La Unión Europea se enfrenta a un destino escéptico y riesgoso

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Avance de la extrema derecha y euroescépticos en el Parlamento Europeo preocupa y sacude la política. Expectativa.

La Unión Europea se enfrenta a un destino escéptico y riesgoso

Junio 01, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Diego Muñoz, Corresponsal en España
La Unión Europea    se enfrenta a un destino escéptico y riesgoso

De izquierda a derecha (arriba a abajo), Timo Soin, Udo Voigt (el nazi alemán), Ilias Kasidiaris, Nigel Farage, Heinz-Christian Strache, Gabor Vona, Danés Morten Messerschmidt y la francesa Marine Le Pen, quienes representan movimientos antieuropeístas, en su mayoría con una enorme carga de nacionalismo, racismo y xenofobia.

Avance de la extrema derecha y euroescépticos en el Parlamento Europeo preocupa y sacude la política. Expectativa.

La Europa de hoy no es la misma que la de hace una semana. No se han levantado nuevas fronteras, tampoco es que hayan entrado otros países a formar parte de ella, sólo que de manera simple, hay otras banderas, otros gritos, otros sueños que nada o poco tienen que ver con el orden establecido. La Europa de hoy ha quedado bañada de muchas expectativas y también demasiados peligros. Tras las elecciones al Parlamento Europeo, que ganaron los conservadores, pero que dejaron triunfantes a los euroecépticos, los eurófobos y a los grupos ultras (suman el 20%), como lo ocurrido en Francia con la victoria de Marine Le Pen, la Europa de hoy ha entrado en un nuevo plan de vuelo, para muchos, con destino desconocido.No era para menos, pero no se lo esperaban los dirigentes de Bruselas. Cinco años de crisis, de penalidades, de ajustes, de recortes, de ver caer poco a poco el estado de bienestar, de un empobrecimiento general, sobre todo en los países del Sur, han pasado factura. Veintiséis millones de parados, dos generaciones de jóvenes que no van a encontrar trabajo en España, los más grandes recortes en educación y sanidad en los países del Sur, y el cierre de miles de empresas, han hecho creer a cientos de votantes que el proyecto europeo se ha venido abajo. Ya no hay confianza en el plan de integración.El resultado de los comicios habla por sí solo de un desconcierto casi total de la sociedad con los políticos. Y ha permitido por supuesto, el nacimiento y la consolidación de los grupos antieuropeístas, en su mayoría con una enorme carga de nacionalismo, racismo y xenofobia, que ya en las elecciones pasadas daban su toque de alerta.El proyecto Europeo hasta ahora ha dejado claro para una buena parte de sus ciudadanos, que existen dos Europas, la del norte rica y poderosa, y la pobre del sur, que tiene que someterse a planteamientos que imponen los primeros en Bruselas. Es decir, una Europa que dirige y la otra que tiene que seguir sus dictados. Y en todo este clima, han salido ganando los que siempre suelen hacerlo, los populistas, los del discurso fácil y los que quieren que el proyecto se vaya al traste.Mientras los líderes de cada uno de los 28 países que integran la Unión se reunían en Bruselas para analizar y corregir los errores, para tratar de reimpulsar la economía y recuperar la confianza de los ciudadanos, Marine Le Pen, del Frente Nacional, que ha provocado un verdadero cataclismo en Francia, hacía lo mismo en el Parlamento Europeo, con la alianza antieuropeísta que ha formado junto a la Liga Norte de Italia, el Geert Wilders de Holanda y partidos radicales de Austria y Bélgica (Jobbik). Con ellos espera hacer un grupo fuerte que pueda plantar cara a los europeístas.“Queremos devolverle la soberanía a cada país, detener de una vez el avance de la construcción de la Unión Europea”, dice la líder francesa. Para ellos, aún no es tarde para dar el paso atrás y volver a trazar las fronteras y las monedas.“El discurso oficial europeo -dice la periodista española Irene Lozano- lleva años ofreciendo solo una pesadilla tras otra: recortes en derechos y certezas. Por eso a los charlatanes les ha bastado con sacar a la palestra sus menjurjes populistas para poner ante los ojos de los votantes un sueño, como hace décadas que la política no lo ofrecía. “El problema, con todo, no es lo que vayan a hacer ellos, sino lo que vamos a hacer nosotros, los demócratas. ¿Se tomará el Consejo Europeo en serio lo que significa el auge de los extremismos de todo tipo, en todo el continente, a derecha y a izquierda? ¿Qué ofrecerán los gobernantes frente a la vigorosa utopía de los eurófobos? ¿Se hicieron la pregunta mientras celebraban una de sus cenas sin hambre? Si su respuesta consiste en continuar esgrimiendo la pesadilla de la austeridad, la decimilla del déficit y la palmadita en el hombro con cada reforma laboral, los timadores seguirán ganando¨, explica.Aunque en la práctica el movimiento de Le Pen carece de fuerza real para cambiar las instituciones de la UE, es un fenómeno que debe obligar a reaccionar a las grandes formaciones europeístas.“En cada país, como hemos visto en España y en Francia, los grupos nacionalistas y populistas han echado la culpa a la Unión cuando los gobernantes se han visto obligados a aplicar medidas impopulares y recortes por el mal manejo de la economía y las finanzas. “Y les ha ido bien, han captado el interés del público que ha sufrido esta crisis y que ven, como otros países, que son los que nos obligan a soportarlo, la pasan mejor. Esta Europa no es igualitaria. Por eso piensan que si la única Europa posible es esta que nos tortura, no va a quedar otro remedio que acabar con ella. Hay una brecha enorme entre el Norte y el Sur, como la hay ahora en lo que los ciudadanos piensan que es Europa y lo que no debe ser Europa”, dice el analista español Tomás García Vicente.Para Timothy Garton Ash, -catedrático de Estudios Europeos de la Universidad de Oxford- es preocupante lo que puede suceder en el Parlamento Europeo, con todos estos grupos nuevos que han podido quitar parlamentarios a los partidos políticos tradicionales.“Es más probable que se cree una especie de gran coalición implícita de los grandes grupos actuales, el centro-derecha, el centro-izquierda, los liberales y (para ciertos temas) los verdes, con el propósito de mantener a raya a todos los partidos antisistema. Si hay otros partidos nacionalistas y xenófobos dispuestos a aceptar el liderazgo de la triunfadora Marine le Pen y su Frente Nacional y a obviar sus diferencias para formar un grupo reconocido en el Parlamento, eso les permitirá tener acceso a subvenciones (con dinero de los contribuyentes) y más poder en los procedimientos parlamentarios, pero no los votos suficientes para superar a esa posible gran coalición de centro. Si la gran coalición informal, agrega- “no ofrece en 5 años las respuestas que tantos europeos están pidiendo, solo servirá para reforzar los votos contra la UE en próximos comicios. Porque la responsabilidad del fracaso se achacará a todos los partidos tradicionales”.“El único aspecto positivo de esta negra nube que se cierne sobre el continente -añade Garton Ash- es que, por primera vez desde que comenzaron las elecciones al PE, en 1979, parece que la participación general no ha disminuido”.Simon Hicks, destacado experto en el Parlamento Europeo, distingue tres grandes zonas de descontento: los europeos del norte que no pertenecen al euro (británicos y daneses), los del norte que sí pertenecen al euro (alemanes que han dado varios escaños a Alternativa por Alemania, que se opone a la moneda única) y los europeos del sur pertenecientes al euro (griegos y portugueses, sobre todo). Aparte están los del Este, muchos con motivos de insatisfacción. El hecho de que los descontentos tengan procedencias tan variadas hace que sea más difícil abordar el problema.Para Hicks, no obstante, todos tienen una cosa en común: la inquietud por las oportunidades que van a tener sus hijos.“Hasta hace 10 -agrega- lo normal era pensar que la siguiente generación tendría una vida mejor. Europa era un elemento de una historia general de progreso. Sin embargo, según un Eurobarómetro de este año, más de la mitad de los entrevistados piensa que los que hoy son niños en la UE tendrán una vida más difícil que la suya. Ya hay una generación de graduados que sienten que se les ha robado ese futuro mejor que les habían enseñado a esperar. Son los miembros de una nueva clase: el precariado”. Para el ciudadano común la respuesta a las inquietudes es simple: basta ya de interminables debates institucionales, de largas deliberaciones, basta ya de más o menos Europa. Más mercado único para la energía, telecomunicaciones, Internet y servicios y menos Bruselas, menos discusiones, menos pasividad.“Es la hora de tomar medidas efectivas, cualquier medida que ayude a un europeo a encontrar un empleo, un buen empleo, cualquier medida que cree un puesto de trabajo, hay que eliminar cualquier burocracia que conduzca a un ciudadano al paro”. Para Timothy Gartos Ash, es lo que se necesita, lo que debería ocurrir. “¿Pero ocurrirá? . Tengo la terrible e íntima sensación de que, en el futuro, tal vez los historiadores escribirán sobre las elecciones del Mayo de 2014: Fue la señal de alarma que Europa no oyó.

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