¿Por qué Donald Trump no ha logrado consolidar su gabinete?

¿Por qué Donald Trump no ha logrado consolidar su gabinete?

Septiembre 03, 2017 - 07:55 a.m. Por:
Edwin Giraldo Ruiz / Corresponsal de El País en EE. UU.
Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no ha podido conformar un gabinete estable en los meses que lleva de su mandato y en los últimos días se habla de diferencias con el secretario de Estado, Rex Tillerson, por el manejo de la política exterior.

Agencia EFE

Una de las fotografías más representativa en la joven presidencia de Donald Trump fue tomada el 28 de enero del 2017. Una semana después de su juramentación, el Mandatario conversa por teléfono con su homólogo ruso Vladimir Putin desde la Oficina Oval, en medio del torrencial reporte sobre la presunta injerencia de Moscú en las elecciones del 2016.

Trump está sentado en el Resolute Desk, un escritorio hecho con madera de roble extraída de un histórico buque inglés, que en 1880 fue enviado por la Reina Victoria al presidente Rutherford Hayes como gesto de buena fe. En la pared de fondo está el retrato Andrew Jackson, recordado como el primer presidente populista del país, y que Trump eligió como decoración en su despacho.

Por delante del rubio magnate se expone el nuevo séquito de poder en la Casa Blanca: Michael Flynn, jefe de Seguridad Nacional; Reince Preibus, jefe de Gabinete; Sean Spicer, portavoz; Stephen Bannon, asesor principal; y Mike Pence, vicepresidente.

Hoy, ocho meses después, de esa foto quedan pocos protagonistas: Trump, Pence, y quizá en el futuro el retrato de Jackson.
Esto porque un intenso pulso entre egos y agendas, combinado con la explosiva personalidad de Trump, produjo un caos que domina la agenda del gobierno y que podría extenderse.

Mientras la Casa Blanca ofrece explicaciones prudentes sobre la salida de cada funcionario, los medios de comunicación se alimentan de filtraciones, entrevistas polémicas y confusas charlas ‘off the record’ para desentrañar detalles sobre la guerra en la Oficina Oval.

Flynn renunció por una investigación que lo relaciona con el gobierno ruso; Preibus por fricciones sobre filtraciones de información confidencial y el fracaso de la agenda en el Congreso; Spicer se molestó por el nombramiento Anthony Scaramucci como jefe de Comunicaciones (duró una semana por hacer comentarios vulgares contra Preibus y Bannon); y Bannon, que promovió posturas de ultraderecha, salió por solicitud del general John Kelly, quien llegó a poner disciplina militar después de desempeñarse como secretario de Seguridad Nacional.

El último funcionario de alto nivel en abandonar su cargo fue Sebastián Gorka, asesor de Seguridad, quien públicamente argumentó motivos personales, aunque The New York Times reveló que fue forzado a renunciar por orden de Kelly. El mismo diario tuvo acceso a dos memorandos de la Casa Blanca en los cuales Kelly esboza un plan para controlar cómo y quién entrega información a Trump, de forma que se puedan contener sus improvisadas respuestas.

El Gobierno de EE.UU. decretó el viernes el cierre del Consulado de Rusia en San Francisco y dos anexos diplomáticos, en respuesta a la orden que Moscú dio en julio de reducir la presencia diplomática estadounidense en su territorio.

A su vez, The Washington Post obtuvo el testimonio de personas cercanas a Trump, quienes cuentan cómo estos controles de Kelly comienzan a generar nuevas tensiones.

“Trump parece languidecer frente a los días en que la Oficina Oval era un bullicioso centro de visitantes y chismes, el cual presidió como empresario”, señala el informe.

Este tipo de testimonios anónimos, aunque comunes en el periodismo y la política, se han consolidado como catalizadores de opinión pública en un país que comienza a acostumbrarse a una frenética y constante descarga de escándalos relacionados su presidente.

Esto porque, en la mayoría de casos, terminan proveyendo información veraz y porque siguen implicando a funcionarios de alto nivel.
Por ejemplo, el pasado viernes The Washington Post informó sobre diferencias entre Trump y el secretario de Estado, Rex Tillerson, por el manejo de la política exterior, y además planteó hipótesis sobre la posible salida del jefe diplomático en los próximos meses.

Caos de gobierno

Juan González, antiguo diplomático del Departamento de Estado y asesor del exvicepresidente Joe Biden, le explica a El País que la Casa Blanca es una especia de “olla de presión” en la cual sus funcionarios enfrentan extensas jornadas de trabajo y altos niveles de estrés.

“Cuando uno está en ese ambiente, si no hay respeto entre los diferentes oficiales y un sentido de visión común, es muy difícil trabajar”.

González, quien se enfoca en temas de América Latina, recuerda cómo fue su experiencia en el Consejo de Seguridad Nacional, liderado durante la administración de Barack Obama por Denis McDonough: “Al comienzo nos reunió y nos dejó claro que aunque podemos tener ambiciones y ser muy inteligentes, por encima de todo éramos un equipo, y que quien esconda información y no colabore, debía irse”.

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó esta semana que Moscú no busca la confrontación con EE. UU., pero recalcó que la mejora de las relaciones bilaterales es un asunto en el que deben participar ambas partes.

Este tipo de directivas, según González, eran una marca de la administración Obama y permitía procesos sanos de deliberación entre sus funcionarios para que todas las opciones pudieran llegar hasta el escritorio del Presidente.

“Pero, bajo esta administración, con todas las filtraciones que han salido se produce un ambiente que no deja sobrevivir en la Casa Blanca. El rumor en los medios es que a Trump le gusta tener ese ambiente dentro de su propio equipo, pero esa no es la forma de manejar un gobierno porque no deja trabajar en temas delicados como Corea del Norte o Venezuela”, agrega.

Alfonso Aguilar, estratega republicano que trabajó en la administración de George W. Bush, explica que hay dos tipos de filtraciones de información. “Una viene de funcionarios de alto nivel, de confianza. Esto habla mucho del Presidente porque muestra falta de cohesión en una administración, en la que unos quieren hacerle daño a otros. La otra viene de funcionarios de carrera que podrían tener simpatía con el Partido Demócrata”.

Este analista cree que la génesis del problema es el heterodoxo estilo Trump.

“No es una persona organizada o estructurada. En un momento escucha algunas personas, pero pasa un tiempo y escucha a otros. Cuando hay escándalos o algún funcionario de su administración es señalado por la prensa, su reacción inmediata es removerlo”.

Los generales

Después de los remesones en su gabinete, el presidente Donald Trump parece haber depositado mayor confianza en tres generales que intentan influir en su política doméstica exterior.

Al general Kelly lo acompañan en este cruzada el máximo asesor de Seguridad Nacional, Herbert Raymond McMaster; y el jefe del Pentágono, James Mattis. Aunque la historia reciente no recuerda una administración tan influenciada por la cúpula militar, estos tres personajes podrían traer a la Casa Blanca la prudencia y estabilidad que reclama la clase política en Washington.

“No son guerreros tradicionales, son personas que piensan de una forma más estratégica, creo que eso ayuda a organizar el proceso de tomar decisiones. Pero lo malo es que si tienes un solo punto de vista, entonces no ves las perspectivas necesarias”, indica González.

Así las cosas, en Washington llegó el momento de los generales. Solo el tiempo dirá si la foto del 28 de enero fue el retrato de una guerra interminable o una simple llamada

Seguridad, en riesgo

El Kremlin advirtió esta semana que las sucesivas medidas adoptadas contra Rusia en EE. UU. amenazan no solo las relaciones bilaterales, sino también la seguridad internacional.

“La Administración (de EE. UU.) sigue destruyendo las relaciones bilaterales, quizás sin plantearse siquiera las consecuencias no sólo para nuestros países, sino para la seguridad internacional en general”, dijo Yuri Ushakov, asesor del presidente de Rusia, Vladímir Putin.

Entre las medidas de EE. UU. se dio una orden de Washington a Moscú para el cierre del consulado en San Francisco y dos anexos diplomáticos.

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