Ser conductor en la Franja de Gaza, una tarea que puede ser mortal

Agosto 25, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpaís.com.co | AFP

Un hombre que transporta agua cuenta cómo es trabajar en su vehículo, sabiendo que puede ser blanco de la aviación israelí.

Mohamed al Jatib sabe que pone su vida en peligro cada vez que se sienta al volante para recorrer las carreteras de Gaza y abastecer de agua a los refugiados palestinos en la Franja.A los 23 años ya ha vivido dos guerras contra Israel, las de 2008-2009 y 2012, pero confiesa que nunca había visto tanta violencia, tantas bombas y tantos muertos como en el último conflicto."Desde que conduzco, tengo miedo, tengo los nervios a flor de piel", dice este conductor en el hangar de la pequeña fábrica desaladora, con el ruido de fondo de los bombardeos israelíes. Su carga es valiosa. El 90% del agua del grifo no es potable en Gaza. El agua de mar desalada se ha convertido en un recurso de primera necesidad para los palestinos, en particular los refugiados.Pese a la demanda, la planta desaladora no funciona muy bien. Los conductores tampoco se precipitan para salir, ya que los vehículos de transporte suelen ser blanco de la aviación israelí.Mohamed al Jatib está agotado por el trabajo y el estrés. "A veces, voy a entregar (agua) a una casa y descubro que ha sido bombardeada", explica. "Por ejemplo, la familia Mata. Solía ir a llenar regularmente el depósito de agua a su casa. Un día fui y ya no había casa".Los bombardeos no son lo único que afecta a su vida diaria profesional. Tres de sus amigos han muerto y varios han sido heridos.Normalmente, en su casa del norte de Gaza viven ocho personas, pero actualmente abriga a 30 allegados refugiados. Mohamed tiene buen corazón", dice sonriente su jefe y propietario de la planta desaladora Hosam Huneif. "En cuanto su esposa oye un bombardeo, le llama y le dice que vuelva a casa y es lo que hace", dice Huneif."Uno de mis empleados solo ha venido a trabajar un día desde el inicio de la guerra, su familia tiene demasiado miedo por su vida y le prohíbe salir de su casa", agrega.Situada al fondo de un camino de arena por el que suelen circular los asnos, la fábrica de Hosam Huneif es modesta y parece un almacén. Los camiones vienen todas las mañanas para cargar agua y se van a hacer la ruta de colegios y casas del norte y del centro de la Franja de Gaza. Las carreteras son difíciles porque muchas están destruidas por las bombas.'Mi hijo no ha bebido'Según la organización no gubernamental Oxfam, un tercio de los 1,8 millones de palestinos de Gaza carece actualmente de agua potable. En los barrios más devastados de Gaza, como el de Shajayia, solo hay agua una o dos horas por día. El hijo del propietario de la planta, un estudiante de informática de 24 años, echa una mano a su padre desde el principio de la guerra. "Al principio no tenía muchos problemas. Pero cuando los tanques y soldados entraron (en la Franja de Gaza), la gente empezó a evacuar y ahí se complicó", cuenta Mahmud Huneif."La gente me para en medio de la carretera para decirme: 'por favor, mi hijo no ha bebido' y tratan de arrebatarme el agua", cuenta.Saca su teléfono del pantalón y muestra el vídeo de un incidente que le marcó, un bombardeo en la carretera delante de sus ojos, durante uno de sus repartos."El miedo, la muerte. Eso es lo que sentí", cuenta el joven. La planta de su padre tampoco está exenta de peligro. "Ayer cayó una bomba a 100 metros de aquí", dice su padre. "Pero tenemos que seguir trabajando. Somos una empresa y realizamos también una misión humanitaria".

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