Uruguayos cuestionan que su país sea el más pacífico del continente

Noviembre 11, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co
Uruguayos cuestionan que su país sea el más pacífico del continente

Uruguay ha sido un país que tuvo un alto nivel de vida en los 80 y 90 y niveles de corrupción mucho más bajos que en el resto de América Latina. Las calles de su capital, Montevideo, siguen siendo tranquilas, pese a lo que dicen algunos habitantes. Para algunos viajeros, tan tranquilas que casi resultan aburridas.

Mientras un estudio lo destaca como el país más pacífico, sus habitantes lo cuestionan. Sobre esa base, el Gobierno habla de legalización como salida.

José ‘Pepe’ Mujica, el presidente uruguayo del Frente Amplio, vive en Rincón del Cerro, en la periferia de Montevideo, en su vieja casa, con un Volkswagen destartalado, una perra vieja y una huerta. Mientras que los demás presidentes latinoamericanos andan rodeados de escoltas, este exguerrillero que ahora ocupa el sillón presidencial, cruza la calle de su casa para ayudar a un vecino como un ciudadano más.Su ejemplo es todo un símbolo de la situación en Uruguay, un pequeño país de 3.380.000 habitantes considerado el más seguro de América Latina.Según un informe de Latinobarómetro (ONG con sede en Santiago de Chile que realiza encuestas y estudios sobre América Latina), Uruguay sería el país más pacífico del continente. La tasa de homicidios en 2010, por ejemplo, fue de 6,1 por cada 100.000 habitantes, contra 37,7 de Colombia.Tranquilidad que no tranquilizaSin embargo, a pesar de la tranquilidad de Montevideo y de las demás ciudades uruguayas, en comparación con San Pablo, México o Bogotá, paradójicamente la mayoría de los uruguayos considera que el principal problema del país es la inseguridad. Esto habría afectado la popularidad de Mujica, que bajó de 66% en 2010 al 39% en septiembre de 2012. Por esta razón, el gobierno Mujica presentó en junio pasado un paquete de 15 medidas para combatir la inseguridad. El anuncio estrella ya es conocido: regular la comercialización de marihuana, convirtiéndose en el primer país del continente que encara una decisión tan radical. Tener la seguridad como tema prioritario en la agenda pública ha sido, también de alguna forma, una manera de enfrentar el problema. Pensar en la legalización desde la institucionalidad hace parte de dicha intención.La despensa del pasadoFabián Kovacic, corresponsal del semanario uruguayo Brecha en Buenos Aires, explica las razones que, a su parecer, hacen del país una de las naciones más tranquilas en este momento: “Uruguay ha sido un país que tuvo un alto nivel de vida y los niveles de corrupción han sido más bajos. La Policía, más allá de los años de dictadura, no está tan manchada con sangre como la de otros países. Recién en los últimos años, el país ha comenzado a tener un tránsito leve de drogas, y por eso los niveles de delito no son muy grandes”.A esto se agregan algunas garantías sociales, como el sistema de desempleo: “Si bien no te dan mucho dinero, hay una estructura que amalgama varias instancias gubernamentales que colaboran con las familias desempleadas y, por eso, hay un mayor nivel de contención social”, señala.Lo que dice Kovacic es corroborado por algunas cifras: en 2011 la indigencia bajó a la mitad, pasando de ser el 1,1% de la población al 0,5%; es decir, 20 mil uruguayos salieron de la pobreza extrema. Al mismo tiempo, la pobreza cayó 5%, siendo la mayor caída desde los años ochenta, ubicándose en el 9,5%, según el Instituto Nacional de Estadística. Eso, pese a que en Montevideo existe un 16,5% de pobreza, lo que sitúa a la capital bastante por encima del nivel nacional.La preocupación no es gratuitaEn el paraíso, una manzana podrida es el infierno. Según el Informe del Observatorio Hemisférico de Seguridad de la OEA, la tasa de robo en Uruguay va en ascenso. La noticia, que en otros países casi es cotidiana, en Uruguay significa una situación alarmante al ver que los robos se duplicaron en los últimos diez años: el hurto pasó de 1.836 casos por cada cien mil personas en 2.001, a 2.825, en 2009.En cuanto a la droga, si bien las cifras son mínimas comparadas con las de Colombia o Perú, también ha aumentado en cuanto a incautaciones: en 2009 se retuvieron 2.467 kilos de cocaína, contra 838 del año anterior. También es una preocupación del Gobierno el consumo de alcohol, marihuana y cocaína entre los jóvenes: según el estudio de la OEA, en 2009, 53% de jóvenes que cursaban secundaria tomaron alcohol en los treinta días anteriores a la encuesta, porcentaje superior al promedio de América del Sur, que fue de 40%. El uso de cocaína entre este mismo rango de jóvenes fue de 2.5% en 2009, mayor incluso que en Estados Unidos (2.2%); y el de marihuana fue de 10,3%, cuando es 6.3% el promedio en América del Sur.Al respecto, Guillermo Garat, periodista y autor del libro Marihuana y Otras Yerbas, explica a El País desde Montevideo que “Uruguay ha sido un país con una alta tolerancia al consumo de marihuana, que es muy alto. Es la cuarta droga”.¿Pescando en río revuelto?Todo este panorama gravitante entre la tranquilidad y el rompimiento de la misma, es la base en la que se apoya el Gobierno Mujica para legalizar el consumo. Entre las medidas contempladas por el Gobierno se estima también aumentar las penas para la corrupción policial y el tráfico de pasta base; combatir con más dureza la violencia doméstica; el incremento de sanciones a menores que delinquen; mejorar la eficiencia policial y la creación de zonas de convivencia para aumentar la vida social.En referencia a la de importación, producción, almacenamiento, comercialización y distribución de marihuana, en el Congreso se está preparando una reglamentación que permitiría el autocultivo a nivel de clubes y, probablemente, individual a través de una fuerte regulación. El debate al respecto, también ‘rompe’ la tranquilidad uruguaya. El otro tema que ha desatado un fuerte debate es el de la baja en la edad de imputabilidad, propuesta por los principales partidos de oposición, el Nacional y el Colorado, que juntaron 350.000 firmas para pedir un referéndum sobre la medida. Este tema será crucial en la futura campaña electoral. La Unicef se opone, diciendo que cualquier modificación a la baja de la edad para juzgar a los jóvenes violaría la Convención sobre los Derechos del Niño. De uno y otro lado, en todo caso, la preocupación es la misma: intentar vivir en paz. Para el periodista Garat, Uruguay, pese a todo, es mucho más seguro que hace diez años: “Lo que hay es una sobre exposición del tema, un aprovechamiento político y un no saber qué hacer por parte del gobierno”.

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