Las secuelas que dejaron el terremoto y el tsunami en Japón

Marzo 11, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Rosa Silva y Heinar Ortiz Cortés | Reporteros de El País
Las secuelas que dejaron el terremoto y el tsunami en Japón

Con múltiples actos simbólicos, los japoneses conmemoraron la muerte de más de 15 mil personas tras el terremoto y tsunami en Japón.

¿En qué estado está la planta nuclear de Fukushima Daiichi? ¿Cómo es la vida de los habitantes de Japón tras el terremoto?

Mauricio Gutiérrez supo que debía irse de Japón cuando le dijeron que el agua con la que habían limpiado los reactores de Fukushima había sido devuelta al mar. Al ingeniero colombiano de 38 años también le disgustó el manejo mediático que se le dio al tema. “Empezaron diciendo que la tragedia había sido grado 4, después le subieron a grado 5 y 6. Después, cuando se supo que fue grado 7, igual al caso de Chernóbil, me preocupé”. Hoy Mauricio vive en Toronto, Canadá, y lidera el grupo de Facebook  llamado Centro de Atención y Unidad para Colombianos en Japón. Como su esposa es japonesa, sabe que tarde o temprano regresarán a ese país. Su miedo es el reflejo del de muchos habitantes de Japón, foráneos y propios, tras el desastre en la planta nuclear de Fukushima, producido por el tsunami del 11 de marzo de 2012. Muchos se preguntan qué pasará en el futuro con la salud de sus hijos. Aunque hoy la planta está aislada en un radio de 20 kilómetros, aún no se sabe cuál será el verdadero alcance de los componentes radiactivos. Todavía los japoneses, al ir a mercar, miran de dónde proviene cada producto. Lo que venga de Fukushima, que solía ser tierra agrícola, nadie lo compra. Hoy, el 70% de las plantas nucleares están cerradas en Japón. El miedo de una tragedia similar a la de Fukushima está latente.“Al parecer no hay daños, pero con la radiactividad nunca se sabe. Puede haber secuelas a largo plazo, especialmente tumores cancerosos, deterioro de células o problemas genéticos que se transmitan a los hijos, con daños de nacimiento”, explica el profesor Jesús Anselmo Tabares, PhD en física y profesor de Univalle.El experto, quien visitó Japón a finales del año pasado, piensa que los japoneses han sabido controlar la situación. “No ha sido como en Chernóbil, donde mucha gente alcanzó a sufrir directamente la radiación”, señala. Sin embargo, reconoce la posibilidad de que el viento, la lluvia o las aguas de los ríos estén contaminados, como producto del accidente en Fukushima.“A estas alturas es posible que ya no se detecte el yodo en depósitos, ni en agua ni en comida. Lo que sí puede sobrevivir es la sustancia radiactiva Cesio 137, que tiene un tiempo de vida media de 30 años”, agrega.La vida después del desastreTras el terremoto del pasado 11 de marzo, la vida de los 127 millones de habitantes de Japón cambió de algún modo. John Tanaka experimentó un vuelco radical en su existencia: en Japón se quedaron sus dos carros, su casa, su trabajo en una distribuidora de autopartes, la tranquilidad de su hogar con su esposa Juana, y un futuro promisorio para sus dos hijos: Nicole Akemi y David. Tanaka, quien vivía en Fuji, Shizuoka, en la costa oriental del centro de la isla, llevaba 20 años en el país. Pero tras el inminente riesgo que generaron las explosiones en la planta nuclear de Fukushima, retornó a Colombia en el primer vuelo que programó la FAC, ocho días después de la catástrofe, con la esperanza de rehacer su vida.Esa esperanza fue alimentada, según Tanaka, por la promesa del Gobierno Nacional de capacitar a los damnificados mediante cursos en el Sena y apoyar proyectos de emprendimiento, a través de un fondo especial y el Programa de Retorno Positivo, apoyado por la Gobernación del Valle. “Con unos amigos que también vinieron de Japón teníamos la idea de montar un restaurante. Pero cuando fuimos a pedir la ayuda nos dijeron que no había fondos”, aseguró Tanaka. Según él, la ayuda nunca llegó.John lleva en Cali casi un año y afirma que aún no se acostumbra. Manifiesta que se encontró una ciudad dominada por la falta de civismo y la indolencia. De hecho, le parece inaudito que la gente no se levante para ceder el puesto a alguien mayor en los buses del MÍO.Por eso y por la silenciosa tristeza que consume a su familia, que no logra adaptarse a Cali, espera retornar a Japón en el mes de abril, a pesar de que sabe que en cualquier momento puede suceder otro terremoto. Porque la zozobra se mantiene en los hogares japoneses. Chika Omoishi cuenta que su hija de un año ha tenido problemas de salud por la falta de sueño generada por el estrés.El japonés, de 38 años, señala además que a pesar de que en su casa no consumen alimentos provenientes de Fukushima, le preocupa que las nubes de radiación vayan a generar afectaciones futuras en Canade, su hija.No obstante, en las principales capitales japonesas la vida sigue con su ritmo agitado. El caleño Mauricio García, quien reside desde hace cinco años en Tokio, asegura que los japoneses se han podido sobreponer a la catástrofe debido a su capacidad de trabajo. “Si es necesario, trabajan 14 horas al día y duermen en la oficina”, señala.

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