Tormenta del Desierto, triunfo que despertó el odio musulmán

Enero 15, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee | Analista Internacional
Tormenta del Desierto, triunfo que despertó el odio musulmán

Historia. La guerra del Golfo duró apenas 42 días. Fue un conflicto aéreo que golpeó a los iraquíes y en febrero los tanques obligaron a retroceder a las fuerzas de Hussein.

Mañana se cumplen veinte años del inicio de la Operación Tormenta del Desierto, la campaña militar para expulsar a las fuerzas iraquíes de Kuwait en enero de 1991.

Mañana se cumplen veinte años del inicio de la Operación Tormenta del Desierto, la campaña militar para expulsar a las fuerzas iraquíes de Kuwait en enero de 1991. La guerra, adelantada bajo el mando de George Bush padre, fue la primera de Estados Unidos después de Vietnam, y la primera que sucedió al terminar la guerra fría. La operación fue un éxito fulminante, haciendo retroceder en 42 días a Saddam Hussein.Nadie podía prever, entonces, las temibles consecuencias que este éxito mortal acarrearía para Estados Unidos. Allí, entre las arenas del desierto, entre los tanques que avanzaban raudos, se estaba generando la maldición de Osama bin Laden, el odio visceral a las tropas ocupantes, que años después se volvería como un bumerang contra Estados Unidos, ya no contra Bush padre, sino contra su hijo.Doce años después, en el 2003, George Bush hijo concluyó la tarea iniciada por su padre, invadiendo Irak, derrocando a Saddam Hussein, y quedándose hasta hoy. Tormenta del Desierto fue una prueba de fuego para Estados Unidos. Quince años antes, el ejército estadounidense había sido derrotado de manera humillante por las guerrillas vietnamitas. En 1991, el imperio soviético trastabillaba. Había caído el Muro de Berlín y todos los gobiernos comunistas del Este de Europa. En unos meses más, la Unión Soviética se iba a desintegrar. Hasta entonces, Iraq había pertenecido al área de influencia soviética, pero al sucumbir el imperio, Saddam Hussein se sintió con las manos libres. El dictador no era una figura desconocida para Occidente: por el contrario, Estados Unidos y Gran Bretaña lo apoyaron en 1980 cuando invadió Irán, tras la caída del Sha y el triunfo de la revolución de los ayatolas, dotando a su ejército con las mejores armas.Hussein invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990 y se temió que continuara su invasión ocupando los pozos petroleros de Arabia Saudita, haciéndose dueño de la reserva petrolera más grande del mundo.Los estrategas del Pentágono diseñaron una guerra aérea, en su primera fase, en la cual el poderío de la aviación reduciría a nada la resistencia del ejército iraquí, enterrado en trincheras en las arenas del desierto. Superada la resistencia inicial, el 23 de febrero los tanques ingresaron al territorio iraquí obligando a retroceder a las fuerzas de Hussein. La coalición cesó su avance y declaró un cese al fuego cien horas después. En total, la guerra duró apenas 42 días.Sin embargo, EE.UU. no aniquiló a su enemigo. Dick Cheney, secretario de Defensa durante la guerra, dijo más tarde: “Si hubiéramos entrado a Iraq todavía tendríamos fuerzas en Bagdad hoy. Estaríamos gobernando el país. No hubiéramos sido capaces de sacarlos a todos y traerlos sanos a casa”.Nace un enemigoNo sabía George Bush padre, que la furia de la Tormenta del Desierto haría nacer al futuro enemigo, el más temible de Estados Unidos: Osama bin Laden y el integrismo musulmán.El idilio con bin Laden se mantuvo hasta la Tormenta del Desierto, cuando las tropas norteamericanas “profanaron” la tierra de Mahoma y se instalaron en Arabia Saudita como base de operaciones para lanzar la guerra contra Iraq, otro país musulmán. Esta afrenta al islam fue demasiado, bin Laden y sus amigos declararon la guerra al imperio del norte. El hijo termina la tareaEl atentado contra las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001, que va a cumplir diez años, llevó a Bush hijo a terminar la tarea inconclusa de su padre. Con el argumento de buscar armas de destrucción masiva en manos del dictador iraquí, Estados Unidos invadió Iraq por segunda vez en 2003.Bush hijo hizo lo que no quiso su padre: ocupó Iraq, destituyó a Saddam Hussein, que fue luego ejecutado, e impuso un nuevo gobierno. Las fuerzas ocupantes disolvieron el ejército iraquí, dejando el país librado a una sangrienta guerra entre las dos comunidades religiosas, los musulmanes sunnitas y los chiítas.A diferencia de su padre, George Bush hijo no cargó con los laureles del triunfador. La guerras de Iraq y Afganistán se fueron convirtiendo en una pesada carga, de la que Estados Unidos no termina de salir. En febrero del 2009, el nuevo presidente Barack Obama anunció un plazo de 18 meses para retirar las tropas de combate, dejando 50.000 soldados para “asesorar” a las fuerzas iraquíes, y en agosto de 2010, Obama declaró que la operación de combate en Iraq había terminado. Se espera que estas tropas terminen de salir a fines de 2011.Al día de hoy, hay 4,5 millones de refugiados, 35% de los niños iraquíes son huérfanos, la situación humanitaria es crítica, en medio de un país devastado.Como cantan los iraquíes en sus manifestaciones, “sin agua, sin electricidad, en el país de los dos ríos y del petróleo”. La inestabilidad política no cesa. Tormenta del Desierto fue un éxito militar, pero sembró las semillas del odio político y religioso, de los atentados terroristas, de las guerras de Iraq y Afganistán en este siglo. No será la primera vez que un contundente triunfo militar se convierte en una trampa política y financiera de la cual los Estados Unidos todavía lucha por salir.

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