Libia aún tiene una guerra por librar, tras la toma de los rebeldes

Agosto 28, 2011 - 12:00 a.m. Por:

Con la toma de Trípoli por parte de rebeldes anti Gadafi empieza un caótico proceso de transición, marcado por rivalidad tribal.

Si la casa de Aisha Gadafi, la hija del coronel Muamar el Gadafi, estuviera en Hollywood, sería quizá una de las más lujosas del glamuroso sector, pero no llamaría tanto la atención. No obstante está en Libia, en el barrio de Fasloom, al este de Trípoli, por lo cual su descubrimiento no ha hecho más que acabar de convencer a los rebeldes que entraron en la capital, de que el régimen del Coronel había equivocado desde hace mucho el rumbo de lo que él mismo llamó la revolución que buscaba el bienestar para todos.Bautizada por los rebeldes como el Palacio de la Prostituta, la mansión de tres plantas contaba con todos los lujos posibles, incluyendo una piscina subterránea. Tiene pisos de mármol, una escalera en forma de caracol, un enorme sofá en forma de sirena con la cara de Aisha, jardines con fuentes de agua, un gimnasio, una súpercocina de lujo, casa para invitados, circuitos cerrados de televisión y habitaciones amplias y lujosas. “¿Quién mas podía darse un lujo de estos?” - se pregunta en Madrid, Manzur Khalel. Y él mismo contesta. “Nadie, sólo los hijos de Gadafi y algunos de sus amigos que compartían tareas del Gobierno. Fue una revolución que perdió el rumbo, que al final, sólo buscaba el enriquecimiento de unos pocos mientras la mayoría del pueblo libio veía que no podía lograr un estado de bienestar de acuerdo a la riqueza que generaba el petróleo. Aunque no faltaba el trabajo, eso es verdad”.Khalel es uno de los pocos libios que viven en España y que ha visto cambiar la bandera de la embajada de Libia, arriar la de Gadafi e izar la nueva, que no es más que la que adoptó el país en 1951 cuando logró su independencia de Italia.En la casa de Aisha también ondea la bandera como una señal de conquista.Igual que ha ocurrido en muchas otras embajadas en el mundo, el acto simbólico en Madrid se realizó con la presencia de libios y activistas.“Puede ser que triunfe la revolución, -agrega Khalel- ya no hay marcha atrás, pero creo que en algo no se equivoca Gadafi y es en que las riquezas del país se las están repartiendo los demás. No ha muerto Gadafi y ya hay una reunión en Europa para saber cómo se reparten todo. ¿Por qué no reconstruir nosotros mismos con los 20 mil millones de euros que hay en los bancos europeos y que pertenecen a los libios? Recuerdan cuando los aliados se repartieron el mundo tras la II Guerra Mundial?, pues los libios que hemos dado la batalla, que hemos puesto más de 20 mil muertos, deberíamos salir adelante, con la ayuda de todos es cierto, pero no comprometiendo nuestro futuro. No queremos más dictaduras, ni como Gadafi ni disfrazadas”.Igual que todos los países árabes como Túnez o Egipto, los libios esperan que el futuro, después de la caída del dictador, sea diferente, sea mejor.Pero ¿quién se lo garantiza? “No creo que haya nadie capaz de garantizar que el futuro de Libia va a ser mejor, no al menos en el corto plazo -dice el economista Bernardo Siler Gómez-, de hecho, restablecer la producción de petróleo tras los daños causados por la guerra demorará al menos tres años”, dice. “Libia -añade- era el tercer proveedor de petróleo de España, y una cuota importante para Francia, Italia e Inglaterra, a donde iba la mayor parte de sus 1.6 millones de barriles diarios. Pero hablo en términos económicos, pues de todas maneras tienen que esperar que los términos políticos y sociales se restablezcan y ahí el asunto es mucho más difícil. Así que lo más seguro es que a esta guerra en la que han participado varios países a través de la Otan, le siga una serie de conflictos internos para dirimir la supremacía”.Un país que se fracturaLibia, gobernado por Gadafi con mano dura durante más de 40 años, es un país musulmán con una mayoría suní, el de menor población (unos 7 millones), con una gran riqueza y quizá uno de los pocos que contaba con un número importante de inmigrantes, más de un millón. Está formado por varias tribus, unas 150, pero pocas con poder decisorio, como la del propio Gadafi, de los gadafa de la región de Trípoli. Los de la tribu warfalla son los más numerosos. Están radicados en Bengasi, la segunda ciudad libia y conforman la mayor parte del ejército rebelde. Están además los magarha. La sublevación se fue convirtiendo poco a poco en una guerra civil, ya que a los mercenarios que forman el Ejército de Gadafi y que dirigen sus hijos, se sumaron los simpatizantes que tuvieron la opción de portar armas y participar como milicianos. Del otro lado hay muchos civiles que iniciaron las protestas a los que se sumaron algunos ex guardas revolucionarios que vieron la oportunidad de luchar contra sus jefes siguiendo el ejemplo de lo acontecido en Túnez y Egipto.“Libia está muy dividida desde el punto de visto étnico -dice Antonio Sánchez-Gijón de Geoestrategia-, ya que sus tribus son entidades orgánicas que absorben y canalizan las aspiraciones populares. Sus ancianos o líderes son los auténticos representantes del pueblo. Hay tribus de oprimidos y tribus de opresores. Junto a la población árabe mayoritaria hay en Libia minorías tribales de bereberes, tuaregs, tubús, etc. Con una población casi totalmente sunnita, el factor religioso divisivo lo constituye la fuerte implantación del salafismo extremista en la parte oriental del país. Libia ha dado una proporción característicamente alta de terroristas y militantes a al-Qaida. A éstos se atribuye el asesinato del general que se perfilaba como primer jefe militar de los rebeldes, Abdel Fatah Younis”.El camino por recorrerLos dirigentes del Consejo Nacional de Transición, CNT, ya llegaron a Trípoli desde Bengasi para tratar de establecer allí una oficina que es la que se va a encargar de llevar las riendas del país en los próximos meses. El CNT se formó en febrero pasado en Bengasi, donde empezó la revuelta y en donde los fundadores decidieron sumarse a las multitudinarias protestas, logrando poco a poco el respaldo de los manifestantes. Se encargaron de vigilar las calles y gestionar los servicios básicos. Hoy al menos medio centenar de países, le han brindado su apoyo y reconocimiento.Para Mathieu Guidére, ex diplomático francés y experto en Libia, el CNT puede sin problemas sacar adelante el proceso de cambio de régimen y restablecer el orden. Pero se necesitará un esfuerzo extra para unir al país.“Libia tiene un tejido social tribal -explica-, no hay una sociedad civil en sí, y a diferencia de Túnez o Egipto, las razones de su revuelta son mas políticas que sociales. De hecho el CNT representa, por así decirlo, la evolución de la liberación del territorio libio, pero no es representativo del pueblo libio”.Guidére considera que en este momento que en el CNT hay tres tendencias claras y que sólo en la manera que puedan unir esfuerzos, podrán salir adelante.“Esas tres tendencias son: una la africanista, en la que hay varios ex miembros del régimen gadafista, pero no había manera de hacerlo de otra forma. La segunda tendencia es la pro europeísta, partidaria de acercar al país a la UE y la tercera es la tendencia islamista que busca que el país siga siendo árabe y bajo el Islam. No creo que cuando se termine el régimen de Gadafi, haya enfrentamientos entre ellos, aunque dos de ellos, los africanistas y los islamistas tienen acceso a las armas. Hay que trabajar duro los unos con los otros y todo bajo el ojo del mundo entero. También la Otan ha dicho que no saldrá del país hasta que haya una organización coherente, pero no van a cometer el error de establecer una base, porque el sentido de la liberación de Libia se perdería”.Para Guidére, en cuanto a la devolución de favores, el CNT ha dicho que mantendrá los contratos existentes con Libia en cuanto a crudo, pero que revisará uno por uno para anular aquellos que aportaron dinero negro para ayudar a Gadafi.Finalmente para Eduard Soler, investigador principal del Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona, Cidob, una vez termine la guerra deberá haber un proceso de desarme y desmovilización general y organizar una nuevas fuerzas de seguridad.“Estas nuevas fuerzas de seguridad deberán estar sometidas plenamente al poder civil. El fácil acceso a las armas, el fantasma de los señores de la guerra o el mantenimiento de milicias no integradas en las fuerzas del Estado suponen una seria amenaza. Creo que nunca antes los libios han estado tan cerca de encontrar un futuro mejor”, dice.Los rebeldesEl CNT está conformado por 40 miembros que se ocupan de casi todos los asuntos. A la cabeza del Consejo está Mustafá Abdel Jalil, ex ministro de Justicia de Gadafi durante 30 años, que se cambió de bando al ver la represión de las fuerzas del Coronel contra los manifestantes.El número dos es Mahmud Jabril, ex antiguo miembro del Gobierno libio, ex asesor de estrategia, encargado de economía y desde que dimitió por estar en desacuerdo con Gadafi en abrir la economía al libre mercado, abandonó el país. El portavoz oficial es Abdel Hafiz Ghoga, un abogado y activista de derechos humanos mientras que el jefe del departamento de Asuntos Militares es Omar El-Hariri, uno de los oficiales que acompañó a Muamar el Gadafi en el golpe de estado que derrocó al rey Idris en 1969 y que también se cambió de bando.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad