Protestas en Turquía, bomba de tiempo que había tardado en estallar

Protestas en Turquía, bomba de tiempo que había tardado en estallar

Junio 08, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Sal Emergui | Corresponsal de El País, Oriente Medio
Protestas en Turquía, bomba de tiempo que había tardado en estallar

Los activistas siguen apostados en el parque central de Estambul. Allí tienen carpas y hacen actividades lúdicas para pasar el tiempo.

La tala de árboles de un parque en Estambul para construir un centro comercial fue la chispa que encendió la mecha de la discordia por las políticas del primer ministro Erdogan.

La Primavera Árabe concede situaciones surrealistas. Ante las protestas generalizadas en Turquía contra el primer ministro Recep Tayyib Erdogan, el presidente sirio, Bashar Asad se frota las manos. El hombre que tanto ha exigido su marcha se siente acosado por los suyos. En una medida propia de una tragicomedia, el régimen de Siria emitió esta semana un advertencia oficial a sus ciudadanos aconsejándoles no viajar a Turquía debido al peligro que pueda suponer. El país que ha visto morir a cerca de 90.000 personas desde marzo del 2011. El país de las bombas, matanzas y guerra civil que ha ahuyentado a más de un millón y medio de habitantes.La protesta popular contra el poder autoritario del líder islamista turco no es un capítulo más de la Primavera Árabe, aunque muchos hayan hecho el mediático enlace. Ciertamente como los protagonistas de las revueltas contra las dictaduras en Egipto, Siria, Libia o Túnez, los indignados de la Plaza Taksim de Estambul ejercen el derecho a la protesta y la rabia ante lo que consideran una injusticia. Con la similitud en la esencia de la protesta, existen diferencias fundamentales.Por ejemplo, el número de víctimas tras la semana de protestas desde que un grupo de activistas turcos se levantara contra el plan del Gobierno de construir un centro comercial en el parque de Gezi destruyendo una zona arbolada en Estambul. El balance es de tres manifestantes muertos, más de 4000 heridos y un millar de detenidos. Un registro incomparable con los monstruosos números que salen del alzamiento contra el clan de Asad.Mientras en las revueltas árabes el desenlace por el momento es la subida al poder de las fuerzas islamistas, la protesta turca es contra la islamización cada vez más extensa en todos los aspectos de la vida desafiando el laicismo impuesto por el fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Atatürk.Otra diferencia es la naturaleza del poder. Si en los países árabes se protestó contra la ausencia de democracia y la represión del régimen, Erdogan fue reelegido en Turquía en elecciones democráticas. Eso no quiere decir que su talante personalista y polémicas medidas no rayen el autoritarismo. Erdogan ha querido dejar claro que no se trata de una ‘Primavera Árabe’. “Aquellos que llaman a estos sucesos la Primavera turca no conocen realmente Turquía”, repite el dirigente islamista que no teme ser barrido por la ira de Ankara, Izmir, Estambul.¿Cómo se explica que el hombre que apoyó las revueltas populares contra los dictadores árabes sea llamado ahora “dictador”? Los analistas turcos señalan que la muerte de unos cuantos árboles no es el motivo principal. Quizá sí la mecha que sacó de la calma y pasividad a miles de personas. El exceso de la violencia empleada por la policía turca y la reacción de Erdogan atacando a los manifestantes encendieron aún más la protesta. Pero en la indignación se escondía una ingente masa esperando surgir algún día a la superficie para chocar con el barco del líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo.Erdogan está pagando ahora la factura de diez años de Gobierno en los que ha mostrado tics autoritarios e intentado imponer el Islam en la vida de todos sus habitantes. El caso del famoso pianista turco, Fazil Say, es sólo un ejemplo. Le sentenciaron a diez meses de cárcel bajo la acusación de insultar al Islam. El cada vez más férreo control de Erdogan sobre los medios de comunicación y medidas puntuales como la restricción del alcohol han empujado al pueblo a unirse a la protesta por Gezi. Según una directora de escuela de Estambul, “Erdogan ha metido la religión en todos los lugares. Es el opuesto absoluto a Atatürk. Turquía es un país musulmán pero no una nación fundamentalista. Con él, 80 periodistas y el 20 % de los generales están en las cárceles”.“Hay malestar con el comportamiento cada vez más autoritario de Erdogan y su incesante necesidad de interferir en cualquier cosa en Turquía (…) Ningún elemento es demasiado pequeño para merecer una atención de primer ministro. De alguna manera, hay que admirar su habilidad para mantener tantas pelotas en el aire al mismo tiempo”, opina Henri Barkey, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Lehigh.Proceso en juego¿Influirá estas protestas en el proceso de paz entre Turquía y la guerrilla del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán)? Tras más de 40.000 muertos en el conflicto, en su mayoría kurdos, el líder subversivo Abdulá Ocalan declaró desde la cárcel el alto el fuego en marzo pasado. Su grupo, considerado “terrorista” por Ankara y EE.UU., apostó por cambiar la lucha armada por la política para conseguir sus objetivos.El acercamiento entre el poder central y los kurdos es importante no sólo para Turquía sino para la región ya que los 30 millones de kurdos se distribuyen en tierras turcas, iraníes, iraquíes y sirias. Uno de los efectos de la guerra civil en Siria es la autonomía de los kurdos en el noroeste del país. Aunque las cámaras pudieron captar un retrato de Ocalan en Taksim, se estima que no afectará de forma inmediata en el proceso de pacificación ni tiene mucha relación con ese conflicto.Como tampoco se espera una consecuencia inmediata en los históricos cambios en Oriente Próximo. Quizás, como aseguran algunos comentaristas anti Erdogan, “abra los ojos a los árabes que doblegaron a dictadores militares y que están bajo el régimen de los Hermanos Musulmanes”. La protesta de Taksim y la actitud de Erdogan enfrían aún más las esperanzas de Ankara para ingresar en la Unión Europea.En un parque de Estambul, se encendió una mecha que recorre Turquía. La reacción de Erdogan de mantener el polémico proyecto en la zona verde y arremeter contra los que llama “extremistas” no invita a pensar que tenga el extintor que apague el fuego. Tampoco parece que ha ganado entero su plan para instaurar un nuevo modelo que le posibilite presentarse a las elecciones del 2015. Con todo y pese a su importante desgaste si Erdogan se presentara hoy a unas elecciones, ganaría. Con menos del 49,83 % obtenido en el 2011 pero aún con más posibilidades que ningún otro para gobernar.Lo que no parece probable hoy es que las llamas turcas salgan de sus fronteras como sí ocurrió en la Primavera Árabe donde el fin de un dictador era el inicio del fin de otro.

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