Niños, grandes víctimas del sueño europeo de africanos

Agosto 23, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Diego Muñoz, corresponsal de El País en Madrid, España.
Niños, grandes víctimas del sueño europeo de africanos

Esta mujer siria cruzó con su bebé y otros migrantes el mar Egeo para llegar a la isla griega de Lesbos, procedente de Turquía.

En bodegas apilados como en una caja de fósforos o en barcas son trasladados los menores para huir de la guerra o la pobreza.

El día mas feliz de Ibrahin Gnocco fue a finales de julio,  cuando acudió al colegio de su hija Issa, en Madrid, para presenciar el partido final de baloncesto entre dos de los cursos de cuarto de primaria. En uno de los equipos jugaba la niña de 10 años. El encuentro iba 2-2 cuando su hija, que juega con gafas, lanzó la bola hacia la portería contraria y esta se coló por el ángulo derecho de la guardameta. Issa gritó de emoción, saltó una vez y otra y otra más, sin que sus compañeras pudieran detenerla para abrazarla. Se dirigió saltando hacia el público donde estaba su padre y allí se abrazaron y lloraron juntos. El partido se detuvo. Era tanta la emoción que el árbitro decidió dar dos minutos de descanso. Issa  llegó a España cuando tenía 2 años. Había desembarcado en una playa cerca de Cádiz después de haber zarpado junto con 43 personas más, tres niños, desde un recodo del mediterráneo en Tánger (Marruecos). Un total de 44 personas en un espacio diseñado para 12. Allí aguantó cerca de cinco horas, sin agua, sin comida, con frío y con un mar que a veces se picaba y amenazaba con voltear la embarcación. Su madre se había quitado el chaleco que le habían asignado y se lo había puesto a la niña, desobedeciendo las órdenes del capataz de la lancha, al que habían pagado 2.400 euros por los tres viajeros.  Ya en tierra les esperaba la Policía. Un año mas tarde la familia fue traslada a Madrid. Para Ibrahin ese gol de Issa significaba mucho más, era el convencimiento, la seguridad de que esta era la vida que habían buscado.  “Esta opción de educación jamás la hubiera tenido en Senegal, quizá ni hubiera ido a la escuela. Por eso fue que salimos, arriesgando todo. Por eso me duele tanto ver los noticieros y saber que han muerto 400 personas, como ha ocurrido en abril, en un naufragio tratando de llegar a Italia; 60 más tratando de llegar a Grecia.  Si hoy tuviera que escoger de nuevo, volvería a caminar un mes y medio por el desierto hasta llegar a Tánger y esperar allí casi otro mes para buscar la ocasión de salir y atravesar el estrecho. Ha merecido la pena”, dice. Hace unos meses la imagen de un niño de 8 años, Adou Quattara, escondido en una pequeña maleta y descubierto por la Policía española en Tarajal, en la ciudad autónoma de Ceuta (África), cuando trataba de entrar a España, dio la vuelta al mundo  y provocó indignación en toda Europa. El escáner de la Policía le había detectado. No iba solo, iba con su padre Ali Quattara para encontrarse con su madre Lucie en Fuerteventura. Después de hacer las pruebas de ADN las autoridades españolas accedieron a darle un permiso de un año para que pudieran reunirse. “Ha sido una mala idea -dijo su padre- pero hacemos hasta lo imposible para que nuestros hijos logren huir de la guerra, el hambre y la miseria. Lo pedimos por reagrupación ya que llevo siete años viviendo de manera legal en España, pero porque me faltaban 60 euros, es decir para llegar a los 1333 euros que había que acreditar (mi esposa solo gana 1.275 euros), no le dieron el permiso. Pero uno se juega todo por los hijos”. A Adou, que vivía con sus abuelos en Costa de Marfil,  le faltó poco para morir asfixiado. Fue  afortunado. Aunque nadie sabe a ciencia cierta cuántos de los 24 mil muertos que se ha cobrado el Mediterráneo en los últimos 15 años, son niños, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), considera que la cifra estaría rondando los 2 mil menores de 15 años. Este año se han batido todos los registros. De los 194 mil inmigrantes que han llegado a Europa en lo que va del 2015, unos 6 mil son menores de 15 años e incluso se han presentado 14 partos durante el recorrido desde las costas de África al viejo mundo. Todos vienen de lejos pero con el mismo sueño. Ali y su hijo Adou, por ejemplo, hicieron un largo camino hasta llegar a Ceuta, donde se inicia para ellos, y para muchos mas, la última etapa, la más difícil, la de la vida o la muerte. Alamed fue uno de los que ha pudo llegar este verano, cuando las condiciones del mar eran las perfectas.  Tiene 28 años y desde hace 15 días fue alojado en un pabellón deportivo de Tarifa en la costa mediterránea española, luego de haberse aventurado en el mar con su esposa y su hija de tan solo 15 meses. “Llegaron junto con 10 personas más -dice Manuel, voluntario de  una asociación que ayuda a los rescatados junto con Cruz Roja y Médicos sin Fronteras-, en una barca de plástico. No sé como no se hundieron, el hecho es que fueron avistados y rescatados por la Guardia Civil y traídos para brindarles ayuda. Estaban con hambre, casi deshidratados y con hipotermia”. Como muchas de las barcas que han llegado tanto a Italia como Grecia y España, son de juguete y tienen un costo de unos 300 euros en Marruecos.  “A veces pensaba que no lo íbamos a lograr, -agrega Alamed- porque entraba mucha agua. Unos remábamos, otros achicaban el agua. Así horas y horas, hasta que comenzaron a sobrevolarnos los helicópteros. No se creían que en medio de todos, estuviera mi hija. Estaba seca, asustada, pero sana y salva, He hecho este viaje por nosotros pero mas por ella, quiero que viva en un país donde tenga  esperanzas de vida”. Pero a veces no es así, muchos mueren en el intento por alcanzar el paraíso soñado, pero no real. En abril pasado naufragó una barca de 20 metros de eslora que se dirigía a Sicilia desde las costas de Libia, un país destrozado por la guerra. Entre los muertos, los 28 sobrevivientes dijeron que había 50 niños, algunos de ellos bebés que iban en brazos de sus madres. Según fuentes italianas, la cifra podría ascender a 700 muertos, según relatos de los lograron ser rescatados. En las costas de Tarifa se han localizado hasta el momento 97 embarcaciones, con más de 850 inmigrantes en un solo día, entre ellos 104 mujeres y 43 niños. Estamos desbordados, hemos habilitado dos polideportivos, cada uno para mil personas, y están llenos”. Sin piedad Subirse a una patera para abandonar territorios asolados por la guerra, países sin ninguna esperanza de vida, con sequía o con nuevos gobiernos extremistas, tiene un costo muy alto, sobre todo para los niños. De las 2 mil personas que han perdido la vida en todo 2015 tratando de cruzar el Mediterráneo, unas 150 han sido niños, según un informe de la Organización Mundial de Migraciones (OIM). Muy por encima del año anterior cuando de enero a julio habían perdido la vida 1.674 personas y en todo el año un total de 3.279, entre ellos dos centenares de menores de edad. Para Itayi Virri, portavoz de OIM, las cifras son aterradoras. “Las previsiones que tenemos son muy desalentadoras, seguirá llegando mucha gente y seguirá muriendo mucha gente, muchos niños. Creemos que hasta diciembre la cifra de llegadas a Europa a través del Mediterráneo será de unas 200 a 220 mil”. De acuerdo con Virri, la mayor parte de las víctimas fallecieron tratando de llegar a las costas de Italia, al cruzar el Canal de Sicilia, sin duda la ruta más peligrosa para quienes viajan en barcazas inseguras y precarias. “En lo que va del año Grecia e Italia han recibido el mayor número de inmigrantes. Unos 100 mil han llegado a Italia, mientras que a Grecia lo han hecho unas 90.500 personas. De ellas 1.930 murieron tratando de llegar a Italia y unas 60 al acercarse a Grecia. Cuántos niños? No lo sabemos, pero un gran número, una cifra muy alta. De todas maneras unas 190 mil han sido rescatadas, a pesar de los medios insuficientes con los que en algunas ocasione se cuenta para hacer frente a una crisis migratoria".  El mes pasado una niña siria de 11 años murió de coma diabético en una patera después de que los traficantes libios que les llevaban a Italia, le robaran la medicación. Entre lágrimas su padre tuvo que lanzar el cadáver al mar. Un inmigrante que llegó a Lampedusa en junio pasado contó que los traficantes tiraron al mar a dos niños, uno estaba muerto debido al frío, el otro porque lloraba todo el tiempo. Quizá lo que mas ha asombrado a las autoridades españolas es una pequeña balsa de juguete que llegó en julio pasado a las costas andaluzas, cerca de Cádiz y en la que venían 5 menores de edad, cuatro entre los 11 y 12 años y uno de 16 años. “En las guerras son los civiles, los niños y las mujeres los que peor parte se llevan. En esta batalla, la que libra la Europa rica y próspera y el África arruinada por las guerras y acosada por la pobreza y el extremismo, son también los niños los que mas pierden. No solo son sus muertes, es que en las pateras viajan hermanos, padres y madres”, dice Manuel Martín de la Asociación Avanzar de Madrid.

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