Las rubias que rodean a Donald Trump

Noviembre 13, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País y Agencias
Las rubias que rodean a Donald Trump

Melania, Ivanka y Tifanny Trump.

Rubias, hermosas y amantes de la moda son las mujeres que rodean a Donald Trump. Dos hijas, una esposa inmigrante y dos exesposas que obtuvieron una jugosa tajada de su fortuna, en su historial.

En el caso de Donald Trump, a aquella frase que dice  “detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer”, habría que hacerle un ajuste, ya que el próximo inquilino de la Casa Blanca está rodeado de famosas mujeres, que además de ser muy hermosas, aportaron la “cara amable” a su campaña... pero  también  una que otra vergüenza monumental.  

Melania Trump es 24 años menor que su esposo. Nació en Eslovenia y es  la primera Primera Dama que no ha nacido en Estados Unidos desde el siglo XIX, tras Louisa, mujer de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos (1825-1829).

 Melania, quien hizo sudar a Trump en cada intervención pública que hizo y donde ‘brilló’ por su pobrísimo léxico, su marcado acento y sus metidas de pata, llega a ocupar el lugar de  Michelle Obama, primera ‘First Lady’  negra de la historia estadounidense y abogada de Harvard.

“Michelle tuvo la oportunidad de recibir a la futura primera dama y hemos tenido una excelente conversación con ella”, comentó el presidente Barack Obama desde la oficina Oval, con Donald Trump sentado a su lado. 

Generalmente durante el primer encuentro entre la primera dama y su sucesora se conversa sobre la manera de vivir en la mansión y la crianza de los hijos, entre otros temas.

Melania participó muy poco en la campaña por la presidencia, después de que plagiara un discurso de Michelle Obama. Los asesores Tump  sugirieron que se quedara en su casa, un tríplex en las alturas de la Torre Trump, en Nueva York, para ocuparse de Barron, su hijo.  

 Siempre impecable y sonriente, se caracteriza por ser tímida y reservada, y pretende ser una primera dama más clásica que su antecesora. Habla  con  fuerte acento austriaco y, aunque dice que domina  cuatro  idiomas, los críticos de sus pobres discursos concluyeron con humor:  “El inglés no parece ser uno de ellos”. 

Melania  obtuvo la ciudadanía estadounidense hace muy poco, en 2006. Es hija del austríaco Victor Knavs, que gestionaba una franquicia de coches y motos, y de Amalija, eslovena, que trabajaba diseñando moda y cosiendo en una fábrica de ropa, según Page Six.

A los  17 años fue descubierta por el fotógrafo Stane Jerko, durante un concurso de moda, y se convirtió en modelo mientras estudiaba  arquitectura y diseño en la universidad de Ljubljana. Fue entonces cuando cambió su apellido por Knauss y vivía entre Francia e Italia.

Llegó a Estados Unidos en 1996 y conoció a Trump  en una fiesta organizada por el fundador de ID Models Management, Paolo Zampolli,  durante la Semana de la Moda de Nueva York. Ella tenía entonces 28 años y él 52, pero la diferencia de edad no fue impedimento. 

Ella ha contado en varias ocasiones que en esa fiesta el magnate  le pidió su número de teléfono, pero como estaba acompañado y tenía fama de conquistador no quiso dárselo. Donald se había separado un año antes de su segunda esposa, Marla Maples.

“No soy una chica que le da su número de teléfono a cualquiera”, le explicó a  The New York Times, así que ella le pidió a él su teléfono.  

Melania tenía una carrera de éxito en el modelaje, pero eso no evitó que fuera llamada  “cazafortunas”.   “No puedes estar con una persona si no la quieres, si no te llena. No puedes abrazar un apartamento bonito o un avión. No puedes hablar con esas cosas”, declaró  al  Times.

Tras siete años de relación, la pareja se casó en enero de 2005, en el fabuloso resort Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, propiedad de Trump. 

Se había integrado perfectamente en la familia de su marido y se llevaba muy bien con los hijos que este tiene de sus dos anteriores matrimonios, Donald Jr., Ivanka y Eric, de su unión con Ivana, y Tiffany, cuya madre es Marla. 

“Soy su amiga”, declaró entonces a la revista  People. “No soy su madre. Les conocí cuando eran adolescentes, fui a sus graduaciones en el instituto y la universidad, así que nos conocemos desde hace mucho”, agregó.

Se puede comprobar en sus redes sociales que el lujo define su  estilo de vida, pero los medios estadounidenes la definen como “una modelo con pasado de monja” y advierten que aunque usa lo más costoso nadie está pendiente de lo que usa, pues tener ropa cara y tener estilo propio (como Michelle Obama) son cosas muy distintas.  

“Para casarse con un hombre como Donald, necesitas saber quién eres”, le dijo sobre su bajo perfil al presentador  Larry King. Saber, por ejemplo, que el que brilla es él. 

 Los padres de Melania viven entre Nueva York y su chalet de Sevnica. “En cierta forma, Eslovenia tiene ahora una primera dama”, dijo el primer ministro  Miro Cerar, esperando que Trump pueda estar ahora “mejor informado de los acontecimientos en Eslovenia”, un pequeño país de dos millones de habitantes.

 En los últimos meses los medios eslovenos empezaron a imaginar una calle Melania Trump en Sevnica, o incluso cambiar el nombre de la escuela dirigida por una antigua compañera de clase de la próxima primera dama.

En la convención republicana de julio, fue criticada por haber plagiado -en su discurso- apartes de una alocución pronunciada por Michelle Obama en la convención demócrata de 2008.

 Aunque fue Melania quien dictó aquellas frases, la asesora de comunicaciones que no verificó a quién pertenecía el discurso  tuvo que aceptar toda la culpa y la vergüenza pública. 

 Días después, en una cena benéfica, el propio Trump hizo una broma sobre el discurso de su esposa. “Michelle Obama pronuncia un discurso y todo el mundo lo elogia. Es fantástico, piensan que es absolutamente impresionante. Mi esposa da exactamente el mismo discurso y la gente la critica. No entiendo”, afirmó con descaro.  

 Michelle Obama  tiene  79 % de  favorabilidad ante la opinión pública, según un sondeo de Gallup sobre  primeras damas. Melania, por su parte,  tiene aún mucho por hacer, dado que cuenta con 28 % de opiniones favorables contra 32 % de desfavorables, las peores cifras para una futura primera dama desde los años 1980, según Gallup.

Aparte del discurso  del plagio, dio otro más en el que, visiblemente intimidada, empezó tres veces a leer el texto y repetía a cada paso “hola”, “hola”, “hola”, mientras Trump apretaba los puños y se sentía la tensión en el aire. La nueva primera dama ha dicho, no obstante, que   pretende  “abogar por las mujeres y los niños” y luchar contra el acoso por Internet.

La llegada de los Trump a la presidencia fue una labor en la que se implicó toda la familia.   Hijos, yernos, nueras y nietos mostraron  su mejor sonrisa en los actos de campaña, en los que se destacaban las dos hijas del magnate: Ivanka, su mano derecha y Tiffany, la cara menos conocida de la familia.

 A sus 35 años, se dice que Ivanka es la hija preferida de Donald. Es la actual vicepresidenta de desarrollo y adquisiciones de las empresas de su padre. Aunque ella misma ha precisado que no tiene intención en formar parte del Gobierno, muchos dicen que ejercería algunas de las obligaciones propias de la Primera Dama de los Estados Unidos.

Es la hija de la exmodelo Ivana, de quien  heredó su  belleza, delicados rasgos y 1.80 de altura. Sus amigos la describen como una mujer cálida y  aunque ocupa el mismo puesto en términos de responsabilidad que sus dos hermanos,  Eric y Donald Jr., en sus empresas,  su habilidad negociadora, muy similar a la de su padre, la hace destacar en un mundo donde predominan los hombres.

Asistió a Choate Rosemary Hall en Wallingford, Connecticut, y a Chapin en Nueva York. Después de graduarse, estuvo dos años en Georgetown University y se trasladó para graduarse  en la Wharton School de la University of Pennsylvania, alma mater de su padre,  como Economista.

En 2009 se casó con el promotor inmobiliario Jared Kushner, por quien se convirtió al judaísmo. Tienen tres hijos: Arabella, de 5 años; Joseph, de 3 años y Theodore, quien nació en marzo de este año.

Ivanka cobró gran protagonismo en la última noche de la Convención Republicana, donde dedicó palabras a lo que cree justo: que una mujer pueda ser al mismo tiempo madre y trabajadora. Hizo de esta filosofía una bandera. Incluso escribió un libro inspiracional: ‘Mujeres que trabajan’.

 También es una apasionada de la moda. Lidera una importante marca de joyas e  indumentaria que lleva su nombre, con zapatos, carteras, perfumes y accesorios en su portafolio. 

Su estilo es admirado por muchas mujeres, ya que se adapta a sus  tareas profesionales, inclinándose por  vestidos a la rodilla, pantalones rectos y sacos entallados. No abusa de los accesorios ni de las piezas llamativas. 

Es amiga cercana de Chelsea Clinton, y ambas han asegurado que seguirán con su vínculo aún después de los resultados electorales.  “Tenemos una relación increíble y ni ella ni yo estamos compitiendo por la presidencia, así que: claro que seguiremos siendo amigas”, dijo en una entrevista.

Su hermana pequeña es Tiffany, única hija que tuvo el magnate durante su segundo matrimonio con la actriz estadounidense Marla Maples, con la que estuvo casado desde 1993 hasta 1999.

La aparición pública de Tiffany para la campaña  sorprendió, en especial por el bajo perfil que la adolescente profesa desde el escandaloso divorcio de sus padres, en 1999. “Mi mamá me crió como madre soltera, por eso tenemos una relación de mucha unión”, dijo. 

La menor de las Trump es actualmente estudiante de la Universidad de Pensilvania, pero también coquetea con el mundo de la moda, ya que según  el Daily Mail  estuvo haciendo una pasantía con la editora  Anna Wintour.

Entre sus aficiones, además de las redes sociales, se  destaca la música. En el año 2011 grabó un sencillo titulado  ‘Like a Bird’. Juega  tenis  como su madre y apareció con raqueta en mano en el programa de Oprah Winfrey, en el que abrió las puertas de su casa en California.

Durante su vida adulta, Donald Trump ha contribuido a vender bastantes ejemplares de la llamada “prensa del corazón”. Tres costosos matrimonios y dos divorcios escandalosos dan fe de ello. 

Ivana Zilnickova, fue la  primera en llevar a Trump al altar. Ella nació en Checoslovaquia y trabajaba como modelo en Nueva York cuando conoció al joven y prometedor empresario.  Donald e Ivana  formaron durante los años 80, una de las parejas más poderosas de los negocios en Nueva York. Fruto de su unión nacieron Donald Jr, Ivanka y Eric. 

Las infidelidades de Donald hicieron que  ella pidiera el divorcio en 1991.  “No te quedes enfadada, quédate con todo”, fue la famosa frase de Ivana, quien se llevó US$ 25 millones, la mansión familiar de 41 habitaciones valorada en US$14 millones,  y una pensión anual de US$5 millones, además de la casa de Palm Beach.

 Antes de terminar de concretar su divorcio, Trump comenzó  a hacer público su romance con Marla Mapples, una exreina de belleza y aspirante a actriz, 16 años más joven que él.

Se casaron con un acuerdo prenupcial y tras seis años de unión, al  parecer por una grave crisis financiera que atravesaban las empresas Trump. Se  divorciaron  un mes antes de que expirase el acuerdo prematrimonial y Marla se llevó solo los US$2 millones  acordados, según reseñó Vanity Fair. 

Aficionado a las rubias, la que se le escapó al magnate fue la Princesa Diana, con quien -se ha dicho- estaba obsesionado. “La bombardeaba en el Palacio de Kensington con enormes ramos de flores que valían cada uno cientos de libras”, relató al diario la periodista británica Selina Scott.

El intento de conquista ocurrió en 1996, cuando Carlos de Inglaterra y ella se divorciaron. Scott asegura que la Princesa, que murió en un accidente de coche en París en 1997, le confesó que estaba “cada vez más preocupada sobre qué debía hacer” respecto a los regalos que le enviaba su enamorado millonario.

“Estaba sentada al lado de Diana en una cena privada y me explicó el bombardeo floral de Trump. ‘¿Qué voy a hacer?’, me preguntó. ‘Me da escalofríos’. ‘Tíralas a la basura’, le dije, y ella se río”, explicó la periodista.

“Trump veía claramente a Diana como una mujer trofeo”, señala en su artículo Scott. “Cuando ella murió, Donald les dijo a sus amigos que su mayor pesar era no haber tenido una cita con ella. Dijo que siempre pensó que tenían la oportunidad de iniciar un romance”, afirmó.

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