Léwinson, el peluquero bonaverense que inspira buenas acciones por habitantes de calle en Barcelona, España

Léwinson, el bonaverense que inspira buenas acciones por los 'sin techo' en Barcelona

Febrero 22, 2018 - 03:10 p.m. Por:
Andrés F. Martínez / Reportero de  El País
Léwinson Castro

Léwinson Castro hace un corte de cabello a un habitante de calle en Barcelona.

Cortesía para El País

En la ciudad costera de Barcelona, España, una población con 3.395 personas que viven sin techo, un joven inmigrante de Buenaventura, Colombia, dedica varias horas a la semana a cortar el cabello, atender y escuchar a habitantes de calle sin recibir nada a cambio.

Se trata de Léwinson Castro, quien nació hace 24 años en el puerto vallecaucano. Lleva doce años en la capital de Cataluña, pero en la sangre todavía le corre el Pacífico. Es un negro alto, fornido, y de una barbilla que a veces se tinta de plateado.

Del primer día que acudió a las calles a ofrecer su talento y un apretón de manos a los ‘sin techo’ ya han pasado varios meses. Sale cualquier tarde, acompañado de algún amigo, sosteniendo una banquita, unas tijeras y su peineta, a cumplir con lo que él llama “el propósito que le puso Dios en esta vida”. En un mismo día puede atender a ocho, diez y hasta quince personas; da igual si es la calle, un parque o una iglesia.

“Tiempo atrás había visto un video de gente haciendo esto mismo en Londres, y me dije a mí mismo algún día tienes que contribuir a la sociedad de esta manera’”, cuenta.

El ‘algún día’ llegó un domingo hace poco más de tres meses, cuando convenció a dos amigos peluqueros de que lo acompañaran en su nuevo reto por las concurridas calles catalanas. El plan era partir en la mañana hacia la iglesia Santa Anna, de la Plaza Catalunya, un lugar a donde suelen acudir personas sin hogar.

"Lo que hago permite que la gente vea que esas personas existen, que están ahí, que necesitan ayuda",
Léwinson Castro,
peluquero bonaverense.

“Llegó el día y no aparecieron. Yo llamándolos a ellos y ninguno contestaba. Desaparecieron”, cuenta ‘Léwin’, quien se describe como un hombre usualmente tímido, motivo por el que había decido salir acompañado a ‘enfrentarse’ a aquellos rostros olvidados que algunos llaman ‘indigentes’.

La vocación de estilista le había salido al paso a Léwinson por accidente hace ya varios años. El hermano de su anterior pareja le ofreció un trabajo como peluquero en un momento en el que necesitaba una plaza.

Sin embargo, su pasión es la cocina, a la que también ha recurrido como oficio entre aquellos ires y venires que enfrentan los inmigrantes latinoamericanos que han salido detrás de un porvenir en el país europeo.

Aquel amor por los sabores lo heredó de su madre, una mujer también bonaverense a la que él describe como “su mayor motivación”, que viajó del puerto a España en los años 90. Hace alrededor de una década, reunió el dinero suficiente para que sus dos hijos - Léwin y su hermana - viajaran también a su encuentro.

Aquel domingo, Léwinson se armó de valor, acudió a otros amigos - ya no peluqueros - y logró materializar el reto que hace tanto le había estado rondando en la cabeza.

“El primer día íbamos con tres amigas más y ellas eran las que se acercaban a la persona y le preguntaban si quería el corte. Yo siempre andaba nervioso. Estaba sudando cuando empecé con el primer muchacho. En un momento levanto la mirada y ya habían personas rodeándome, gente grabando, otros haciendo cola para hacerse cortar. Poco a poco fui cogiendo confianza... el segundo, el tercero, el cuarto y así”.

La iniciativa de ‘Léwin’ logró rápidamente conmover corazones y llamar la atención de medios catalanes y usuarios de redes sociales en España. Cuenta que más personas han querido unirse a su labor y que algunos incluso le han ofrecido dinero, pero ha rechazado este último invitando, a cambio, a comprar víveres para los necesitados.

Léwinson Castro

Léwinson vive desde sus once años en Barcelona junto a su madre, Marlen (i), y su hermana, Emilia.

Cortesía para El País

Sabe que su empeño a primera vista es regalar un corte de pelo a una persona sin hogar, pero que en el fondo se trata de extender una mano y devolverles por unos minutos el valor perdido de su vanidad; de darles algo sin que hayan tenido que mendigarlo; y de mostrarles que alguien - entre tantas miradas esquivas - quiso preocuparse por preguntarles ‘¿Cómo va tu día?’ o ‘¿Qué corte de cabello quieres para hoy?’.

"Estas personas en verdad necesitan una ayuda, más que darles una moneda, se trata de brindar un saludo, escucharlos, eso les llena bastante, es como un desahogo. Pienso que todo el mundo debería hacerlo para que sepan cómo se siente ayudar. Esa satisfacción me llena más que cualquier cosa", dice.

Y también para él se trata de una actividad liberadora, dice, por eso seguirá haciéndolo, intentando que su iniciativa llegue a otros lugares de Cataluña, y eventualmente de España. 

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