Muerte de Chávez convirtió a Caracas en la sala de velación más grande del mundo

Marzo 08, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Hugo Mario Cárdenas | Enviado especial de El País
Muerte de Chávez convirtió a Caracas en la sala de velación más grande del mundo

Recurrente fue la imagen de seguidores llorando frente a los despojos mortales de Hugo Rafael Chávez Frías. Hombres y mujeres demostraron su amor por el mandatario y llegaban con banderas, cintas, camisetas y afiches alusivos al comandante-presidente.

Filas de hasta diez kilómetros hicieron este jueves los venezolanos para ver por última vez a su Presidente en la Academia Militar.

Catorce horas después de haber empezado a hacer una enorme fila, Carvin Caldera y su hijo de 9 años de edad están a pocos metros del lugar donde reposan los restos mortales del presidente Hugo Chávez. Los nervios le deforman el rostro. A menos de un minuto de haber ingresado al majestuoso salón de la Academia Militar sale por la puerta opuesta, más sorprendida por la corta visita que por la forma en la que quedó el comandante al que le profesa amor.“No me tardé ni dos segundos. Empecé a echarme la bendición y antes de terminar sentí que una mano me sacó. Eso fue volando, pero llevo la satisfacción de ser testigo de parte de la historia de Venezuela”, dice la mujer, quien llegó desde el martes pasado del estado Lara.Pablo González llegó desde las 3:00 a.m. del miércoles y durante más de doce horas se arrastró en su silla de ruedas detrás de una extensa hilera de gente para encontrarse por primera vez con el comandante-presidente. Jamás tuvo la oportunidad de verlo tan cerca. La tristeza con la que sale es “inmensa”, pero también el valor y el convencimiento de que “esta Patria que construyó ese gran hombre no vamos a dejar que nos la quiten”.Ahora, el agradecimiento es mayor porque Chávez le dio una casa equipada con toda la línea blanca, la silla de ruedas y el acondicionamiento técnico y médico.La historia se repite a lo largo de hasta diez kilómetros: Espera, nervios, llanto, agradecimiento, promesas. Desde el martes, la ciudad está paralizada. El ambiente en las calles hace de Caracas la sala de velación más grande del mundo. Incluso, los sectores más reacios al estilo de gobierno que mantuvo el desaparecido Jefe de Estado reconocen que el país ha dado muestras de respaldo contundente.Rodmith Romero es mototaxista. Cuenta que en el resto de la ciudad no hay nada por hacer. “No chico todo mundo anda en Fuerte Tiuna; de hecho hacia allá se ha traslado el comercio informal, la venta de comidas y el transporte urbano”. La romería se extiende como una telaraña por las vías de la capital del país. Curiosamente, y pese a la disyuntiva política que enmarca el fallecimiento del presidente Hugo Chávez, hoy de lo que menos se habla en Venezuela es de los temas que dictaron la agenda diaria en los últimos 14 años: el desabastecimiento, la inflación y la política.La tristeza en cada uno de los seguidores es palpable. Él único rostro sonriente es el de los afiches, fotos, y murales del propio Presidente con su lema de “¡Hasta la victoria. Siempre!”.La leyendaA la entrada de la Academia Militar, sobre un camión rojo de dos pisos, Nicolás Maduro lleva varias horas hablando a los asistentes, pidiendo paciencia, ordenando a la Guardia Nacional que reparta botellas con agua. Se ubica estratégicamente frente a las cámaras de los medios de comunicación.De pronto en un anuncio, con tintes electorales, asegura que Chávez seguirá en Cámara Ardiente por siete días más y la euforia crece. “Chávez, lo juro, yo voto por Maduro”, corean las miles de personas que están en la plaza de armas, que anticipa la llegada al lugar donde reposa el féretro de Chávez.En instantes Maduro padece la única nota jocosa. Un “religioso peludo”, como él mismo lo llama, le pide el micrófono para hacer una oración. Cuando los asistentes guardan silencio le hace un pedido curioso: “Maduro, necesito que antes de orar entremos y se pare en frente del presidente Chávez. Vamos porque es necesario. Voy a resucitarlo en frente tuyo”. Y Maduro responde: “Tú lo único que quieres es brincarte la cola para entrar a ver al Comandante”.

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