aparte de que no son demasiado letradas. Un sargento analizando un texto no es tal vez la persona más calificada. Cometí una ingenuidad propia de abogados democráticos y presenté un recurso pidiendo su revocación y citando decenas de argumentos. El resultado fue un decreto poniéndonos a disposición del Poder Ejecutivo. Nos encarcelaron sin ningún tipo de proceso. Pero vino una protesta internacional muy fuerte, iniciada por editoriales francesas que recogieron firmas en diversos países.En Colombia, uno de nuestros grandes defensores, a quien no conocíamos, fue Otto Morales Benítez. Se creó un movimiento internacional que hizo que aceleraran el estudio del caso, y nos liberaron después de 127 días de cárcel.¿Cómo lograron salir de Argentina?El director de la Feria del Libro de Frankfurt, que estaba casado con una argentina muy militante, se solidarizó y nos invitó a la feria de 1977. Le mandó una nota al presidente Videla diciendo que se hacían garantes de nosotros. Salimos del país el 31 de julio, primero a Lima, después a Guayaquil, estuvimos en Medellín, en Cali y en Bogotá. En ese momento teníamos allí El Zancudo, la distribuidora de Vicente Kataraín que tenía a Gabriel García Márquez como socio, y que nos debía US$2.500. Nos pagaron en pesos colombianos el mismo día en que nos íbamos para Caracas y cuando llegamos allí, decidimos hacer de la necesidad virtud: desdoblamos el pasaje que era Caracas -Panamá e hicimos Caracas- Cartagena- Panamá, así que nuestra primera visita a Cartagena fue en 1977, al Hotel Caribe, donde nos gastamos lo que nos había pagado El Zancudo. Estuvimos exiliados seis años. ¿Qué significó para usted?La esquizofrenia total porque yo seguía viviendo en Argentina. La editorial siguió funcionando aunque mientras estábamos presos le impusieron una clausura de 30 días. Prohibieron una novela de Griselda Gambado, gran dramaturga argentina: Ganarse la Muerte, novela irónica que aunque no tenía ninguna referencia real, fue prohibida “por nihilista y contraria a los valores familiares”. Como si algo obligara a que los libros estuvieran a favor de los valores familiares. En adelante fuimos prudentes con lo que seguimos publicando y manejábamos la editorial por teléfono y por correo postal. Recuperamos la editorial en octubre de 1983, sanísima y seguimos editando. ¿En qué circunstancia regresa a Argentina?Yo vuelvo antes de las elecciones de Octubre de 1983 para incorporarme, como independiente, a la campaña de Raúl Alfonsín. Al mes de asumir Alfonsín me nombraron Director de Radio Belgrano, muy popular, con el argumento de que siendo yo un hombre de la cultura, haría mucho mejor papel -así no supiera nada de radio- que el director en ese momento, un coronel de Artillería.¿Qué era el Movimiento Reformista, en el que usted militó?El movimiento laico originado en la reforma universitaria de 1918. Empezó en la Universidad de Córdoba, la más antigua del país, contra la incorporación de los religiosos a la Educación. Después recorrió toda América Latina. Tenía un espectro muy amplio, que iba desde el centro hasta la izquierda.¿Qué explica que siga habitando en Argentina un sentimiento peronista tan acentuado?La corriente dominante dentro del partido peronista es auténticamente peronista, pero es una versión actualizada, modernizada, más cerca del concepto de socialismo democrático, que de peronismo tradicional. Sucede que la figura carismática de Perón dejó una marca, sencillamente porque todo lo que vino después fue peor. ¿Y Menem, tuvo unas de cal y otras de arena, no?Sí, Menem representó un movimiento que se disfrazó de peronista, pero que era absolutamente neo- liberal. Si hubiera anunciado algunas de las cosas que hizo, jamás lo hubieran elegido, como la mala privatización de todas las empresas estatales, con enormes comisiones de intermediación para funcionarios y políticos menemistas. Eso hizo que hubiera una solvencia económica en su primer mandato y una enorme prosperidad. Eso se acabó rápidamente y empezó la caída que hizo desastroso el segundo gobierno de Menem, finalmente derrotado por una alianza de radicales y socialistas -a la que yo apoyé- y que después también se reveló muy inepta en lo político y económico.¿Cómo logró ser reelegida Cristina Fernández?Porque es una mujer inteligente, con mucho carisma y con buen manejo del poder. Uno de los problemas de los radicales es que no tienen buenas relaciones con el poder, en cambio los peronistas saben manejarlo. A veces democráticamente, como ahora, y a veces arbitrariamente. Yo no saldría a hacer una proclama a favor de Cristina, pero la he votado y no me parece mal lo que hace. Claro que no iría a cenar con ella, si me invitara. ¿Y por qué?Porque no es mi estilo y porque ¡no me invita! Risa.¿Cómo está el tema de la libertad de expresión en Argentina?Irrestricta. Se ha presentado una ley de medios totalmente razonable, que pretende evitar la concentración del poder mediático en algunos grupos. El más significativo es el Grupo Clarín, una multimedia, en parte propiedad de un grupo financiero norteamericano, al que se le intimó con esta ley a una desinversión, es decir que tienen que ir desprendiéndose de algunas de sus inversiones. Este es un grupo que en los inicios podría tener alguna complicidad con Kirchner, pero que se distanció. Sin embargo yo creo que cuando vea la posibilidad de hacer negocios con el gobierno también va a dejar sus posiciones, porque no es una cuestión ideológica sino de interés económico.En su muy larga trayectoria como editor, ¿cuáles han sido sus grandes aciertos?A kilómetros luz de todas las demás, Mafalda. Quino tuvo problemas para cobrar sus derechos y, como era amigo nuestro, recurrió a nosotros como abogados para cobrarlos. Solucionamos la cuestión amistosamente, sin necesidad de juicio y él nos propuso que la Editorial De La Flor editara Mafalda. Eso ocurrió en el año 70 y es de lejos el autor más vendido. Hemos publicado ya nueve tomos de Mafalda en inglés. Otro autor de gran repercusión es Roberto Fontanarrosa, otro Nik, el autor de Gaturro, que es un fenómeno demoledor, con tiradas iniciales de 40 mil ejemplares, que no veíamos hacía mucho tiempo. Y Liniers, muy brillante, apreciado por los adolescentes. Esto por el lado del humor. Por el lado serio fuimos los editores de ‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco. También tenemos un cuento para niños que se edita con mucha repercusión desde hace 35 años y que se llama ‘Los tres astronautas’, también de Eco. Los libros de Rodolfo Walsh, un periodista de investigación, brillante, desaparecido en el 77 y fusilado en la Escuela de Mecánica de la Armada, que escribió el primer libro de ficción, ‘Operación masacre’, antes que Truman Capote escribiera ‘A sangre fría’. Ese libro es paradigmático porque tiene ya 80 ediciones. Un crítico dice que, si no hubiera sido asesinado por los militares, Walsh sería un prosista mayor que Borges. ¿Y cómo llegó Roberto Fontanarrosa ‘El Negro’ a su editorial De la Flor?Yo me puse en contacto con él en 1971 proponiéndole la publicación de un libro que se tituló ‘¿Quién es Fontanarrosa?’, porque en esa época no lo conocía mucha gente. Después empezó a colaborar con el Diario El Clarín, y en una revista aparecieron ‘Boogie el Aceitoso’, gran personaje publicado también en Colombia, e Inodoro Pereyra. Luego empezó a escribir narrativa; novelas como ‘Best seller’ y ‘El área 18’, de tema futbolero. Estábamos exiliados en Caracas cuando me envió su primer libro de cuentos, que se llamó ‘El mundo vive equivocado’, y desde entonces publicó con nosotros veintitantos libros de cuentos y otra novela, ‘La gansada’.Queda un libro póstumo inédito, titulado: ‘Negar todo y otros cuentos’, cuyo trabajo hicimos Daniel Samper y yo, porqué él es un experto en Fontanarrosa. Pero hay un problema con la herencia y no se podrá publicar hasta que se resuelva. ¿Qué tipo de literatura le gusta y cuáles son sus autores favoritos?Podría mencionarle al crítico de arte, pintor y escritor inglés, John Berger, de quien tuve la suerte de publicar dos libros. Rudolf Steiner, un gran escritor, inglés también. Me gusta mucho Paul Auster y, entre los argentinos, David Viñas, Tomás Eloy Martínez y Guillermo Martínez. De los latinoamericanos, Gabo, es una obviedad. Me gustan los primeros libros de Vargas Llosa. Los otros no, porque pienso que se reitera y que se ha convertido en un escritor farragoso, aparte de que me molestan sus posiciones políticas. Por lo demás voy picoteando, leyendo por curioso.¿Ve muy amenazada la industria editorial clásica con el auge de Internet, los libros, revistas y periódicos virtuales?Creo que va a coexistir como coexistió el teatro con el cine y la radio con la televisión. Se va a redimensionar.

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