Las comunidades negras del mundo veneran a Nelson Mandela

Las comunidades negras del mundo veneran a Nelson Mandela

Abril 07, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

El 26 de abril de 1994 se celebraron las primeras elecciones libres de Sudáfrica, en las cuales veinte millones de ciudadanos votaron por primera vez, poniendo fin a más de 300 años de dominio blanco.

A comienzos de febrero de 1990, el presidente de Sudáfrica, Frederik de Klerk, legalizó el CNA, el partido de las negritudes y el 11 concedió libertad a Nelson Mandela, después de 27 años de cautiverio. Éste se convirtió en el principal interlocutor del mandatario para negociar el proceso de democratización. Uno de los primeros pasos se dio el 17 de junio de 1991 cuando el Parlamento derogó la ley de ‘apartheid’, que estuvo vigente 43 años, desde 1948.“Más allá de si los blancos eran conscientes o no de los cambios estaban ocurriendo, la realidad se los llevó por delante. Y ello no le quita méritos a De Klerk, quien jugó un papel muy importante en ese proceso”, asegura Juan Pablo Milanese, politólogo de Icesi. Cuando empezaron a verse los resultados, llegaron los reconocimientos internacionales para Mandela: en 1992 recibió el premio Príncipe de Asturias de cooperación internacional. Al año siguiente el Premio Nobel de la Paz, que compartió con De Klerk. “Mandela fue capaz de transformar profundamente una sociedad como la sudafricana y creo que el tema de la mayor aceptación de la raza negra en todo el mundo tiene que ver con el papel que jugó luego de la caída del ‘apartheid’, pues creó un nuevo Estado incluyente, sin hacer borrón y cuenta nueva sino mirando hacia adelante, sin olvidar el pasado”, explica Marcos Peckel, analista internacional.El 26 de abril de 1994 se celebraron las primeras elecciones libres de Sudáfrica, en las cuales veinte millones de ciudadanos votaron por primera vez, poniendo fin a más de 300 años de dominio blanco. Mandela, en ese entonces de 75 años de edad, obtuvo el 62,6 % de los votos y se convirtió en el primer presidente negro de esa nación. “No obstante su pasado violento, una vez llegó al gobierno sus políticas no se basaron en la revancha sino en un sistema político basado en la inclusión, y aunque no se haya logrado plenamente, los niveles de ésta son mucho más altos”, añade Milanese. A hacer un nuevo paísEl mandatario se posesionó el 11 de noviembre de 1994 y desde ese día puso en marcha una política de reconciliación nacional y mantuvo a De Klerk como vicepresidente. Había una expectativa enorme sobre lo que se iba a hacer: muchos negros vivían sin electricidad ni agua corriente, el 50 % era analfabeto y el 87 % de la tierra cultivable estaba en manos de los blancos y se esperaba que fuera redistribuida: “No esperen que hagamos milagros”, advirtió Mandela. Pero su sola presencia en el primer cargo de la nación, era en sí misma un milagro.“Al nombrar como vicepresidente a De Klerk dejó con representación a los dos principales sectores de la sociedad, lo cual eliminó la posibilidad del revanchismo”, dice el director de ciencias políticas de Icesi. Y complementa Peckel: “Mandela fue excelente presidente, porque le tocó hacer un Estado nuevo en un país que tenía instituciones económicas sólidas, a pesar del boicot. En cinco años pudo hacer la transición del 'apartheid' al sistema actual, evitando lo que pasó en Zimbabwe, que cuando cayó el régimen blanco subió un dictador negro que discriminó a los blancos. Eso lo evitó Mandela y mantuvo una nación unida en unas circunstancias que no eran fáciles”. Nelson Mandela gobernó hasta marzo de 1999, cuando por causa de cáncer de próstata entregó la presidencia a Thabo Mbeki. Desde ese momento se consagró a las causas humanitarias desde la fundación que lleva su nombre, la cual en 2003 lanzó una campaña internacional para recaudar fondos para luchar contra el sida, que en África tiene cifras de espanto. El título de la campaña es ‘46664’, el número de prisionero que Mandela llevaba en Robben Island, en sustitución de su nombre.Cuando el dirigente cumplió 90 años de edad, en julio de 2008, el gobierno de los Estados Unidos cayó en la cuenta de algo: por fin lo sacó de su lista de terroristas. Un año más tarde la ONU declaró el 18 de julio como el Día Internacional Nelson Mandela.Ya para ese entonces se le veía cada vez menos en público. El comentarista deportivo Édgar Perea, quien fue embajador en Sudáfrica de 2008 a 2011, cuenta: “Tuve la oportunidad de conocer a Mandela durante la posesión del presidente Jacob Zuma, a la cual asistimos los embajadores. Se me permitió saludarlo. Ya estaba muy enfermito, por cierto, pero bien mantenido. El futuro de SudáfricaVolvió a saberse de Mandela el Sábado Santo, 30 de marzo, cuando por causa de una neumonía fue hospitalizado, la cual cada tanto recrudece desde los tiempos de su largo cautiverio en Robben Island. Es la quinta vez que lo internan en los recientes dos años. Ayer, el líder de 94 años, fue dado de alta, tras mejorar su estado de salud y ahora será atendido en su domicilio, indicó un comunicado del presidente Jacob Zuma. Por ahora, “Sudáfrica sigue siendo un país con muchos problemas, pero ha encontrado equilibrio. Cuando Mandela se vaya de este mundo el país mantendrá la institucionalidad que logró con él”, vaticina Peckel.A lo cual añade Milanese: “Los liderazgos en las democracias más o menos estabilizadas tienden a no ser tan visibles como ocurrió en tiempos de Mandela. Ya tienden a burocratizarse. Por eso, difícilmente surgirá un líder con sus mismas características”. Tercia Perea: “Aunque está retirado de toda actividad, sigue siendo el hombre más importante de Sudáfrica y con muchísima influencia en los países donde aún hay discriminación racial. Su pensamiento, sus ideas y su ejemplo recorren todo África”.El exdiplomático, que pudo ver de primera vista el cambio en el país sudafricano, cuenta: “Ahora negros y blancos van a los mismos sitios, pagan los mismos precios, tienen iguales derechos. Claro que todavía hay recelos interraciales, pues las huellas del 'apartheid' no se han borrado del todo”. Perea percibe que “también puede haber algo de discriminación del negro, porque el negro busca al negro y el blanco busca al blanco. Si se encuentran en algún lugar no se rechazan, pero conservan sus distancias. Y de pronto se ve en la calle una negra con su esposo blanco, pero no es frecuente. No veo posible que los blancos traten de recuperar el poder apenas desaparezca Mandela, porque incluso ahora su incidencia política no es mucha, por más que sea un símbolo”, concluye Juan Pablo Milanese.

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