¿La Presidencia ‘c’est fini’ para Sarkozy?

¿La Presidencia ‘c’est fini’ para Sarkozy?

Abril 22, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Por Diego Muñoz, especial para El País
¿La Presidencia ‘c’est fini’ para Sarkozy?

Nicolás Sarkozy, presidente de Francia.

El popular Mandatario conservador no logra convencer a la mayoría del electorado. Hoy, en la primera vuelta, los franceses le podrían pasar su factura de cobro.

Si alguien dudaba de que el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, era ya un “viejo zorro” de la política, con el detalle que ha tenido el pasado domingo cuando se disponía a saludar al público durante un mitin en la Plaza de la Concordia, ya no cabe duda alguna.El Presidente, candidato de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) en las elecciones por la Presidencia que se celebran hoy - en su primera vuelta- llevaba en la muñeca un reloj que le había regalado su esposa Carla Bruni valorado en 55 mil euros y al acercarse a sus seguidores, tuvo la precaución de quitárselo y guardarlo. No le iba a ocurrir lo que le pasó a George Bush en su visita a Albania en el 2007.Una muestra clara de su experiencia, pero también de su desconfianza a quienes le han rodeado y apoyado. Y ha sido esta desconfianza lo que le ha hecho dar tumbos y perder apoyos en la última recta, y tanto que, si los sondeos no se equivocan podría perder las opciones de quedarse en el poder tras la jornada de este domingo a la que están citados diez candidatos y casi 14 millones de electores.Hace apenas unas semanas Sarkozy marchaba primero en las encuestas, pero poco a poco fue perdiendo el impulso frente a su rival más directo François Hollande del Partido Socialista y quizá también a Marine Le Pen, del Frente Nacional.Hace una semana, el 29% de los franceses le daba su apoyo a Hollande y el 24% a Sarkozy, cuando quince días atrás las preferencias eran al contrario, un 30% para el actual Mandatario y un 24% para Hollande. Detrás de ellos Marine Le Pen, con un 17%. A pocas horas de las elecciones, el aspirante socialista tendría entre el 27 y el 30% de los votos, mientras que el conservador, entre el 25 y el 28%. ¿Están cansados los franceses de Sarkozy? ¿Ya no quieren más de lo mismo? ¿Se cobrará la crisis otra víctima?Como primera medida no es la primera vez que un presidente francés quiera buscar su reelección. En los últimos años la buscaron De Gaulle, Giscard D’Estaing, François Mitterrand y Jacques Chirac, pero sólo los dos últimos, Mitterrand en 1988 y Chirac en 2002, lo lograron.Para el sociólogo e investigador francés Roland Pfefferkorn, profesor de la Universidad de Estrasburgo, el caso de Sarkozy tiene aspectos diferentes.“Primero su estilo -explica Pfefferkorn-, su manera arrogante de hacer política, basada principalmente en técnicas de comunicación, e incluso de la mentira. Sarkozy incumplió muchas promesas. Su política en estos años favoreció a la gente más rica y ahí está su política fiscal que lo deja claro, arremetió contra los servicios públicos, por ejemplo, en lo que tiene que ver con la educación y la salud”.Por eso, agrega el experto, al intentar su reelección, Sarkozy se arriesga como ningún otro presidente anterior en la V República. “Nunca antes un presidente llegó a tener un índice tan alto de impopularidad. Además, está implicado en varios asuntos turbios”, subraya.La caída de Sarkozy, que apenas comenzó la campaña en febrero se ubicaba primero, con opciones de ganar en primera vuelta, no sólo ha disparado las opciones de Hollande, tanto para la primera vuelta, como para la segunda, del 6 de mayo. También le ha dado alas a la extrema derecha representada por Marine Le Pen, que ha comenzado a moderar el tono de su discurso.“Esperamos una gran sorpresa”, dijo Le Pen. Y hablando de sorpresas hay que citar la del candidato de extrema izquierda Jean Luc Mélenchon, del Frente de Izquierda, que ha acumulado al cierre de los sondeos, un 15% de las preferencias de los votantes, un 10% más que hace tres semanas.Hollande, camino al socialismoHollande, de 57 años, y que podría ser el primer presidente socialista desde Mitterrand, ha ido sumando apoyos de diferentes sectores políticos, en especial, del propio partido de Sarkozy, incluso de varios de sus exfuncionarios y otros del gobierno de Jacques Chirac.Para los franceses, tal y como ha sucedido en otros países como Portugal y España, por citar dos ejemplos, la crisis no perdona a quienes se han encargado de gestionarla durante la dura embestida de los últimos años. Y si los sondeos no se equivocan, los electores están dispuestos a pasarle la factura a su Presidente.Así las cosas, los días de Sarkozy parecen estar contados, primero porque los resultados, a la larga, sólo han dejado en Francia más pobreza, más impuestos y menos desarrollo, y segundo, porque la oposición en todos los países afectados por la crisis ha sacado provecho de la situación.“Lo de Sarkozy es un desastre” ha dicho Hollande, mientras que el Presidente se defiende mostrando los años de gobierno socialista en España.“Sarkozy sacó adelante una complicada reforma de las pensiones, fortaleció la autonomía de las universidades y las jurisdicciones administrativas y contribuyó a la caída del dictador libio Muamar al Gadafi, que años antes fue su amigo. Pero, con la crisis, las cosas fueron cambiando: el desempleo alcanzó la tasa más elevada de los últimos diez años, el fisco estatal está lleno de deudas y el crecimiento económico va desde hace tiempo muy por detrás del alemán”, dijo Pfefferkorn.Gane quien gane estas elecciones, dicen los europeos, el candidato que salga victorioso tendrá un duro panorama por delante, aunque no tan sombrío como el que ha tenido Mariano Rajoy en España.Además, en Francia hay aún una bomba de relojería que no ha sido desactivada en las barriadas de varias ciudades donde hace seis años estallaron las revueltas más duras desde Mayo del 68.“No han cambiado mucho las cosas -dice la estudiante colombiana Alina Flórez Medina- los jóvenes, la mayoría inmigrantes nacidos y educados en Francia, siguen buscando trabajo, siguen perdiendo oportunidades, porque los problemas que hicieron surgir las revueltas no han tenido solución. Hay un problema de integración que preocupa cada vez más”.Para el investigador Roland Pfeffertkorn el electorado ha perdido la confianza en los políticos y los índices de abstención van a subir en estas elecciones.“La coyuntura actual -explica- se caracteriza por la gran desafección por la clase política en general, es decir, hay una distancia y una desconfianza creciente en especial de las clases más populares y sobre todo hacia los grandes partidos, la UMP de Sarkozy y el Partido Socialista”.No es lo único que ahuyenta a los electores. Tampoco hay figuras nuevas, todos, o la mayoría, provienen de la carrera política, viejos zorros como Sarkozy, profesionales de la política en quienes prima el interés personal al general.“Para ellos -agrega Mariel Monteaux, politólogo que vive en Madrid- la plataforma ideológica del partido no es la principal motivación en su compromiso político. Antes los partidos representaban intereses sociales de grupos, pero hoy la clase política es autónoma, no hay conexión entre los partidos y la masa cívica. La clase política se interesa en gobernar y en realizar proyectos personales, es decir, el bien común pasa a ser demagogia porque en realidad sólo se busca el bien personal”.Sea como sea, los franceses irán hoy a las urnas y es probable que lo vuelvan a hacer el próximo 6 de mayo y sin duda, en ambas estará François Hollande. ¿Con Sarkozy? ¿Con Le Pen?Si la segunda vuelta enfrenta a Hollande con Sarkozy, según los sondeos, Hollande podría ser el ganador. Pero nada está escrito. Los sondeos suelen equivocarse en ocasiones. Y además está en la carrera Nicolás Sarkozy, el marido de Carla Bruni, el supresarko que libera rehenes y que quiso liberar a Íngrid Betancourth, el Presidente que junto a la alemana Ángela Merkel, ha sido la locomotora de la Unión Europea pero que también la llevado, quieran o no, a varios países a la quiebra casi total.Está en la carrera un viejo zorro de la política, que como los zorros, astutos y rápidos, podría escapar de sus perseguidores y volver a sentarse en el Elíseo para continuar la política europeísta de los recortes y mantener sus medidas en contra de las clases populares.

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