La valentía tiene sello de mujer en México

Febrero 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Solano Abadía, corresponsal de El País México.
La valentía tiene sello de mujer en México

Violencia. El homicidio de Marisela Escobedo generó una serie de marchas que pedían no más asesinatos de mujeres. Cada seis horas una mujer es asesinada en México.

Historias de cuatro mujeres y su lucha contra la violencia. Heroínas de tacón.

La violencia contra las mujeres en México ha sido motivo de titulares de prensa, de condenas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y hasta de advertencias del Departamento de Estado de Estados Unidos.Desde hace una década son recordadas las muertas y desaparecidas de Ciudad Juárez. Crímenes que quedaron en la impunidad.Ahora, cuando este país pasa por uno de los momentos más violentos de su historia: 30.196 asesinatos en los primeros cuatro años de la administración del presidente Felipe Calderón debido a la violencia relacionada con el narcotráfico, de la tragedia emergen historias de valientes.María Santos Gorrostieta y Marisol Valle, siguen luchando contra la delincuencia; Marisela Escobedo, activista de las mujeres de Juárez, y Hermila García, jefe policial, asesinadas el año pasado.Un cuerpo mutilado, pero la valentía intacta“Quise mostrarles mi cuerpo herido porque no me avergüenzo de él”. Son las palabras de María Santos Gorrostieta, alcalde del municipio mexicano de Tiquicheo, en Michoacán.Este es otro de los estados mexicanos golpeado por los carteles de la droga. En su territorio opera el cartel denominado ‘La Familia Michoacana’.Uno de los municipios michoacanos es Tiquicheo, liderado por María, una mujer que en el segundo de tres atentados en su contra, perdió a su esposo José Sánchez. Mutilada, cortada, aún con cicatrices.. mostró su cuerpo semidesnudo ante los medios de comunicación. “Soy una mujer con fuerza y entereza… a pesar de mis heridas físicas y mentales, sigo de pie”.María está herida, pero tuvo suerte de no ser la alcaldesa número 23 muerta violentamente desde que Calderón llegó al poder en el 2006. En lo que va corrido del 2011 los mandatarios de Oaxaca, Morelos, Coahuila y Veracruz han sido asesinados.Ella, justo un año después de su último atentado, no tiene planes de salir de su ciudad y mucho menos abandonar su encargo. Dice tener miedo pero asegura que sacará más agallas para continuar con la responsabilidad de dirigir una población aturdida por la violencia.“La Jefa”A finales de noviembre del 2010, Hermila García fue asesinada. La mujer de 38 años fue interceptada por la mañana cuando se dirigía a su oficina. Un comando disparó contra ella en el poblado conocido como Los García, lugar donde residía.Hermila era jefa de policía del municipio de Meoqui, una población situada a 70 kilómetros de la capital del estado de Chihuahua. Tenía a su cargo a 90 agentes y fue la primera opción del alcalde Salvador García a la hora de escoger al nuevo titular. La flamante jefa de policía había sido alumna del entonces profesor García en segundo de primaria.El nombramiento de una mujer como jefa de policía provocó una especie de conmoción. Meoqui es una región primordialmente agrícola que cuenta con poco más de 20.000 habitantes, por eso “La Jefa” solía tener un perfil discreto.Soltera, sin hijos y sin escoltas, Hermila solía decir que “el que nada debe, nada teme”. Tras la muerte de Hermila, vinieron los homenajes y las condenas, pero la violencia no ceso en Meoqui.Una joven, al mando de un cuartelPráxedis es un pueblo fronterizo cercano a la ciudad más violenta de México: Ciudad Juárez. Vive en un clima de miedo y amenaza permanente. Riñas entre los carteles de Juárez y Sinaloa han dejado asesinatos, asaltos y huérfanos. Todos se conocen. Al lado del Palacio Municipal, está la comandancia a cargo de la nueva jefa de la policía municipal: Marisol Valles García.Tiene 20 años y la llaman Mary. A principios del 2012 recibirá su título profesional en Criminología y también cumplirá 21 años. Es delgada, con pecas debajo de los ojos. Su maquillaje es tenue, genuino. Tiene una cartera rosada en su escritorio, junto con papeles de ingreso de nuevos policías. Es madre de un bebé de nueve meses, también está casada, estudia los fines de semana y dirige a 14 policías en un pueblo plagado por la violencia y el narcotráfico. El antecesor de Marisol fue asesinado. El puesto duró vacío más de cuatro meses porque “nadie quería ocuparlo”, cuenta una señora que vende ‘burritos’ en el parque. Marisol no sabe manejar un arma. No tiene escoltas, dice no necesitarlos.Doce de los catorce policías que dirige, también son mujeres. Algunas madres, otras solteras, con hijos y un par que estudian y trabajan. No tienen uniforme verde militar y tampoco salen armadas a los recorridos que hacen diario caminando o en alguna de las dos patrullas que hay en el municipio.Dice no tener miedo. Recuerda que cuando era niña, podía recorrer las calles de su pueblo hasta altas horas de la noche. “Había mucha más convivencia, los niños estaban afuera, corrían”. Ahora el escenario es otro. La ciudad muere a las 9:00 p.m. y los que salen de casa después de ese horario, seguramente “tendrán alguna emergencia”, señala.Práxedis ha sido territorio en disputa por los narcotraficantes. La cercanía con Ciudad Juárez que registra un promedio de 2.700 asesinatos al año, lo convierten en un escenario plagado por el miedo.Pese a todo, Marisol admite tener fe en que las cosas mejorarán y la tranquilidad llegará por fin a su comunidad.La lucha de una madre en Ciudad JuárezEsta historia refleja el drama de una madre. De una valiente que emprendió una lucha en busca de justicia por el asesinato de su hija, una de las tantas mujeres víctimas de la violencia en Ciudad Juárez.Fue una lucha incansable hasta que el pasado 16 de diciembre del año pasado las balas le cegaran la vida frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua. Su nombre era Marisela Escobedo, una activista que buscaba justicia después de que un joven de nombre Sergio Rafael Barraza, confesara que había asesinado a su hija Ruby, dos años atrás y las autoridades chihuahuenses decidieran dejarlo en libertad por falta de pruebas.Fue ella misma la que, cansada de tocar puertas en el estado de Chihuahua, encontró las pruebas que demostraban que Barraza había sido el asesino de su hija, de 16 años. En Chihuahua, suplicó, marchó sin ropa por las calles, encabezó marchas... La tildaban de loca, pero nunca desistió.Los gritos de Marisela, retumbaron en cada mexicano que veía las imágenes del momento en que tres jueces de Chihuahua, dejaron libre a quien aceptó haber cometido el crimen y además había mostrado el lugar exacto donde le prendió fuego a su hija Rubí.Desde entonces, Marisela clamaba justicia a través de caminatas y pancartas que mostraban el dolor de una madre que veía como su hija, enlistaba el número de las casi 400 mujeres que han sido asesinadas en los últimos diez años en Ciudad Juárez.“Justicia: privilegio del gobernador. ¿Y para mi hija cuándo?” era el mensaje que llevaba Marisela minutos antes de ser asesinada por un hombre que la alcanzó con una bala mientras ella corría con todas sus fuerzas para escabullirse.Un día después el negocio de su familia fue incinerado. Luego, asesinaron a su hija. Hoy, a casi dos meses del asesinato de Marisela, su eco de injusticia sigue intacto en cada mexicano. Incluso, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la ONU exigieron que se castigue a los responsables.Cifras60% de las mujeres mexicanas ha sufrido violencia doméstica alguna vez en su vida. 388 mujeres fueron asesinadas en el 2009 en la capital de Chihuahua.

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