Los mercenarios colombianos que luchan contra el Estado Islámico

Diciembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Los mercenarios colombianos que luchan contra el Estado Islámico

En Iraq, Afganistán, Yemen y Emiratos hay decenas de colombianos contratados por compañías privadas para defender a EE. UU. y enfrentarse a los yihadistas. Así es su guerra.

Su nombre de guerra es Fénix. 1,93 metros de estatura, el gesto severo en su rostro, espalda ancha. A sus 20 años se graduó como suboficial del Ejército  en la escuela Inocencio Chincá de Tolemaida y fue enviado como cabo tercero al  Cauca. Patrulló en la cordillera Central: en Toribío, Tacueyó, el Páramo de Santo Domingo; estuvo en la zona en que se desarrolló la operación Fuego Azul para abatir al jefe guerrillero ‘Alfonso Cano’.  Conoció las soledades, las degradaciones de la guerra: semanas enteras sin comer, recorriendo las montañas, viendo morir a varios de sus soldados, viendo estallar minas que destruían los cuerpos de quien las pisara. A sus 22 años renunció al Ejército, no a las armas: meses después partió hacia Afganistán como contratista de una empresa privada a luchar contra los extremistas musulmanes. 

[[nid:488469;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/12/militar-colombiano-en-medio.jpg;left;{Militar colombiano en Medio Oriente. Especial para El País}]]

Otro de ellos se hace llamar Tauro. Tiene 35 años. A sus 18 se enroló en la Armada y patrulló en varios ríos del Putumayo y el Amazonas. Allí conoció a los marines estadounidenses que fueron sus entrenadores. Allí, también, inició lo que él ha llamado su sueño: convertirse en uno de ellos. Hace cuatro años, luego de haber salido del Ejército y trabajar como guarda de seguridad, salió hacia Iraq como contratista para prestar vigilancia a sedes diplomáticas de ese país. “No me convertí en un marine. Pero trabajé con ellos y contra los radicales musulmanes. Nada en mi vida ha sido tan grande como eso y estoy dispuesto a volver cuando me llamen”, dice. 

Los inicios

Tauro y Fénix son apenas dos entre los centenares de militares colombianos contratados por compañías privadas, a su vez  contratadas por el gobierno de EE. UU., para formar grupos de mercenarios dedicados a prestar seguridad a funcionarios estadounidenses, a bases militares, consulados,  o cualquier lugar donde ondee la bandera norteamericana en Medio Oriente.  El fenómeno inició en 2003, según explica el periodista estadounidense Jeremy Scahill, cuando la compañía privada Blackwater firmó un contrato con el Departamento de Estado de EE. UU., para prestarle seguridad a Paul Bremer, nombrado por George Bush como Director de Reconstrucción de Iraq. 

 Los hombres de Blackwater debían garantizar la vida y la integridad de Bremer en cada uno de sus movimientos y en todas las  zonas a las que llegara. Para eso, la compañía dispuso de exmilitares norteamericanos que habían recibido instrucción y entrenamiento de élite. No se trataba de un grupo del Ejército, era un conjunto de mercenarios, contratistas que solo seguían las reglas de su  contrato.

La Blackwater inició a mediados de los 90, según lo explica Scahill en su libro “Blackwater, the rise of the world's most powerful mercenary army”. Fue fundada por Erick Prince, un exmarine  multimillonario  que había estado en batallas en Haití, Medio Oriente, los Balcanes y el Mediterráneo, en donde concibió el proyecto de fundar una firma para fortalecer el entrenamiento de los militares estadounidenses, que aún usaban tácticas  de la Segunda Guerra Mundial. 

A fines de los 90 hizo construir un gigante campo de entrenamiento militar en la ciudad de Moyock, Carolina del Norte; contrató a varios  exmarines y empezó a entrenar policías. Para 2003, en los inicios de la invasión a Iraq, Prince vio la oportunidad de fortalecer la compañía y ganó  contratos para prestar seguridad a diplomáticos norteamericanos. Por esos días, el campo de entrenamiento de Moyock, en donde se instruye a los mercenarios, se había convertido en la más sofisticada base de entrenamiento militar y la Blackwater, propietaria del campo, en la más grande firma de mercenarios del mundo. 

Para 2010 la Blackwater había cambiado su nombre  luego de que sus mercenarios se vieran implicados en asesinatos de civiles en Iraq.   Pasó a llamarse Xe Services y luego  Academi Training, nombre que actualmente conserva. Años antes,  Academi entendió una regla natural del mercado: era necesario optimizar ganancias y reducir los costos. ¿Cómo hacerlo? La respuesta estaba en  el tercer mundo. Un contratista estadounidense cobraba más de $US10 mil al mes, a un contratista del tercer mundo le podrían pagar poco más del 10 % de ese salario. La respuesta, entonces, fue Colombia, Perú, El Salvador, Vietnam, África... 

Contratistas del tercer mundo

Fénix y Tauro fueron contactados por varias empresas cuya única labor es reclutar a militares del tercer mundo para que se desempeñen como mercenarios de Blackwater.  Son varias las firmas reclutadoras que hacen presencia en Colombia. Entre ellas están Soldado Global, ID Systems y IG Solutions. Estas compañías contratan con Academi para reclutar a los colombianos y se encargan de realizar toda la documentación necesaria y de pagar los salarios.  Una vez los militares firman con las reclutadoras, son enviados a Moyock, al campo de entrenamiento de Academi, en donde deben pasar una serie de pruebas, entre ellas manejo de armas largas y cortas. 

[[nid:488467;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/12/academi_training_-__blacwater.jpg;left;{Imagen tomada en uno de los entrenamientos que se realizan en el campo de entrenamiento en Moyock, Carolina del Norte, de Academi. Tomada de Facebook}]]

Quien no logre el puntaje requerido es devuelto a Colombia. Los que superan la prueba son enviados a Iraq o Afganistán y se convierten en TCN's. ¿Qué es un TCN? Son las siglas de Third Country National. Se trata de un eufemismo que, traducido, significaría algo como ‘los nacionales del tercer país’,  una expresión cuyo significado pretende cobijar con un manto de  familiaridad a los extranjeros que luchan por EE. UU.  

 

 

Viernes 13 de septiembre de 2013

Todo ocurrió a la entrada del consulado de EE. UU., en Herat, Afganistán. Eran  las 5:30 a.m., cuando un grupo de talibanes llegó hasta la entrada, custodiada por TCN´s y activó una volqueta con cerca de 12 toneladas de explosivos. Luego se iniciaron los disparos. Eran  5  TCN´s, entre salvadoreños, peruanos y colombianos. Los terroristas eran 8. Disparaban con fusiles Ak-47 contra los puestos de control. Varios de ellos, cargados con chalecos bomba, se explotaron, dañando algunas de las barreras. 

Los explosivos también averiaron  los contenedores en los que estaban varios de los afganos contratados para oficios varios. Los latinos pudieron contenerlos, pero algunos resultaron heridos por las balas de los Ak-47. Uno de ellos, de El Salvador, pudo matar a uno de los talibanes, justo antes de que activara su chaleco bomba, a menos de 10 metros.  Si se hubiera tardado más en disparar habría muerto. Al final, siete afganos contratistas murieron, al igual que todos los terroristas. 

 La noticia fue dada por  medios internacionales. Los heridos fueron llevados a clínicas en España y Alemania. Algunos de ellos fueron enviados de vuelta a su país y luego, a través del correo, EE. UU., les envió diplomas agradeciéndoles por su valor.  “Este es nuestro trabajo. Somos los que ponemos el pecho, los que cuidamos las bases y las sedes diplomáticas y nos ponen a las afueras, a resistir y a enfrentarnos a los terroristas de frente”, dice Fénix, quien ha estado como contratista en Herat y Kabul. ¿Qué significa cuidar un consulado de EE. UU., en Iraq o Afganistán? “Es uno de los trabajos más peligrosos del mundo”,  comenta Tauro.

El mercenario explica que entre los principales objetivos de los extremistas, bien sean de Al Qaeda, los Talibanes o el Estado Islámico, se encuentran las bases militares y las sedes diplomáticas. Se trata de un odio contra todo lo que sea estadounidense, que se acrecentó desde 2003, apenas iniciada la invasión de EE. UU. a ese país.

  “A todo lo que lleve una bandera americana lo ven como un invasor”. Así que los ataques son constantes: hostigamientos con fusiles, ataques bombas, francotiradores, todo. Su trabajo es evitar que los terroristas puedan ingresar a las bases o a las sedes. “Somos el primer cordón  de defensa, los que estamos más expuestos. ¿Entendés eso? Somos casi una carnada, nos vemos contra los terroristas frente a frente. Por eso nos hemos ganado el respeto, por eso es que les gusta contratar  colombianos”.

[[nid:488440;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/colombianos-en-medio-orient.jpg;full;{Desde Afganistán, un exmilitar colombiano contratado por una empresa privada cuenta cuál es su trabajo como miembro de seguridad de las sedes diplomáticas de EE. UU.Especial para El País}]]

 

Iraq, el Estado Islámico

Uno de los colombianos que ha patrullado Iraq dice que el flujo de militares hacia ese país se inició en 2004, luego de la invasión de EE. UU.

 El trabajo, como se los explicaron en Colombia, era vigilar las  sedes diplomáticas en ciudades como Bagdad y, eventualmente, prestar seguridad a funcionarios estadounidenses.  Sin embargo, desde 2010, cuando el Estado Islámico empieza a fortalecerse y a dominar territorios del norte del país, los contratistas colombianos desplegados allí se hallaron con un feroz campo de batalla en el que ya empezaba a vislumbrarse la amenaza del EI.  

Así que tuvieron que enfrentarlos para detener su avance desde el norte, zona que dominan, hacia el centro y sur. “Eso fue, básicamente, hacer lo que ya habíamos hecho tantas veces en Colombia”, explica uno de los colombianos que ha estado en Iraq pero que prefirió mantenerse anónimo.  Los del Estado Islámico, al igual que Al Qaeda y los Talibanes, hacen lo que se conoce como una guerra de guerrillas, con algunas variaciones. Realizan emboscadas, ataques sorpresas en la noche, ataques con francotiradores y  patrullas  especializadas en acercarse a los blancos y lanzar  explosivos.  

“Es lo que hace la guerrilla en Colombia. De hecho, allá es más duro, patrullar en Colombia no se lo deseo a nadie, pero eso fue lo que me dio   práctica para estar aquí”, dice la fuente. No obstante las semejanzas, había una diferencia radical: los extremistas están dispuestos a inmolarse.  “Así que aprendimos a desconfiar. No podemos dejar que nadie se acerque,  un niño, una mujer, un anciano, todos son terroristas en potencia. Con los extremistas hay que ser así. Uno no sabe quién tiene el chaleco bomba puesto...”. 

Actualmente hay decenas -se ignora cuántos- de colombianos contratistas en Iraq, muchos de ellos enfrentando el avance del Estado Islámico. Tauro, quien se encuentra en Colombia próximo a regresar, dice: “Yo he conocido la cultura musulmana. No todos son violentos, no todos son extremistas. El Estado Islámico no los representa. Y quiero regresar por eso, porque no me gusta para nada la idea de que un montón de locos estén matando a quien no comparta sus ideas”. 

[inline_video:youtube:O9Rai-8QdDA:0:Dos militares colombianos que trabajan para EE. UU. en Medio Oriente cuentan cómo realizan su trabajo de vigilancia. ]

Emiratos Árabes y Yemen

El pasado 25 de noviembre, el diario estadounidense The New York Times publicó un artículo sobre el despliegue de colombianos en Yemen, como parte de la coalición árabe que  lucha contra los rebeldes chiitas,  la principal amenaza para Arabia Saudita y los Emiratos Árabes en el sur de la Península Arábiga. Según cuenta el diario norteamericano y confirmaron a El País dos colombianos que hacen presencia en Yemen, se trata de un proyecto militar esencialmente diferente al de los TCN´s   en Iraq y Afganistán. 

Mientras estos son contratados por empresas privadas filiales a  Academi, los militares colombianos que han llegado  a Yemen hacen parte del Ejército Oficial de los Emiratos Árabes. El proyecto empezó hacia 2010, cuando Academi envió contratistas a los Emiratos, luego de que el jeque Mohamed Bin Zayed de Abu Dhabi, contratara a Erick Prince. Años después, Prince se desvinculó del proyecto que se convirtió en un brazo del Ejército emiratí. El jeque Zayed hizo construir un campo semejante al de Moyock, en EE. UU., al que llamó la Ciudad Militar Zayed. Allí llegaron todos los colombianos y latinos que empezaron a hacer parte de su Ejército. 

Uno de los colombianos, exsuboficial del Ejército, llegó en 2013 a Emiratos. Durante ocho meses recibió entrenamientos e instrucción militar en la Ciudad Militar, en donde también vivió. A mediados de 2015 fue enviado a Yemen y actualmente se encuentra en una base militar de la coalición árabe que se enfrenta a los rebeldes chiitas yemeníes. “Aún no hemos empezado a combatir. Estamos en la base, no puedo decir el nombre ni la zona por razones obvias. No sé cuándo nos enviarán a luchar, pero puede ser en cualquier momento”.  El colombiano contó también que es posible que los envíen a Jordania con el fin de evitar el ingreso de los yihadistas del Estado Islámico desde Siria, que tiene límite con ese país. 

“Por eso es que nos pagan tan bien, y por eso es que estamos dispuestos a ir a donde nos digan”. Los colombianos que hacen parte del Ejército de los Emiratos Árabes ganan entre $US3000 y $US 4000 al mes, mucho más que los TCN´s que se despliegan en Iraq o Afganistán. 

Dos caras de la guerra

Decidió que su nombre de guerra iba a ser Fénix luego de que en un aeropuerto, antes de partir a Medio Oriente, se encontrara a varios de sus compañeros militares colombianos. “Me dijeron que  estaban convencidos de que yo había muerto en un campo minado en el Cauca. No sé por qué ese rumor corrió entre ellos”. Siente que, de algún modo, volvió de entre los muertos. “Como el ave fénix. Ahí se me ocurrió ese ‘nickname’. En Medio Oriente todos tenemos  uno”. Habla de la guerra con cierto cansancio, con cierto fastidio. Tauro, por su parte, dice que su nickname, es su signo zodiacal  y que le llamen de ese modo lo  hace sentir fuerte. 

“¿Sabe qué descubrí allá?,  que siempre son los inocentes  con los que más se ensaña la guerra. Yo vi niños huérfanos, familias enteras desplazadas  sin  techo, sin comida. Los mismo que vi en Colombia.  Mucha gente sufriendo...”, dice Fénix.   Eso lo tiene harto. En Medio Oriente descubrió también que le apasionaba la fotografía e hizo una serie de imágenes sobre los niños en ese conflicto. En una de ellas se ve a dos chicos elevando una cometa a menos de 20 metros de su trinchera de vigilancia. “Mi obligación era alejarlos de allí  porque se encontraban en una zona de batalla. Dado el caso, esos niños se hubieran podido convertir en un objetivo militar. Pero no los saqué del lugar, eran solo dos niños elevando una cometa en medio de ese ambiente tan hostil”. 

[[nid:488462;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/nino-en-afganistan-eleva-co.jpg;full;{'Fénix', militar colombiano en Medio Oriente, grabó a dos niños que elevaban una cometa en una zona de choque con los terroristas de Al Qaeda.Especial para El País}]]

Son cosas que te hacen pensar en ti mismo, en tu propia vida, dice  Fénix, que ahora está en Colombia decidido a no volver a tomar un arma. Está trabajando en un proyecto audiovisual llamado Shades of Light de la productora Glob Agencia que lo llamó para que actuara como un soldado del  conflicto en Medio Oriente; también trabaja en un libro.  “Estoy convencido de que estaba del lado de los buenos. Pero  guerra es  guerra, no importa dónde estés, mucha gente sufre lo inimaginable. Ya no más”.

“Yo sí deseo volver. Estoy a la espera de un nuevo contrato para ir a Iraq. De lo que estoy harto es del Estado Islámico y voy a dar todo contra ellos”, concluye Tauro.

 

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