No hay que dejarse arrastrar por la histeria: colombiana en Egipto

No hay que dejarse arrastrar por la histeria: colombiana en Egipto

Febrero 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Andrea del Pilar Barrero, reportera de El País.
No hay que dejarse arrastrar por la histeria: colombiana en Egipto

La colombiana Margarita Cadavid se encuentra hace dos meses en El Cairo, donde miles de manifestantes se concentran en la Plaza Tahrir para pedir la dimisión del presidente de Egipto, Hosni Mubarak.

Una bogotana que vive a 20 minutos del centro de la revuelta, en El Cairo, cuenta su experiencia. Testimonio telefónico en medio de la incertidumbre.

Plaza Tahrir, corazón de El Cairo: decenas de miles de manifestantes opositores y simpatizantes del presidente Hosni Mubarak permanecen armados con carteles, palos, piedras, cuchillos, armas de fuego. En las calles, la fuerza contenida de la multitud empuja a la gente hacia el sitio de las concentraciones, hasta extraviarse en una “histeria colectiva” nunca antes vista por el pueblo egipcio; mientras otros no se mueven de sus barrios, custodiando que nadie ingrese a sus propiedades, a sus casas, donde muchos tratan de mantener la calma, en medio del encierro al que deben someterse para que sus vidas no corran peligro, esperando que alguna voz, por fin, les anuncie cuándo va a haber una solución.Toca controlar las emociones, mantener la tranquilidad. Aquí normalmente me levanto y me hago un café colombiano. A mi compañero español, cuando le dije que desayunaba con tinto, le dio risa porque pensó que se trataba de un vino rojo. A veces me hago un sandwich, pero en estas circunstancias no me ha dado hambre. Como a deshoras. Y no es que no tenga alimentos, sino que no tengo apetito.El relato es de Margarita Cadavid, una bogotana de 31 años, que permanece entre agobiada y tranquila en medio del caos que vive El Cairo. Es internacionalista de la Universidad del Rosario y vive en la zona de Mohanedessen, a 20 minutos del lugar que ha sido símbolo de las manifestaciones. Hasta ahí llegó el 14 de noviembre del año pasado para estudiar Ameya (árabe egipcio) y Fusjah (árabe clásico), en una estadía que planeó por un año, pero que ahora ya no sabe si durará ese tiempo. Estoy cerca del lugar de las protestas. Al comienzo era una cosa completamente pacífica. Pero ahora, hasta los buses se meten por entre los barrios para evitar las calles principales. Ahora, todo el mundo evita ir a Tahrir. El clamor del país árabe más influyente se inició el 5 de enero. Internet fue el canal para que miles de egipcios, muchos de ellos jóvenes que no han conocido otro presidente que Mubarak, convocaran una jornada que denominaron el ‘Día de la ira’, para pedir reformas y un cambio de gobierno.Yo sí pienso que esto fue, como se dice, ‘crónica de una muerte anunciada’. Las primeras señales de inconformismo, de que esto iba a estallar, se dieron cuando se inmolaron dos personas en Alejandría, luego, otras dos aquí en El Cairo, siguiendo lo que estaba pasando en Túnez. Pero la gente en las calles decía: “No va a pasar nada, aquí nunca pasa nada, a la gente le da miedo”. Y resulta que llegó el 25 de enero y, para sorpresa de todos, la manifestación fue grande. Entonces muchos dijeron: “El viernes vamos a hacer una marcha para pedir el cambio”. Ese viernes, 28 de enero, bloquearon todo (celulares, Internet) y aun así a la marcha salieron muchas personas. ¿Nudo sin final?La lista de víctimas, tras los duros enfrentamientos, inicialmente entre la Policía egipcia y los manifestantes, poco a poco se empezó a engrosar. El saldo deja hasta hoy más de un centenar de muertos y miles de heridos. Ante la furia, Mubarak anunció el cambio de gobierno y nombró, por primera vez, un vicepresidente. Se trata de Omar Suleiman, uno de sus hombres de confianza que, dicen, podría ser su sucesor. Y luego dijo que no se presentará a las elecciones presidenciales, previstas para septiembre, y que seguirá en el poder hasta esa fecha.Los anuncios de Mubarak llegaron tarde. La Plaza Tahrir volvió a hervir de gente el pasado miércoles y se convirtió en un campo de batalla cuando sus seguidores irrumpieron a lomo de caballo y de camello a enfrentarse con la oposición que exige la caída de un régimen de 30 años. La comunidad internacional mantiene en alto su voz para que haya una transición pacífica. El Cairo, Suez y Alejandría, las principales ciudades, permanecen todavía en toque de queda y con el Ejército desplegado por las calles. Las fuerzas militares sobrevuelan la capital, en un aparente intento de hacer ver que controlan una ciudad aquejada por la escasez, saqueos, fuga de algunos presos, descontrol, miedo.Una estadía más llevaderaMargarita ya se acostumbró al sonido de esos helicópteros. No le molesta. Lo que sí le parece difícil es el encierro. Junto a los dos compañeros con los que vive en el edificio, uno de nacionalidad española y otro sueco, trata de controlar las emociones. En estos días, que no ha podido ir a estudiar, pasa el tiempo leyendo.Mis compañeros ven noticias en la televisión, todo el tiempo. Yo no puedo. Trato de no ver noticias porque me agobia. Cada quien trata de asimilar el asunto como mejor puede. Se vuelve uno como bipolar, con picos emocionales terribles, porque sí es agobiante, pero estoy tranquila.Han sido varios los gobiernos y las compañías internacionales que comenzaron a repatriar a sus nacionales. El Gobierno chileno, por ejemplo, facilitó el traslado hasta Jordania de 34 personas, 25 chilenos, 6 panameños y 3 colombianos.Hay cosas que sí empiezan a afectar la cotidianidad. En este momento no hay bancos y los cajeros ya están sin un peso. No hay casas de cambio, aunque yo siempre tengo reservas en libras y algunos dólares. Las repartidoras de alimentos no llegan a sus lugares, suben el precio de todo, el pan, por ejemplo, cuesta el doble. Pero no pienso salir corriendo de El Cairo. No puedo irme al aeropuerto, que está lleno de personas, a sentarme a esperar un vuelo porque en mi casa estoy segura. No se sabe qué va a pasar con el país. Si las cosas empeoran y se desarrolla una violencia contra extranjeros, cosa que no ha sucedido ni se ve venir, pues tendría que salir. Lo que me he planteado es esperar un poco a ver cómo evoluciona todo. La situación es difícil, pero no hay que dejarse arrastrar por los momentos de histeria colectiva.A Margarita, Egipto siempre le ha parecido uno de los países más interesantes del Medio Oriente: por todos los procesos que se han gestado allí, por sus relaciones, la geopolítica. Llegué a Egipto y aquí estoy en medio precisamente de ese proceso (risas). Llegué en un momento histórico para el planeta y para el mundo musulmán.

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