Rusia busca la reintegración a cualquier costo

Mayo 11, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee | Corresponsal de El País
Rusia busca la reintegración a cualquier costo

Tensión. Tropas ucranianas instalaron varios puestos de control en la entrada de la ciudad de Slaviansk, en el este del país, donde los prorrusos han hecho varios ataques.

En el radar de Rusia no solo está recuperar territorios en Ucrania, también en Moldavia, en Georgia y Osetia.

La reintegración de Crimea a Rusia y el conflicto en el suroriente de Ucrania han revuelto las piezas del ajedrez global y han abierto una gran incertidumbre en el este de Europa. Hace un cuarto de siglo, la Unión Soviética se desintegraba dando nacimiento a quince repúblicas independientes. En su salida incruenta y silenciosa de escena, tan solo saltaron algunos pequeños conflictos regionales en Nagorno Karabaj (Azerbaiján), Osetia del sur y Abjasia (Georgia) y Transnistria (Moldavia).Desde entonces, 25 millones de rusos quedaron por fuera de su país, cobijados por las banderas de naciones vecinas, pero Moscú no hizo nada para recuperar esos territorios. Por el contrario, estableció fronteras y firmó tratados. Ahora, Rusia se siente amenazada: desde 1990 hasta hoy, la Alianza Militar Atlántica, Otan, se corrió hacia el Este incorporando doce nuevos países, entre ellos los tres países bálticos, y amenazó con agregar dos de sus vecinos más cercanos: Georgia y Ucrania.Rusia puso el grito en el cielo en 2008, cuando Georgia desató un conflicto fronterizo en Osetia del Sur. Este fue el antecedente de la crisis que estalló en Ucrania y que llevó a Rusia a decidir la reincorporación de Crimea, modificando de manera radical su política internacional y sus relaciones con Occidente.Esto ha llevado a los observadores internacionales a fijar su atención en los puntos de conflicto heredados de la era soviética, y más en general, a la relación de Rusia con su “cercano exterior”.TransnistriaDespués de los sucesos de Crimea, los ojos del mundo se posaron en la pequeña región de Transnistria, un enclave ruso en Moldavia, una angosta franja sobre el río Dniéper en la frontera entre Moldavia y Ucrania, en la zona de Besarabia. Luego de la declaración de independencia de Moldavia, en 1992 tuvo lugar la guerra con esta pequeña región separatista prorrusa, que desde entonces reclama reconocimiento internacional. Luego hubo un acuerdo tripartito entre Rusia, Moldavia y Transnistria para supervisar una zona desmilitarizada a los dos lados del río, pero la independencia de Transnistria sigue sin resolverse, aunque funciona como una república con su parlamento y su presidente.Con los 1500 soldados rusos estacionados en los alrededores de Tiraspol, la capital. Más aún, cuando, según encuestas de 2006, un 97% de la población está de acuerdo en unirse a Rusia, pero el canciller ruso, Serguei Lavrov, manifestó que estaban en favor de la integridad territorial de Moldavia.Sin embargo, los hechos violentos de los últimos días hacen prever que la reunificación rusa continuará a costa del desmembramiento de Ucrania, donde las fuerzas separatistas siguen incursionando en enclaves como Slaviansk, donde el viernes hubo 21 muertos en enfrentamientos entre militares ucranianos y rebeldes prorrusos, y la región de Donetsk, donde este domingo se abrirán las urnas para que sus ciudadanos definan si quieren seguir de lado ucraniano o regresan bajo el dominio del Gobierno de Moscú. Osetia del Sur y Abjasia Osetia del Sur, en Georgia, está separada de Osetia del Norte, parte de Rusia, por una frontera en lo alto de las montañas del Cáucaso. La región está habitada por osetinos que hablan su propia lengua, y los georgianos son menos de un tercio de la población. Desde el colapso de la URSS y la independencia de Georgia en 1991, Osetia del Sur declaró su independencia, pero Georgia nunca la reconoció y Rusia tampoco. En agosto de 2008, los intentos de Georgia de ganar control sobre el área provocaron una miniguerra con Rusia, que acudió en defensa de sus ciudadanos, ya que la mayoría tiene pasaporte ruso. Las fuerzas de Tbilisi fueron derrotadas, tras de lo cual, rompiendo la tradición de 20 años, Rusia reconoció la independencia de la república. Abjasia, a orillas del mar Negro, declaró su independencia de Georgia en 1999, aunque Georgia continua considerándola parte de su territorio. Rusia tampoco reconoció su independencia, aunque facilitó a los abjasios la ciudadanía rusa. Después de la guerra de 2008, Rusia por primera vez reconoció su independencia y tomó control de sus fronteras con Georgia.El “mundo ruso”La reintegración de Crimea refleja el cambio en la política exterior rusa de los últimos años. Igor Seveliov, en la revista rusa Global Affairs, considera que esta medida “no fue dictada por la aspiración de aumentar el territorio, sino por un cambio de concepción muy profundo sobre las relaciones internacionales”. Para el autor, tras la disolución de la URSS surgieron tres posiciones: la de los liberales, los realistas-estatistas y los nacionalistas. Los liberales querían convertir a Rusia en parte de Occidente y tuvieron su momento de gloria en los años 90 con Boris Yeltsin. Pero sufrieron un serio retroceso cuando las promesas de integrar a Rusia en Europa se vieron frustradas por la ampliación de la Otan hacia el Este y la guerra contra Yugoslavia, país eslavo hermano de Rusia.Ante el fracaso de los liberales, bajo cuya conducción Rusia retrocedió sin descanso, la conducción de la política exterior recayó en lo que el autor denomina los “realistas-estatistas”, cuyo máximo representante fue el excanciller Evgueni Primakov. Contra la política de Estados Unidos de tratar a Rusia como una potencia vencida, se trataba de restaurar el poderío económico y militar para frenar la hegemonía de Washington y reposicionar a Rusia como potencia importante en un mundo multipolar.Con la recuperación económica en la primera década de este siglo y la llegada al poder de Vladimir Putin, esta tendencia se afianzó, aunque manteniendo buenas relaciones con Occidente y colaborando con la Otan, como en Afganistán, donde Rusia fue un apoyo decisivo para la lucha contra Al Qaeda después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero la política expansionista de Estados Unidos – guerra de Iraq, campaña de Libia en 2011- y la expansión de la Otan, han fortalecido en el interior de Rusia una tendencia más nacionalista, que critica al gobierno de Putin por sus acuerdos con EE.UU. y su falta de defensa de los rusos en otros países. Sus más conspicuos representantes eran el escritor Alexandr Solzhenitsin, ya fallecido, Guenadi Ziuganov, líder del Partido Comunista, y Vladimir Zhirinovsky, del Partido Liberal Democrático. Así se ha ido formando el concepto de “mundo ruso”. No se trata de un concepto legal sino de un término que abarca ideología, cultura y religión. En 2014, las dos ideas de “compatriotas en el exterior” y “mundo ruso”, se unieron en una “retórica de renacimiento de Rusia”, escribe Seveliov. Así dijo Putin en su discurso del 18 de marzo cuando se aprobó la reincorporación de Crimea: “El pueblo ruso es uno de los mayores, si no el mayor pueblo disgregado del mundo”. Occidente “se pasó de la raya”, dijo, porque sabe que en Ucrania “viven millones de rusos”, y puso a Rusia en una situación “en la cual no podía ceder más”. Nada de esto significa que Rusia vaya a avanzar por el camino de reunificar a los compatriotas del mundo ruso. Pero sí lleva a preguntarse: ¿qué pasó en los últimos 25 años, para que el Occidente triunfador de la guerra fría no haya podido integrar a Rusia?

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