La revolución siria quedó eclipsada por el Estado Islámico

Marzo 11, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co l AFP

Cuatro años después, Siria no ve el final de un conflicto que causó más de 210.000 muertos y dejó más de 10 millones de desplazados.

La guerra de Siria entra en su quinto año, y la insurrección contra un régimen que se aferra al poder y el sufrimiento de la población quedaron eclipsados por las atrocidades cometidas por los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) . El 15 de marzo de 2011 comenzaba, en plena Primavera Árabe, el movimiento de protestas a favor de cambios democráticos en un país gobernado con mano de hierro por la familia Al Asad desde 1970. Cuatro años después, Siria no ve el final de un conflicto que causó más de 210.000 muertos y dejó más de 10 millones de desplazados.Lea también: Más de 210.000 muertos ha dejado la guerra en Siria El país se derrumbó, la economía y las infraestructuras fueron destruidas, y el hambre se convirtió en la inseparable compañera de numerosos sirios, entre los cuales más de 12 millones precisan ayuda humanitaria. El conflicto, que empezó como un enfrentamiento entre rebeldes moderados y el régimen, se volvió mucho más complejo con el ascenso de los grupos yihadistas, sobre todo del EI, a partir de 2013. "Durante los primeros años de la revolución, había dos bandos claramente identificados" , explica Karim Bitar, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) , con sede en París. "Hoy es un poco la guerra de todos contra todos, y no se ve, en ese contexto, cuál puede ser la solución política". Estado Islámico, ¿'enemigo absoluto'?La comunidad internacional descubrió, horrorizada, las atrocidades de los yihadistas que usan las redes sociales para reivindicar la decapitación de rehenes, la crucifixión de "infieles" o "espías" o la esclavización de mujeres. Provocaron terror con el vídeo de un piloto jordano quemado vivo en una jaula porque participaba en la coalición creada en 2014 para detener al EI. Este grupo, que proclamó un califato en los territorios que conquistó en Siria y en Irak, "ha ido tan lejos en el horror que ha conseguido persuadir a Occidente de que Daesh (acrónimo del EI en árabe) encarnaba al enemigo absoluto y que todo lo demás era un mal menor", asegura Bitar. Al principio, el movimiento extremista sunita procuró evitar los combates con el ejército del régimen. Sólo se atrevió a enfrentarse a las tropas del presidente Bashar al Asad en 2014, tras haber conquistado regiones del este y del norte de Siria en manos de los rebeldes y sus exaliados del Frente al Nosra, la rama siria de Al Qaida. Entretanto, combatientes extranjeros fueron a engrosar sus filas, aumentando más aún la preocupación en Occidente. El autoritarismo, un 'mal menor'El contexto benefició al presidente Al Asad, al que Occidente considera ahora como un posible socio en la lucha contra el extremismo.El mandatario puede, además, contar con el respaldo de Irán, Rusia y el Hezbolá libanés. En 2013 consiguió evitar in extremis una intervención militar extranjera, aceptando un acuerdo elaborado por Washington y Moscú sobre la supresión de sus depósitos de armas químicas, tras la muerte de 1.400 personas en un ataque contra una zona rebelde cerca de Damasco. En los últimos meses, las voces que piden la marcha de Al Asad se han hecho más discretas. Y el enviado especial de la ONU, Staffan de Mistura, llegó incluso a declarar en febrero que el presidente sirio formaba "parte de la solución". "Se vuelve a considerar, como antes de las revoluciones árabes, que el autoritarismo es un mal menor y que hay que vivir con ello" , afirma Bitar. El Ejército Sirio Libre, que fue durante meses la espina dorsal de la rebelión respaldada por Occidente y consiguió victorias contra el régimen, es ahora una alianza de pequeños grupos sin recursos. Aunque "el nivel de violencia podría disminuir (...), es muy difícil imaginar que Siria se pueda recuperar en un futuro cercano" , vaticina Emile Hoyakem, investigador del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos con sede en Londres. Por su parte, los militantes prodemocracia perdieron la esperanza. "¿De qué revolución hablamos ahora?" , se pregunta Yazan Homsy, que vivió durante cerca de dos años en la ciudad sitiada de Homs (oeste) . "Estoy totalmente convencido de que la comunidad internacional no tiene conciencia moral" .

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