Las razones de Rusia detrás de la anexión de Crimea

Las razones de Rusia detrás de la anexión de Crimea

Marzo 23, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee | Especial para El País
Las razones de Rusia detrás de la anexión de Crimea

Partidarios rusos sostienen banderas rojas de la Unión Soviética durante un mitin en apoyo de Crimea unirse a Rusia, cerca de la Plaza Roja de Moscú.

Rusia tiene intereses históricos y estratégicos en la península. Putín le traza la raya a la Otán y a EE. UU.

La integración de Crimea a la Federación Rusa cierra un ciclo histórico iniciado hace 25 años atrás, cuando se desintegró el imperio soviético y una Rusia debilitada no hizo más que retroceder. Hoy, tras casi quince años de recuperación económica, el gigante euroasiático ha decidido plantarse y dar la pelea. La revolución de la plaza Maidán, la caída del presidente Víctor Yanukovich, la amenaza de que Ucrania ingrese a la Unión Europea y a la Otan, sumada a la ley prohibiendo el idioma ruso aprobada por la Rada ucraniana, pero suspendida tras el revuelo que se armó, fueron deci- sivos para que Valdimir Putín considerara que Occidente había “cruzado la raya”. “Rusia fue puesta en un punto en el cual no podía ceder más”, dijo Putín en su discurso en el Parlamento al anunciar el ingreso de Crimea a la Federación rusa. “Pretenden arrinconarnos porque tenemos posiciones independientes”, “pero todo tiene límites”, sentenció.25 años de retrocesoLa desaparición de la Unión Soviética en 1991 redujo a Rusia a los límites históricos del imperio zarista: perdió su influencia sobre los países de Europa del Este, se retiró sin disparar un solo tiro y se disolvió casi sin ruido. Los quince países que la formaban recuperaron su independencia, y enormes comunidades rusas quedaron por fuera de sus fronteras, en Ucrania, Kazajstán, los países Bálticos, pero el Kremlin no hizo nada por reintegrarlos. Rusia estaba en pleno retroceso, signada por la calamitosa transición de una economía planificada al mercado, con un ejército desarticulado, armas obsoletas y pilotos cuyas esposas cortaban las pistas de los aeropuertos para exigir los salarios atrasados. La pérdida de control por parte de Moscú llevó a procesos separatistas adentro mismo de Rusia, como el de Chechenia en el Cáucaso, que provocaron dos dolorosas guerras.A pesar de las promesas realizadas en 1990 de que la Otan no se extendería hacia el este, la alianza atlántica incorporó a todos los países que pertenecieron al bloque soviético, 12 nuevos miembros, y en 1999 bombardeó Belgrado, la capital de Yugoslavia para defender el derecho de autodeterminación de Kosovo, una minoría albanesa. Moscú extrajo sus lecciones. Ese mismo año llegó Vladimir Putín al poder, Rusia se empezó a recuperar económicamente y la anarquía política cedió lugar a un gobierno supercentralista. A pesar de la decisiva ayuda prestada por Moscú en Afganistán contra Al Qaeda tras los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, el gobierno de George W. Bush se retiró en 2001 del tratado de prohibición de misiles antibalísticos firmado con la Unión Soviética en 1972, y empezó a emplazar sistemas antimisiles en Polonia y la República Checa, planes continuados por el presidente Barack Obama.El cercano exteriorRusia se tragó la amarga píldora de la extensión de la Otan en Europa del Este, pero no está dispuesta a admitir que su “cercano exterior”, su área de influencia, el “mundo ruso”, caiga bajo la órbita de la alianza militar occidental, lo cual sería considerado un acto de agresión que amenazaría su propia supervivencia.El 2 de abril de 2008, en la Cumbre de la Otan en Bucarest, Putin advirtió sobre la necesidad de actuar “muy, muy cuidadosamente” en Georgia y Ucrania, “una formación estatal muy complicada”, con 17 millones de rusos sumados a los territorios europeos adquiridos después de 1939, con Crimea, que fue recibida por Ucrania en 1954 “por decisión del Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética, sin que hubiera ningún procedimiento estatal para transferir el territorio”. Sin embargo, la Otan desoyó las advertencias, avanzando con sus planes de integrar a Georgia, lo cual provocó, ese mismo año, la miniguerra de cinco días entre Georgia y Rusia por Osetia del Sur. Rusia, que hasta ese momento se había negado a reconocer ninguna república secesionista de sus vecinos, la reconoció como independiente, sentando el precedente de lo que sucede hoy.“Critican a Rusia por lo mismo que hicieron en Kosovo”, se lamentó Putin, al recordar la invasión de la Otan para defender la autonomía de la pequeña región, cuya independencia fue reconocida en 2010 por la Corte Internacional de Justicia. Aún no se sabe si el actual conflicto continuará extendiéndose a las regiones rusoparlantes del sur y el oriente de Ucrania, o si estallarán otros conflictos similares en el área postsoviética. Mucho dependerá de lo que haga el nuevo gobierno de Kiev en relación con la Otan. Lo cierto es que Moscú trazó una raya de la cual no piensa retroceder, al precio que sea, para defender su vecindario más cercano, su área de influencia.Resignación y sanciónEl presidente de Ucrania, Alexandr Turchínov, dijo que su país nunca se resignará a aceptar la pérdida de Crimea, después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, promulgara el viernes la incorporación de la península en la Federación Rusa. El Viceprimer ministro ruso y el asesor de Putín están entre los sancionados por la Unión Europea por caso Crimea.

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