¿Le alcanzará a Hillary para llegar a la Casa Blanca?

¿Le alcanzará a Hillary para llegar a la Casa Blanca?

Junio 12, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Gerardo Quintero T. | Jefe de Cierre de El País
¿Le alcanzará a Hillary para llegar a la Casa Blanca?

Hillary Clinton.

A pesar de que esta semana hizo historia al convertirse en la primera mujer que disputará la presidencia de EE.UU., Hillary no la tiene fácil. Contradictores dicen que es más de lo mismo.

Dicen los astrólogos que los nacidos bajo el signo de escorpión tienen una energía emocional, única en todo el zodiaco. Son tremendamente poderosos y su carácter puede causar enormes beneficios o grandes riesgos para los demás. Si logran utilizar su enorme energía de forma constructiva serán un gran activo para la sociedad y pueden convertirse en grandes líderes, pero también deben aprender a controlarse, porque pueden llegar a ser demasiado críticos y resentidos con los demás… Y miren qué casualidad, los dramas pasionales parecen perseguirlos.

Hillary Diane Rodham nació en Chicago el 26 de octubre de 1947 y creció en el apacible vecindario de Park Ridge, en pleno medio oeste de Estados Unidos, en una familia de clase media. Pocos ya recuerdan que tuvo una fuerte influencia de ideas republicanas heredada de su padre Hugh Rodham hasta cuando ingresó a la universidad. 

De su progenitor dice que heredó la tenacidad, ética de trabajo y el miedo permanente a perder. En los convulsionados años 60 y mientras estudiaba en la prestigiosa universidad para mujeres Wellesley College, cerca de Harvard, conoció de cerca las luchas por los derechos civiles, las protestas por la guerra de Vietnam y la lucha por la igualdad de géneros.

En 1969, mientras estudiaba derecho en Yale, conoció a Bill Clinton, su ‘vikingo venido de Arkansas’, y comenzó una nueva página en su vida, esa misma que hoy la tiene convertida en la primera mujer en  Estados Unidos en ser elegida para representar a uno de los dos partidos tradicionales en unas elecciones presidenciales.

Esta semana, cuando alcanzó su triunfo en el extenuante proceso de primarias demócratas frente al senador Bernie Sanders, capitalizó su rol de pionera y recordó que su victoria “no es de una sola persona, pertenece a una generación de hombres y mujeres que han luchado, se han sacrificado y han hecho posible este momento”.

Esa reivindicación y su apuesta feminista apuntan en un solo sentido, Donald Trump, el magnate neoyorkino que desde las toldas republicanas le ha lanzado duros improperios que no la bajan de corrupta, deshonesta y estridente. El candidato republicano, quien durante su ruidosa campaña calificó a las mujeres que lo cuestionaron de “perras”, “cerdas gordas” y “animales desagradables”, asegura que la única carta que se juega Hillary es la de ser mujer “porque sino lo fuera, ni siquiera estaría en carrera”. 

Clinton contraatacó, calificó el comentario del republicano de “estúpido” y le mando un mensaje, “tengo un montón de experiencia tratando con hombres que a veces no mantienen las normas en la forma en que se comportan y hablan”. Tal vez sean estas experiencias por las que Clinton suele recordar en sus discursos una frase de su admirada Eleonor Roosevelt, esposa del expresidente demócrata Franklin Roosevelt: “Para hacer política, cuando se es mujer, debes tener la piel tan gruesa como un rinoceronte”.

Lea aquí: Las fortalezas y debilidades de Hillary Clinton y Donald Trump

Juan Albarracín, analista político, candidato a doctor de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, tiene una explicación para la estrategia del magnate conservador. “Trump ha sido muy efectivo durante las primarias en crear caracterizaciones de sus contendores y ya inventó una para Clinton: ‘crooked Hillary’, algo así como ‘Hillary torcida’. Con ello quiere crear una imagen de Clinton como una persona en la cual no se puede confiar, atada a oscuros intereses, sedienta de poder”.

Albarracín agrega que Trump no se centrará en el detalle de políticas públicas, porque sabe que en un debate sobre proyectos e ideas, perderá. “Usará todos los ataques personales disponibles para destruir a su rival”.

En un escenario de elecciones presidenciales tradicionales en Estados Unidos, Clinton tendría una serie de fortalezas indiscutibles: brillante abogada, primera dama, senadora, secretaria de Estado, primera mujer en disputar en su país una elección presidencial.  Pero lo que potenciaría la nominación de cualquier candidato, para la aspirante demócrata se ha convertido en un ‘boomerang’. Su extensa presencia en la vida pública de los estadounidenses es un hándicap que le hace perder puntos preciosos en esta milimétrica contienda. Es que los americanos saben todo de su vida, éxitos, fracasos, hasta las infidelidades de su esposo y, cómo no, sus propias debilidades. Hillary hace parte de la escena pública desde hace más de 30 años: primera dama (1992-2001); senadora por Nueva York (2001-2009) y secretaria de Estado (2009-2013).

 Sam Abrams, experto en política internacional del Sarah Lawrence College, ejemplifica la situación de una forma contundente: “Muchos de mis estudiantes no han conocido un periodo durante el cual un Clinton o un Bush no fuese presidente o no dominara la vida política nacional. La gente tiene la impresión de que el Partido Demócrata se convirtió en el partido de los Clinton y eso no les gusta”.

En una reciente encuesta realizada por NBC/SurveyMonkey, entre el 16 y 22 de mayo, seis de cada diez estadounidenses dijeron que “no les gusta” o que “odian” a Clinton, aunque también, valga decir,  un 63% expresaron opiniones similares por Trump. 

Al final,  todo parece resumirse en que los electores  votarán primero que nada contra el adversario y no por su candidato, según advierte otra encuesta de CNN. El 51% de los demócratas dice que votarán por Clinton no porque los convenza, sino para atajar a Trump y solo 48% dice que votará porque quieren apoyarla. Del lado de Trump el panorama no es muy distinto, el 57% dice que votará por el ‘Berlusconi americano’ porque no soportan a la ex secretaria de Estado  y apenas el 43% dice que lo hará porque cree  en Trump.

Aunque la experiencia de Hillary y su conocimiento sobre política internacional son subrayados como sus principales baluartes, los republicanos la acusan de incompetencia, demostrada tras los atentados de Bengazi, en Libia, donde murieron cuatro estadounidenses, entre ellos el propio embajador. 

Otro de sus puntos débiles fue la comprobación de que usó su correo electrónico privado para mandar correspondencia de la Secretaría de Estado, por lo que sus enemigos la tachan de negligente, ligera y de querer estar por encima de la ley. Y como si fuera poco, sus problemas personales, como las infidelidades de su marido, ahora son utilizadas en su contra por Trump, quien la acusa de ser cómplice y de hacer todo lo posible por arruinar la vida de Mónica Lewinsky, la exbecaria que tuvo un ‘affaire’ con el entonces presidente.

Precisamente, Luciana Carla  Manfredi, experta en política internacional  de la Universidad Icesi, no duda en señalar que la principal falencia de Hillary no son sus discursos, percibidos como exhaustivos y detallados, pero aburridos, ni tampoco su poco ‘felling’   con el público joven, “su verdadera debilidad es su esposo. La sociedad norteamericana la sigue castigando por el escándalo  con  Lewinsky”.

La analista explica que la candidata se mueve en escenarios paradójicos, porque mientras es criticada por ser muy lejana y distante, al mismo tiempo también le ponderan su fuerte carácter que la ha encumbrado en altas posiciones en Washington.

Para gran parte de los electores, tanto demócratas como republicanos, Clinton representa el mejor ejemplo del ‘establishment politics’, aquellos que se mueven en Washington, tienen grandes conexiones con las ‘fieras’ de Wall Street, pero que le han fallado, una y otra vez, al pueblo.

Aunque el último sondeo del portal RealClearPolitics ubica a Clinton con 44,1% de las intenciones de voto frente a 40,3% para Trump, aún faltan cinco meses para las elecciones.

El politólogo Albarracín se inclina por pensar que al final la experiencia electoral y en cargos políticos de Clinton terminará imponiéndose. “Ella sabe de política pública y es una figura reconocida que superó tropiezos, campañas negativas, el fracaso electoral de 2008. Tiene un equipo formidable que incluye personas que trabajaron en las exitosas campañas de Obama”.

Mientras que Luciana Manfredi asegura que lo que va a suceder es que Trump le sacará a relucir todos los trapos sucios a Clinton “y eso lo hará, seguramente, en octubre, durante los debates. Lo que Hillary nunca deberá hacer será salirse de sus cabales. Si lo hace, seguramente perderá”.

Juan Pablo Milanese, analista de política internacional de la  Icesi, es más cauto y dice que todavía falta mucho para noviembre. “Hay que ver cómo se desarrolla la transición de las primarias a las generales. Desde ese punto de vista esperaría que ambos candidatos moderen su discurso buscando al electorado más cercano al centro. Quien lo logre pondrá a la contraparte en una posición reactiva y marcará la pauta en el resto de la campaña’” .

Para el politólogo e internacionalista de la Universidad del Rosario, Mauricio Jaramillo, un aspecto juega a favor de Trump y es que ha utilizado un tipo de lenguaje para hablarle sin tapujos a los norteamericanos del común. “Eso es un poco la lógica de los populismos, establecer un vínculo directo con el sector del electorado que no entiende mucho de política internacional ni tampoco de inmigración, pero se siente identificado con él, y en tercer lugar, no hay que olvidar que Trump tiene un músculo financiero que le permite  llevar a cabo su campaña sin afugias”.

Algo parecido  piensa Javier Leonardo Garay, profesor-investigador de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado, quien considera que con Trump  se evidencia  el ascenso  de un populismo radical que puede resultar chocante, pero que evidentemente le ha resultado favorable al hoy candidato republicano, porque “le ha apuntado a cualquier cosa que las mayorías quieren escuchar y lo peor de todo es que pareciera que le pegó, fue muy hábil en términos de encontrar ese electorado que ha salido a votar”.

Hay una estrategia clara desde la esquina de Trump y es que la contienda  se convierta en un  ring, donde Clinton a través de golpes certeros, burlas y comentarios sexistas sea llevada contra las cuerdas y, una vez allí, se vea obligada a lanzar su furia contenida, el escenario en el que, sin duda, se siente más cómodo el rey de los ‘realitys’.

“Clinton tiene un profundo conocimiento de los temas y un programa detallado,  Trump no los tiene pero nadie se interesa en las diferencias. Y como los dos candidatos suscitan más desconfianza que confianza, más rechazo que atracción, debemos esperar una nivelación hacia abajo”, considera Norman Ornstein, politólogo del American Enterprise Institute.

Todo indica, entonces, que estas elecciones   serán tan cerradas como las del 2000, cuando se enfrentaron George Bush y Al Gore, pero sin duda serán más candentes por el tono que han venido utilizando ambas campañas. 

Trabajo en equipo, propuestas audaces para mejorar la economía, conexión con el electorado, apoyo de las minorías, triunfo en estados clave en donde ninguno de los dos partidos tiene una sólida mayoría que se repita elección tras elección, serán algunos de los aspectos cruciales para ganar la contienda. Pero también faltará algo de suerte y por qué no,  contar con un poco de ayuda de los astros. El tarot dice que el martes es el mejor día de la semana para los regidos por escorpión. Y el 8 de noviembre, día de las elecciones, será martes.

(Con apoyo de Agencias)

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