La muerte de Kennedy: 50 años de preguntas sin respuestas

La muerte de Kennedy: 50 años de preguntas sin respuestas

Noviembre 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpaís.com.co | Resumen de agencias
La muerte de Kennedy: 50 años de preguntas sin respuestas

Fotografía fechada el pasado 12 de diciembre de 1962 que muestra al presidente estadounidense John F. Kennedy durante un discurso en la Universidad Rice de Houston, Texas, Estados Unidos.

Pese a que ha pasado medio siglo desde el magnicidio, ocurrido en Dallas, los documentos sobre el resultado de las investigaciones mantienen el carácter de reservados.

A pesar de las múltiples teorías sobre la muerte de John Fitzgerald Kennedy (JFK), la historia oficial dice que, hubo un único culpable de aquel fatídico tiroteo ocurrido en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963: Lee Harvey Oswald, un antihéroe en busca de identidad propia dentro de una sociedad en la que no encajaba. Ese es el retrato que hace el periodista Peter Savodnik en su libro ‘The Interloper: Lee Harvey Oswald Inside The Soviet Union’ (El instruso: Lee Harvey Oswald en la Unión Soviética). Durante décadas, Oswald fue visto como la pieza ejecutora de una abrumadora maquinaria engrasada para acabar con el joven y carismático JFK. Los argumentos acerca de una conspiración a gran escala fueron desmentidos por la Comisión Warren, pero los motivos del pistolero para cometer el asesinato siguen siendo una de las mayores incógnitas de los tiempos modernos.La Comisión Warren, creada por el presidente Lyndon Johnson para investigar el asesinato, llegó a la conclusión, en 1964, de que Oswald actuó por su cuenta, que hizo tres disparos desde una ventana en el sitio donde trabajaba en Dallas: el Depósito de Textos Escolares de Texas. El informe dice que Oswald “actuó impulsado por su gran hostilidad hacia su medio ambiente y no parece haber sido capaz de establecer relaciones significativas con otra gente. Estaba siempre molesto con el mundo a su alrededor. Mucho antes del asesinato expresó su odio hacia la sociedad estadounidense”. Muchos han cuestionado esa conclusión y, en 1978, la comisión de la Cámara Baja sobre asesinatos hizo su propia investigación y dijo que Kennedy “probablemente fue asesinado como resultado de una conspiración”. Savodnik no está de acuerdo con esas interpretaciones. Para documentar su obra, viajó a Minsk, la capital de Bielorrusia, donde Oswald vivió durante más de dos años.“Allí tuvo la oportunidad de convertirse en la persona que quería ser, y fracasó por completo”, aseguró al diario The Boston Globe el escritor, quien no siembra dudas sobre la autoría del asesinato de Kennedy.“Sabemos quién lo hizo”, afirmó. “Existe un deseo abrumador de catalogar la vida y muerte de Kennedy como un mito. Es insatisfactorio que acabara con él un tipo mediocre con problemas afectivos”, agregó. Esa es su explicación sobre el por qué de las teorías conspirativas alrededor del trágico suceso, consciente de que a la gente le atraen más “las explicaciones geopolíticas” cuando, en este caso, opina que la decisión de apretar el gatillo no la tomó una gran fuerza abstracta, sino “las cosas que ocurrían dentro de la cabeza de Oswald”.“Si se presta atención a quién fue Oswald, el misterio es mucho menos misterioso”, afirmó el periodista.Un exmarine “desencantado”Oswald, un exmarine que, con 19 años, desertó a la Unión Soviética en octubre de 1959, desencantado con la vida que llevaba, permaneció allí hasta junio de 1962, por lo que muchos historiadores aseguran que se trataba de un agente infiltrado. Según el testimonio de Savodnik, Oswald a los 17 años había cambiado de casa en 20 ocasiones, siempre acompañado por una madre dominante, inestable y con dificultades económicas. Eso sin contar el tiempo que permaneció bajo el cuidado de familiares o en un centro para jóvenes problemáticos. El Estados Unidos de la postguerra no conseguía despertar ningún entusiasmo en Oswald, lo que provocó su fijación con el sentimiento de camaradería que ofrecía el comunismo en la URSS que, tras unos inicios alentadores donde encontró cierta felicidad, también le decepcionó por sus dificultades para adaptarse a su cultura y hacer amigos. De hecho, los pocos que hizo y el trabajo que consiguió como operador de una empresa electrónica fueron decisiones orquestadas sin su conocimiento por la Policía Secreta de la Unión Soviética, KGB.“Abandonó su antigua vida y se introdujo en una adornada de nueva gente, un nuevo paisaje y un nuevo lenguaje con la esperanza, esta vez, de dar con un hogar fijo”, escribe el autor sobre Oswald, descrito como alguien repleto de experiencias y deseos alienantes. A su regreso a América, casado y con una hija, el sentimiento de vacío y soledad en Oswald era mayor que nunca, por lo que comenzó a buscar la forma de expresar su frustración y rabia. Con la ayuda de un rifle, dio con ella desde el sexto piso de un edificio de la plaza Dealey, en Dallas. Dos días después, el propietario de un club nocturno de la ciudad, Jack Ruby, sospechoso de tener relación con la mafia, lo asesinó antes de que fuera juzgado. Ruby aseguró que le molestó mucho el asesinato de Kennedy y que quería evitar que la primera dama, Jacqueline Kennedy, tuviese que soportar el juicio de Oswald. Hay quienes dicen que Ruby tenía contactos con el bajo mundo y que probablemente fue parte de una conspiración. La conspiraciónUn complot de la CIA, un plan del vicepresidente Johnson, una operación de la KGB y el régimen de Fidel Castro, o una venganza de la mafia, son las alternativas más creíbles para quienes no dan crédito a la realidad que se les presenta. Sin embargo, la teoría sobre la CIA parece ser la más desconcertante para los estadounidenses.Cinco décadas después de que el presidente Kennedy fuera víctima del fatal tiroteo, y mucho después de que las investigaciones oficiales terminaran, miles de documentos sobre el asesinato permanecen clasificados y fuera del alcance del público. El contenido de estos archivos, que sólo se conoce parcialmente, ha generado intriga, y los amantes de las teorías de la conspiración no son los únicos que han intentado hacerlos públicos para estudiarlos. Algunos investigadores reconocidos por su seriedad creen que estos archivos son importantes porque podrían arrojar luz sobre los misterios que aún persisten sobre el asesinato, incluyendo lo que agencias de inteligencia estadounidenses sabían sobre quien fue acusado como el autor material del asesinato, Lee Harvey Oswald, antes de la fecha del magnicidio. Los centenares de documentos clasificados se refieren a un agente de la CIA que ya falleció, George Joannides, cuyas actividades, justo antes del asesinato, han intrigado a los investigadores. Dichas actividades van hasta un año después de que la indagación del Gobierno por el magnicidio iniciara. “Esto (la desclasificación de documentos) no es una conspiración, se trata de un acto de transparencia”, dijo Jefferson Morley, exreportero del Washington Post y escritor, que se encuentra involucrado en una demanda en contra de la CIA que data ya de una década y que busca la desclasificación de estos documentos. “Creo que la CIA debe obedecer la ley. No creo que la mayoría de la gente piense que es una locura”. El esfuerzo de Morley ha sido emulado por otros, incluyendo a G. Robert Blakey, asesor principal de una investigación sobre el asesinato de JFK por parte de la Casa Blanca en la década de los 70. Los documentos se encuentran físicamente en un edificio del Archivo Nacional en poblado de College Park, Maryland. Otros dicen que mantener en secreto documentos que ya tienen 50 años genera interrogantes en la mente del público y propicia la formulación de teorías conspirativas. “No hay duda de que en varios aspectos la CIA ha buscado generar ofuscación, pero puede ser que esté protegiendo operaciones que eran justificables, benignas, que no tienen absolutamente nada que ver con el asesinato de Kennedy”, dijo Anthony Summers, un escritor británico que ha escrito prolíficamente sobre el caso JFK. También es importante recordar las diferentes conclusiones que arrojaron las dos investigaciones oficiales sobre el asesinato de JFK: una que negó que se tratara de una conspiración, y la otra que sospecha que hubo una. Y la mucha o poca colaboración que los investigadores recibieron de funcionarios de la CIA, entre ellos del propio Joannides. A la par del misterio y la incógnita, que permanecen vivos en el imaginario de los estadounidenses, este 22 de noviembre se conmemora medio siglo del magnicidio del hombre más joven en ganar unas elecciones presidenciales -y el único católico hasta la fecha.Sin duda, aquel 22 de noviembre de 1963, en la memoria colectiva de los estadounidenses, quedó como la fecha en la que murió ese hombre y nació uno de los mayores mitos de ese país.Reconciliación en DallasLa ira es evidente en la carta enviada a la municipalidad de Dallas el 23 de noviembre de 1963, un día después de la tragedia. Esta ciudad, dice la misiva, “virtualmente invitó al pobre diablo que acabó con la vida del presidente Kennedy a hacerlo en Dallas”. Y agrega, “Dallas, la ciudad del odio; Dallas, la ciudad de la vergüenza”. La carta, una de las muchas recibidas después del asesinato, demuestra que la ciudad instantáneamente se convirtió en el blanco de la furia, el resentimiento y la confusión generados por el episodio. En el 50 aniversario de la muerte de JFK, Dallas conmemorará la fecha con una solemne ceremonia en la Plaza Dealey durante la cual habrá tañidos de campanas, un momento de silencio y lecturas de los discursos de Kennedy. “Deseamos ser lúgubres porque este es un momento lúgubre y proyectar una sensación de sobriedad, algo que esta ciudad exhibe en sus mejores momentos”, dijo el alcalde de Dallas, Mike Rawlings.Recuerdos de la tragediaLos estadounidenses aún tienen fresca en la memoria la voz que les dio la noticia sobre la muerte de John F. Kennedy. Fue en la radio, interrumpiendo la música, o fue en la escuela, por los altoparlantes. Recuerdan las plegarias emanadas de la gente en calles y aceras, en cafés y negocios. Los llantos, las expresiones de asombro e incredulidad. “Los recuerdos me abruman”, dijo David Miron, de 73 años y que era un voluntario de los Peace Corps (Cuerpos de Paz), relatando cómo se enteró de la muerte de Kennedy,. Otros, como el doctor H. Jack Geiger, salían del trabajo cuando escucharon la noticia; él, particularmente, se estrelló con el carro de enfrente y llamó a su esposa para contarle sobre la muerte del Presidente. Andrew Young, quien luego sería alcalde de Atlanta y embajador estadounidense ante la ONU, daba clases a personas de escasos recursos cuando se enteró, solo pudo pedirles que rezaran por JFK. La constante, es el recuerdo de la voz entrecortada que les dio la noticia.

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