La lucidez de Saramago

Junio 20, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
La lucidez de Saramago

El escritor portugués José Saramago es considerado por la crítica especializada como el más importante autor de la lengua lusa en el Siglo XX, después del poeta Fernando Pessoa.

Un viaje por el pensamiento, la vida y la extraordinaria obra literaria del fallecido José Saramago. Legado.

José Saramago, el escritor portugués que le abrió los ojos al hombre contemporáneo, cerró sus ojos el viernes pasado, no sin antes dejar su huella en millones de almas que leyeron su obra y se dejaron tocar por sus metáforas sobre lo que debería ser el mundo y no es.El autor luso más reconocido de Portugal después de Fernando de Pessoa, y el único de su país que ganó el Premio Nobel (1998), es para el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, al fin, la reivindicación de la literatura portuguesa: la de Pessoa y Eça de Queiroz. “(Saramago) es el triunfo de un gran hombre salido de los más pobres y humildes de Portugal, de sus campesinos analfabetas, pero profundamente sensibles e inteligentes –dijo Abad Faciolince–. Contó historias maravillosas, hizo parábolas y metáforas fantásticas del mundo contemporáneo, nos abrió los ojos, nos hizo ver muchas realidades para las que éramos ciegos”.Y es que Saramago volvió a poner a Portugal en el mapa literario mundial al final del Siglo XX, luego de que Fernando Pessoa lo hiciera a comienzos. Así lo infiere Fabio Martínez, escritor y director del programa de literatura de la Universidad del Valle, para quien José Saramago fue de los últimos grandes escritores del Siglo XX, cuya obra novelística representaba toda la miseria de la condición humana.“Hay novelas suyas muy importantes que van a pasar a la historia como ‘La Caverna’ y ‘El Ensayo sobre la Ceguera’. Esta última es una bella metáfora a través de la cual el escritor portugués cuestiona cómo el ser humano del Siglo XX con todas sus guerras y violaciones de los derechos humanos ha perdido la visibilidad y la dimensión del mundo”.Esta tendencia del escritor en toda su obra se la atribuyen a su procedencia humilde. José de Sousa –como debió haberse llamado si el funcionario de registro no le hubiese puesto el apodo familiar Saramago, nombre de una planta– era hijo de José de Sousa y Maria da Piedade, campesinos desposeídos de Azinhaga.“Saramago nace (el 16 de noviembre de 1922) en esa pequeña aldea portuguesa con mucha agitación social y se forja como un muchacho del campo, va a la escuela y se traslada a Lisboa, donde quiso estudiar literatura, pero no terminó la carrera por falta de dinero. Trabajó en oficios como cerrajero y mecánico, pero luego se desempeñó en el mundo editorial, en periódicos, teatro”, explica Darío Henao, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle.Henao destaca que Saramago fue un autor desconocido hasta su madurez, que había escrito en revistas de literatura, arquitectura y era brillante, pero no tuvo reconocimiento sino hasta los años 80, casi 40 años después de haber escrito su primera novela, Tierra de Pecado, seguida de Claraboya, un año después y cuando publica Alzado del Suelo, novela que recrea las luchas campesinas.Casado en primeras nupcias con Ilda Reis, con quien tuvo una hija que le sobrevive, Violante, Saramago estuvo más de veinte años sin escribir. Y el mayor aplauso del público lo recibe cuando es distinguido con el Premio Nobel de Literatura en 1998 y se radica en la isla española de Lanzarote, con su segunda esposa, la periodista Pilar del Río, quien sería su gran traductora.Henao señala que aunque toda la vida y obra de Saramago estuvieron atravesadas por una intensa militancia política, paralela a su importante actividad intelectual, siempre fue un hombre progresista, muy crítico de su mundo y así escriba sobre arquitectura, filosofía, literatura. Su obra tiene su gran transfondo político. “Por ejemplo, ‘La Balsa de Piedra’ es una novela que muestra lo que significaron España y Portugal para América Latina; ‘La Caverna’ es un alegato contra la sociedad de consumo, a través de una metáfora muy refinada de cómo los centros comerciales se convirtieron en la caverna del hombre de hoy; el ‘Ensayo sobre la ceguera’ es un alegato contra la justicia y la democracia, y así todos sus libros son alegorías del mundo de hoy”, dice Henao.Sin embargo, con ese telón político de fondo, Saramago jamás cayó en el panfleto. “Mucha gente señalaba que su obra era previsible, pudiendo ser cierto, y de hecho su obra tenía toda una intencionalidad política, pero su capacidad poética y el nivel de su prosa de sus metáforas son extraordinarias; hay que abonarle su solvencia literaria y destreza para crear imágenes, entre otros méritos. Por ejemplo, en el Evangelio Según Jesucristo, él se pregunta lo que uno jamás se preguntaría: si José se da cuenta de que van a matar a todos los niños, ¿por qué no fue solidario con los demás y quiso salvar sólo el hijo de María al huir a Belén?Abad Faciolince se declaró devoto de las primeras novelas, las que escribió antes de ganar el Premio Nobel. “La prosa envolvente, las historias circulares. ‘Historia del Cerco de Lisboa’ o ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’”, destacó sobre el prolífico autor, que le regaló a la humanidad más 40 títulos entre ensayos, novelas, obras de teatro, cuentos, poesías, crónicas y relatos autobiográficos, porque dominó todos los géneros de la palabra escrita.Y eso a pesar de que creció en un hogar donde no había biblioteca. Su primer libro se lo regaló un amigo a los 18 años, pero cuando fue al colegio técnico de Lisboa se devoró todos los clásicos de la biblioteca pública. Era la sensibilidad de un alma campesina que se preparaba para dejar su huella como uno de los grandes escritores de la literatura lusoiberoamericana.El bloguero mayorLa lengua portuguesa tiene una deuda eterna con dos hombres: Fernando Pessoa, el más grande poeta luso de todos los tiempos, y José Saramago, el ensayista, el poeta, el cronista, el novelista y -valga la pena resaltarlo-, el bloguero. Imposible entender a Saramago sin la influencia de Pessoa y, a estas alturas, imposible hablar de Pessoa sin la visión que de él nos aportó Saramago a través de la novela ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ (1985), donde revive a este entrañable personaje salido de la imaginación de Pessoa. Pero volvamos a Saramago el bloguero. Para millones de lectores de todo el mundo, su blog, que inició en septiembre de 2008 (a los 86 años) y culminó en marzo de 2009, fue una puerta de acceso incomparable al pensamiento del escritor. También demostró que la tecnología está al servicio de las ideas, y no al contrario, como se cree a veces.En su blog, que decidió bautizar ‘El Cuaderno’ por sugerencia de su esposa, Saramago le aconsejó al entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, “desmontar la base militar de Guantánamo, mandar de vuelta a los marines, derribar la vergüenza que ese campo de concentración (y de tortura, no lo olvidemos) representa, volver la página y pedir disculpas a Cuba”. Qué decepción se habrá llevado Saramago a la tumba.El intelectual también hizo críticas muy duras contra el Estado de Israel, al que define como un David convertido en Goliat, que ejerce sobre Palestina la misma violencia que tanto se le reprocha a la Alemania hitleriana: “Me pregunto si el hecho de haber sufrido tanto no sería la mejor causa para no hacer sufrir a otros”, escribió en enero de 2009.También manifestó su admiración por el controvertido juez Baltazar Garzón, que según él le ha enseñado al mundo “de los delitos que no pueden quedar impunes, de las víctimas que tienen que ser resarcidas, de los tribunales que tienen que levantar las alfombras para ver qué hay por debajo del horror”.Ni la Iglesia Católica fue inmune a la mordacidad de sus críticas: “el Papa y sus acólitos, nostálgicos del tiempo en que imperaban, en criminal complicidad, el trono y el altar, recurren ahora a todos los medios, incluyendo el chantaje moral, para inmiscuirse en la gobernación de los países”. Saramago no disimuló su desprecio por los líderes europeos, en especial por el presidente italiano Silvio Berlusconi, de quien escribió con sorna en septiembre de 2008: “Realmente, en la tierra de la mafia y de la camorra, ¿qué importancia puede tener el hecho probado de que el primer ministro sea un delincuente? Para Carlos García, bloguero y periodista de Semana.com, “Saramago es un ser político que en el blog encontró la forma de comunicarse con sus lectores más allá de la literatura, y su gran mérito es haber narrado la tragedia del mundo como si fuera un libro de ficción”.García considera que “no ha habido jamás un bloguero de la talla de Saramago, y no deja de asombrar que una persona de su edad haya saltado la barrera generacional y, a través del blog, se haya conectado con las problemáticas de todos los rincones del mundo, incluida Cali”. En efecto, es memorable el post que Saramago le dedicó al ex diputado del Valle, Sigifredo López, secuestrado durante 7 años por las Farc, quien al ser liberado hizo referencia a la esperanza que encontró en ‘Ensayo sobre la ceguera’, obra cumbre de Saramago. “Toda mi existencia de hombre y de escritor queda justificada por ese momento. Gracias, Sigifredo”, escribió el Nobel desecho en lágrimas. Sí, hasta el drama colombiano tuvo cabida en la mente prodigiosa de Saramago, pero sus reflexiones cotidianas son igualmente estremecedoras, llenas de lucidez y sentido del humor, como cuando asegura que el divorcio ha sido el mejor aliado en la venta de sus libros. Así lo comprobó en una feria del libro, donde un hombre hizo una larga fila para que Saramago autografiara un cerro de libros que acababa de comprar. Resulta que, en la repartición de bienes, su ex esposa se quedó con los libros de Saramago. Y eso ningún hombre en sano juicio puede soportarlo.El militanteEl maestro era un comunista absolutamente ético y rechazaba todo acto de barbarie, todo acto de terror y por eso siempre rechazó y condenó los actos de las Farc.Así definió al escritor José Saramago el ex diputado Sigifredo López, uno de los colombianos que pudo conocerlo y departir con él en su casa de la localidad de Tías, en la isla Canaria de Lanzarote, España, donde falleció el viernes.“Tuve un encuentro con el maestro en su casa, atendí una invitación que él gentilmente me hizo después de mi liberación, compartí cuatro días con él y su señora Pilar del Río; conversamos sobre todos los temas, siempre se mostró preocupado por el tema de Derechos Humanos y por conocer más del conflicto armado colombiano; hablamos más de la situación política que de literatura. Fue una experiencia maravillosa conocer ese ser extraordinario. Me es extraño, que justo un 18 de junio, cuando se cumplen tres años del asesinato de mis compañeros, se vaya de este mundo el maestro José Saramago”, dijo López a El País .Y pudo constatar que “era un hombre absolutamente tierno, cálido con su esposa, con sus amigos, querido, muy afectuoso. Además de que compartir y estar frente a su personalidad es un acto que enriquece el alma de sus interlocutores”, afirmó el ex secuestrado.Percepción que confirma el escritor Fabio Martínez, quien conoció al Nobel en una presentación de un libro en Madrid. “Era un tipo muy afectuoso, muy caluroso y como era un hombre que venía de abajo, se caracterizó por tener una sensibilidad humana muy profunda y un punto de vista muy crítico hacia el capitalismo salvaje y a las miserias del Siglo XX y XXI”.Esa mezcla de sensibilidad extrema por los más débiles, lo llevó muy joven a participar en las luchas de resistencia de Portugal que terminó en la Revolución de los Claveles y a ejercer una férrea militancia en el Partido Comunista, desde 1969. El catedrático Darío Henao, quien pudo disertar con él en Casa Medina hace seis años, cuando el autor vino a presentar uno de sus libros, lo recuerda como un escritor atento al curso de su tiempo, muy preocupado por la globalización, el consumo y la mercantilización, “donde lo importante no era el hombre sino las ganancias. Estaba convencido de que el mundo se estaba preparando para un cambio profundo en sus estructuras y que si sólo se cumpliera la Declaración de los derechos Humanos, sería una revolución para la Humanidad. Siempre fue un humanista preocupado por la suerte de la humanidad”.Políticamente, Henao lo define como un progresista que apoyó los movimientos nacionalistas de África, la Revolución Cubana, la causa Palestina, “pero condenó abiertamente a las Farc porque con esos métodos (secuestro y narcoterrorismo) no se podía lograr la justicia y la paz, dada la degradación a la que habían llegado”.“Aunque Fidel Castro lo recibió en La Habana, cuando Saramago se enteró de todos los problemas de los derechos humanos en Cuba, rompió con los Castro a través de una carta. Era un hombre tan crítico que tenía el carácter para tomar esas decisiones y hacer ese tipo de rupturas si veía que no se cumplía con los ideales, como hizo con ETA”.

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