Rebelión de los intelectuales, otro problema para el Presidente de Rusia

Mayo 19, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee | Especial para El País
Rebelión de los intelectuales, otro problema para el Presidente de Rusia

El presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Escritores y poetas exigen al Gobierno de Vladimir Putin más libertad y respeto. Preparan marcha para el 12 de junio.

Que los artistas son una fuerza de cambio, que aman la libertad y se oponen a las injusticias y a los poderes represivos, es una verdad desde los tiempos de Alejandro Pushkin. La marcha pacífica del domingo 7 de mayo, en la cual decenas de escritores e intelectuales marcharon por las calles de Moscú seguidos por unas diez mil personas, fue llamada “caminata de prueba”, porque los participantes pretendían demostrar que se puede pasear un domingo por Moscú sin permiso, sin ser “golpeados, encerrados, envenenados con gas, detenidos, arrestados o sujetos a la provocación”.El lugar elegido fue emblemático: la estatua de Alejandro Pushkin, el poeta que se enfrentó al zar Alejandro I y vivió parte de su vida exiliado en el Cáucaso o en detención domiciliaria, y que es el símbolo de la lucha por la libertad del arte en un país acostumbrado a que el arte sea reprimido. Entre los organizadores estaban Lev Rubinstein, poeta, el periodista Serguei Parjomenko, la periodista y economista Irina Yasina, el famoso escritor de novelas de detectives y ficción Boris Akunin, el ensayista Dmitri Bykov, y Liudmila Ulítskaya (que tiene libros traducidos al español).Entre libros, carritos de bebés, perros y bicicletas, la multitud paseó por el bulevar de los jardines hasta el monumento al escritor Alexandr Griboyédov, otro poeta perseguido por el zarismo a principios del Siglo XIX, y continuó hasta la escultura de Abay Kunanbáyev, un poeta kazajo. Allí estaban los participantes del movimiento Okupai Abay, que durante más de una semana ocupó la plaza de Chistie Prudi, y que luego fueron desalojados por las fuerzas de seguridad.Por la libertadLa marcha fue la respuesta a la brutal represión policial del 6 de mayo, el día previo a la tercera posesión de Vladimir Putin como presidente, en la cual se calcula que fueron detenidas más de 700 personas, incluyendo a los dirigentes Alexei Navalny y Serguei Udaltsov, condenados a 15 días de retención. Muchos de los arrestados lo fueron por el solo hecho de usar cintas blancas, que se han convertido en el símbolo de la oposición a Putin. Esta semana trascendió que el Parlamento ruso está considerando una ley para aumentar hasta 50.000 dólares las sanciones a los que rompan el orden público e imponer penas de hasta 240 horas de trabajos forzados. La respuesta ha sido la programación de una nueva Marcha de los Millones para el 12 de junio, y los organizadores están llamando a que se convoquen marchas de solidaridad en otros países. Lo particular de las manifestaciones que tienen su centro en Moscú, es que no se trata de protestas por razones económicas o sindicales, sino netamente políticas. Es un audaz grito de democracia, que se instaló en la sociedad rusa desde septiembre de 2011, cuando Vladimir Putin se postuló nuevamente para la Presidencia, y que se profundizó a partir del fraude en las elecciones parlamentarias de diciembre.Es la reacción de una nueva clase media, surgida en Rusia en los últimos 20 años, al desaparecer la Unión Soviética con sus mandatos represivos, que se siente más europea, que bloguea, twittea y usa Internet, y que se resiste a aceptar que 18 años de su vida transcurran bajo el gobierno de Putin. Por eso, a pesar de haber sido electo el 4 de marzo con un 64% de la votación, Putin es cada vez más impopular. Según el centro Levada de Moscú, “la popularidad del presidente Putin no sólo se está reduciendo, sino que su daño es irreversible”. Si bien sigue siendo el político más respetado del país, una encuesta realizada el 15 de mayo indica que desde el 4 de marzo, su popularidad ha caído a picos cercanos a los del año 2000, cuando su aparente indiferencia ante la tragedia del submarino Kursk provocó un descontento colectivo. Retoman su tradición rebeldeLa marcha de los escritores es una expresión más de un nuevo arte, que desafía al poder establecido con sus obras. En febrero, las tres jóvenes de un imaginativo grupo punk, ‘Pussy Riot’, que realizaron pequeños actos sorpresivos en las calles, el Metro y en la Plaza Roja, tocando guitarras eléctricas y cantando canciones de protesta, fueron arrestadas, tras “rezar” una oración contra Putin en la Catedral de Cristo el Salvador. Las tres chicas, que pueden ser condenadas a siete años de prisión, han generado una amplia ola de solidaridad a nivel nacional e internacional. Una de las obras que mejor retrata este hastío de la nueva sociedad rusa con su nuevo pero viejo presidente, es la de Vladimir Sorokin, uno de los más provocadores artistas del Siglo XXI. Su novela ‘El día del Oprichnik”’, relata un día en la vida de un ‘oprichnik’, poderoso e implacable funcionario bajo el reinado de Iván el Terrible en el Siglo XVI, solo que la acción transcurre en el año 2027. El protagonista, Andrei Komiaga, viola mujeres y asesina enemigos, al mejor estilo feudal, pero se mueve en Mercedes Benz, se baña en jacuzzi, usa celular, en un país rodeado por una Gran Muralla, gobernado con mano de acero por su soberano, en una versión rusa de una novela de George Orwell.Sorokin caricaturiza de manera grotesca los rasgos más intolerantes de la era Putin, con su censura a los medios de comunicación, la prensa escrita y la televisión, su persecución a los disidentes, y el hostigamiento a los manifestantes. Con sus obras y sus actos de protesta, los escritores y artistas de este comienzo del Siglo XXI, hacen honor a la tradición rebelde que heredaron de sus antepasados.

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